sábado, 24 de marzo de 2012

EL CHACO PARAGUAYO (6) PUERTO CASADO.

El Gran Chaco

El Gran Chaco.

La Región del Gran Chaco es una extensa llanura boscosa, el segundo bosque del planeta después de la selva Amazónica, que cubre una superficie de 1.510.000 km2 distribuidos entre los siguientes países: Paraguay (el 20%), Argentina (el 55%) Bolivia (el 25%) y Brasil (el 5%).
El rio Pilcomayo, que sirve de frontera entre el Sur de Paraguay y el norte de Argentina, lo corta prácticamente por la mitad. El Norte llamado Chaco Boreal, pertenece a Paraguay, Bolivia y Brasil y del que hablaremos ampliamente en otros capítulos, por mi estancia de dos años en el Chaco Boreal con un proyecto arrocero, y al Sur del Pilcomayo están el Chaco Central y el Austral, ambos argentinos.


Angel Cavanagh y Pepe camino del Beni. Chaco boliviano
Del Chaco boliviano conozco muy poco ya que mi viaje al Este de Bolivia con mi amigo Ángel Cavanagh, a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, para visitar zonas arroceras del Chaco, fue breve y apenas suficiente para ver las similitudes del lugar con las áridas partes del chaco paraguayo. Por cierto que coincidimos en Santa Cruz con el día de elecciones generales y tuvimos que comer regando nuestra carne con chicha y los desplazamiento por la ciudad tuvimos que hacerlos todos a pie pues los taxis no circulaban ese día para evitar que algunos "listillos" pudieran votar en tres o cuatro sitios de forma consecutiva..
También el Chaco Central de lado argentino  tuve ocasión de conocerlo un poco mejor con mi visita a Santiago del Estero, para estudiar la posibilidad de hacer algunas campañas de acopio de algodón y desmotarlo en una cooperativa del lugar. Lo cierto fue que en esa parte del Chaco argentino cuando iba a los campos a ver la posible compra de la cosecha de algodón, lo que era una constante en cada visita,  era la oferta de venta de las tierras por parte de los agricultores que estaban arruinados por los años de sequía. Y es que todo el Chaco es muy productivo si tienes control sobre el agua, de lo contrario son zonas en la que pensar en agricultura es un riesgo muy alto. También en 2008 tuve ocasión de visitar la parte oriental del Chaco Central viendo como habían transformado las tierras par realizar plantaciones de algodón y soja. El problema seguía siendo el mismo, la falta de lluvias de ese año había causado graves pérdidas en la cosecha.

Santiago del Estero. Chaco Central. Algodón evidentemente estresado por la sequía.
El clima chaqueño es muy variado en función de longitud y latitud. Como el Trópico de Capricornio atraviesa Puerto Casado, donde yo he residido durante dos años,  esa parte del Chaco disfruta de un  invierno muy suave y un verano larguísimo. Tanto es así que siendo el arroz una planta de verano pudimos hacer dos cosechas en un solo año . Cuanto más al sur, ya en Argentina, es más frío en invierno y más caluroso en verano, llegando a temperaturas cercanas a los 50º centígrados. Mientras tanto en Tarija, cerca de Santa Cuz de la Sierra, es muy fácil bajar de los 0º, en invierno.  En cuanto a la pluviometría es también muy irregular, contando con unas precipitaciones anuales cercanas a los 1000 m/m, cerca del río Paraguay y Paraná hasta descender a menos de la mitad conforme nos vamos acercando a su limite occidental, de ahí los problemas que tenían en Santiago del Estero.
De todos los pueblos  originarios del Chaco sólo  conozco a: 
-Los Ayoreos, que conviven con las colonias Menonitas y que una parte de esa etnia, los Totobiegosode, todavía vive libremente en la selva y se niega a contactar con la civilización. 
-Los Maskoy que eran del centro chaqueño, cercano al Pilcomayo, pero que fueron llevados a Casado para trabajar en la fábrica de tanino, en las estancias, y en los obrajes. A los Maskoy tuve la oportunidad de conocerlos mejor pues los tuve trabajando en el arrozal y además tenían un "pueblito" dentro de núcleo poblacional de Puerto Casado.
-Los Chamacocos, de los que sólo recuerdo a una bella indígena (¿sería mestiza?) en una visita a  Fuerte Olimpo, donde me encontraba de visita acompañando a nuestra ex-embajadora en Paraguay, Asunción Ansorena, que era mujer excepcional, a la que Maricarmen y yo apreciábamos profundamente, y que ya no está entre nosotros. Y volviendo a la chamacoco, que fue una aparición mientras comía el mejor soupe de surubí de mi vida, junto a la embajadora y el Gobernador del Alto Paraguay, su fugaz contemplación me dejó, literalmente con la boca abierta, al pasar delante nuestra con unos pantalones vaqueros cortados a finas tiras  horizontales y con amplias ventanas, desde la rodilla hasta media cadera. Ya quisiera Chanel, Dior, Versache, etc. producir ese impacto sensual con sus sofisticadas prendas.
- A otras etnias, como, los Toba, Mbya, Guaraní, Maka, etc., los conozco de otros lugares del Paraguay y especialmente de verlos vendiendo sus artesanías en las ciudades. Pero de cada uno de estos temas esbozados ya hablaremos  cuando escribamos sobre las “aventuras del Chaco”.

Olavo y Maricarmen. Llegada al Internacional.
Y retornamos al viaje de 2003 con Ángel y Amparo. Desde Encarnación a Asunción también fuimos en autobús para poder conocer los paisajes paraguayos de la región Oriental. Por cierto que al subir al autobús había un  joven indígena intentando venderle un pack de peines a mi compadre Ángel. Ya cansado de decirle que no al indígena maká, le espetó: ¡Pero qué poco futuro comercial tienes muchacho, para qué puñetas quiero yo un peine si no tengo pelos!. Después de seis o siete horas de viaje llegamos a la estación de autobuses donde nos esperaba Olavo que nos llevó al Hotel Internacional, lugar en el que nos había reservado habitaciones para unos días, en dos períodos diferentes, pues enseguida saldríamos hacia Puerto Casado en un Land Cruiser, con más mili que Cascorro, que nos había alquilado a muy buen precio.

El Chaco Paraguayo, parte del Chaco Boreal.


Binomio típico de Paraguay. Casa o cabaña - árbol.
Ya en la carretera trans-chaco, que nace en Asunción y finaliza en Bolivia, tuvimos nuestra primera parada obligatoria a unos trescientos kilómetros de la salida. La carretera estaba  mala, muy mala, con baches cortados "a pico" y algunos sin posibilidad de esquivarlos. Así que de pronto, booom, reventón de la rueda trasera izquierda. Suerte que cerca de alli había un grupo de "personales", como alli se llama a los peones, que al ver nuestros apuros decidieron enviarnos una ayuda. Menos mal, ya que la rueda de repuesto, bajo el chasis en la parte trasera, cogida (más bien atornillada ya que aquí "coger" tiene otra acepción más prosaica) con unos tornillos que  estaban  más duros que los pies de los Maskoy que vivían cerca de la carretera o pasaban caminando sin mirar a los lados. La choza hecha de troncos de karanda´y, una de las especies de palmeras chaqueñas, con techos del mismo material pero cortado por la mitad y vaciado de forma que son tejas de madera que cubren medio techo. En este caso que vemos en la foto estaba modernizada y tenía una lona encima para cubrir las enormes brechas que los palos dejan en el techo al secarse. Pero siempre estará bajo un árbol, pues la vida tiene lugar bajo la sombra de su cobertura, el techo de la choza sólo para dormir y para mejor cumplir (según la filosofía Jesuítica de la campana) a la mayor gloria de Dios.

Parada a comer en el Cruce de los Pioneros.
Este restaurante, situado a unos cuatrocientos kms. de la capital, es para nosotros un enclave estratégico en nuestros viajes desde Asunción a Puerto Casado. Desde mi primera visita, en Octubre de 1992, cuando la Trans-chaco asfaltada terminaba muy cerca de este lugar, y el camino a Puerto Casado era una simple "picada" -es decir, el trozo de selva  que deja libre la topadora apartando los árboles a derecha e izquierda-, hasta mi anterior viaje en el año 2000, siempre este restaurante estuvo dirigido por un sr. Suizo (cuyo nombre no recuerdo) que lo mantenía limpio y aseado y se podía parar tranquilamente a comer, sin pensar en el urbasón, e incluso a pernoctar, ya que contaba con un hotelito moderno, limpio y con aire acondicionado, que en el lugar no es ningún lujo, sino una acuciante necesidad si pretendes descansar. Pero el día de la foto no estábamos de suerte. El dueño había cambiado y el suizo se había llevado con él; orden y limpieza. Comimos no recuerdo qué cosa, pero nos juramos no volver y así lo cumplimos, lo que me costó una lipotimia a la vuelta, como ya contaré más adelante. Compramos algunas latas en el supermercado de allí, por si acaso, y dejamos la carretera asfaltada para recorrer los 260 kms. de tierra que nos quedaban.

Cruce de los Pioneros.
El nombre del restaurante: Cruce de los Pioneros, le viene porque allí alrededor se establecieron los primeros colonos Menonitas que llegaron al Chaco los primeros años del siglo XX. Su llegada al Chaco fue la consecuencia directa de un encuentro entre Carlos Casado del Alizal -personaje histórico imprescindible para entender la historia de la región y del que también contaré su historia, cuando llegue el momento- y unos menonitas que venían en el mismo barco, en 1925,  desde Europa a Sur-américa y desde alli a Canadá donde ya estaban establecidos. Carlos Casado les vendió tierras en el centro del Chaco Boreal, donde no había nadie establecido y en un lugar que para llegar desde el rio -el mismo recorrido que vamos a hacer esa tarde- tardaron más de un mes con sus carretas y enseres y eso que el ferrocarril de Casado les llevó hasta más de la mitad del camino. Alrededor del cruce han fundado tres pueblos: Loma Plata (3.500 habitantes), Filadelfia (5.000)  y Neuland (3.500). También merecen un capitulo especial los menonitas, su religión y sus logros, que queda para otro momento.

Indio Maskoy y Pepe en bicicleta.
En la foto podemos distinguir perfectamente la vegetación típica chaqueña, parte derecha, y cómo queda tras su limpieza para utilizarla como campo ganadero.
Ahora tengo que incluir, por derecho propio, el relato de mi compadre, Ángel Boix,que narra la imagen superior (tomada por Amparo) donde yo pretendo ir hasta la estancia próxima, que no se ve, para solicitar ayuda.
¿Qué hacíamos nosotros; mi compadre, su mujer, mi esposa y yo en medio del Chaco?, o sea en medio de la selva paraguaya; en medio de ninguna parte, a muchos kilómetros de la civilización. Hoy sigo preguntándomelo. Pretendíamos llegar a un poblado ribereño del Rio Paraguay donde mi compadre había llevado a cabo un proyecto de cultivo de arroz. Puerto Casado. ¡Vale! El camino era una versión del infierno en forma de polvo, baches, peligrosos tramos. Si el infierno está en la tierra, limita al norte con el camino del Chaco a Puerto Casado.
Para colmo de nuestros males, al atardecer, la sufrida camioneta dice:”hasta aquí hemos llegado y se paró”. La perspectiva de pasar la noche en la selva dentro del coche no era halagüeña. Desde lejos vimos venir hacia nosotros a un ciclista haciendo grandes esfuerzos. Era un nativo:  ”Maskoy” dijo mi compadre. No saludó diciendo: “camioneta caputi”. Y se reía el muy… Apenas hablaba español, solo guaraní. Utilizando el método Tarzán,  “ Tu decir a mí de dónde vienes , cuando tu salir”. “Yo salir de hacienda no lejos. Yo salir con Sol. Yo ir a ver novia mía en otro asentamiento”.”Yo tardar dos soles llegar”. Y le dejaba la  bicicleta a mi compadre para que fuera a hacienda a pedir ayuda.
¿Se puede ser mejor persona? Le dejaba todo lo que tenía y retrasaba su prometedor encuentro amoroso a cambio de nada; y lo peor cómo le explicaba a la india que se había demorado por ayudar a unos “COÑONES”(así llaman los guaranís a los blancos) en medio de la selva.¿ Se puede ser más bueno?.
Es difícil ser más bueno que el maskoy, pero más atrevido sí. Mi compadre; sin encomendarse a Dios ni al diablo, se  montó en la Orbea sin cambio ni nada, partió en busca de una hipotética hacienda no “muy lejana” según el guaraní enamorado. Pero cuando llevaba algo así como un quilómetro, y no veía ni siquiera en lontananza un atisbo de construcción o de civilización; optó por volver sobre sus pedaladas y esperar lo que el destino nos deparara.
Levantamos el capot del coche, y los dos, como si entendiéramos de mecánica mirábamos el desastre y descubrimos unas virutas metálicas. ¿Por qué? Era un roce de la supuesta dinamo sobre un hierro. ¡El motor estaba inclinado! Se había caído en algún bache. Pero  no del todo…A mi compadre se le ocurrió cortar la correa del posible alternador para que no rozara…Lo sujeté, solo por miedo a lo que pudiera pasar, a lo desconocido. La cosa pintaba mal, color hormiga “comebolas”. Las comebolas son hormigas asesinas de cabeza gorda y mandíbulas más fuertes que las de las hienas con un desmesurado apetito hacia las partes más nobles y selectas de los hombres, o sea hacia los llamados “compañones”. Son marrones oscuras. Pero siguiendo la ley de Murphy, podía empeorar… De lejos vimos una polvareda acercándose a nosotros muy deprisa. Nuestro  beatifico indio subió raudo a su bicicleta moviendo la cabeza de un lado a otro y lanzando bufidos…
Era una camioneta todoterreno cargada de tíos. Por las ventanillas asomaban dos o tres rifles. !Coño! lo que faltaba… (secuestro exprés o algo peor)… Pero no, eran cazadores de Puerto Casado y conocían a mi compadre.! Menos mal! Aun suspiro aliviado cuando lo recuerdo.A.B.
Nuestra camioneta, que ya venía intentando sacarnos del camino, pues tenía mas "querencia" a la  izquierda que el compañero Trostky, en este punto se le partió un taco motor. Todo el peso del enorme motor de seis cilindros apoyaba sobre la carcasa del alternador. El chirrido era aterrador. Paramos para buscar ayuda y el indio fue lo único que apareció por alli, así que al final decidimos seguir adelante hasta que Dios quisiera. Y llegamos al pueblo a buena hora, con el alternador destrozado. Desde entonces, hasta nuestro regreso a Asunción, fuimos sin aire acondicionado en un coche viejo con las gomas de las puertas bastante deterioradas. Viendo la foto del talcar (un poco más adelante) podéis imaginar el nivel de polvo que teníamos en el interior. Por ello decidimos que Amparo y Maricarmen volverían en avión.


Palmar y monte bajo en Alto Paraguay- Chaco Boreal (foto C. Almirón ABC)



Esto es un talcar.
 La licencia poética de mi compadre le permite ver algunas cosas de otra forma a como las capto yo. Por ejemplo ese infierno verde, que podemos ver en la foto superior, constituye para mi un camino precioso que no me cansaba de recorrer, si bien en este viaje y a pesar de lo que  vemos en la fotografía de la bicicleta, en cuyo trozo el camino está perfecto y recién arreglado, en la temporada seca cuando pasamos, las zonas con suelo salobre se convierten en "talcares", es decir el polvo es tan fino como el talco y puede ocultar agujeros de medio metro (como en realidad había, ahí se partió el taco motor) sin que se puedan apreciar desde la cabina. Y te los comes. Y nos da a todos la cabeza en el techo. Y mi comadre Amparo se asfixiaba con su alergia. La fotografía de la izquierda no                                 necesita explicación.

Tajamar junto a palmar. Chaco Boreal. (foto C.Almirón. ABC)
 Estas tres preciosas fotografías que venían en el ABC color del 22 de Marzo de 2012, enseñan mejor el paisaje chaqueño, al norte del trópico de Capricornio, que toda la descripción que yo pueda ofreceros, por lo que me he tomado la licencia de subirlas y así  también vosotros podáis disfrutar de "ese infierno verde" que define mi compadre y que yo nunca me cansé de recorrerlo, por fuera y por dentro.

Yacarés cerca de Olimpo. Chaco boreal. (foto ABC Color de C.Almirón)
Aquí sí le daría toda la razón a Ángel y pasaría de bañarme en esta laguna que sospecho debe ser una granja de yacarés. He visto muchos yacarés por el chaco, en los caminos, en el agua, en los campos, 
en el plato e incluso guisé uno con patatas, pimienta y ajo, (como se preparan las anguilas en "all y pebre", que por cierto estaba bueno, era como pollo con sabor a pescado, pero reunidos en tal cantidad no es fácil verlos ya que tendrían que pelear por su alimento más de lo necesario. He observado que, en el Chaco, la densidad animal, tanto de aves como de carnívoros, lagartos, yacarés etc., es relativamente baja. Sólo se rompe esta tendencia con los insectos, especialmente mosquitos y hormigas y las arañas. He visto telas del tamaño de carpas grandes y concentraciones de miles de ellas, metidas en su nido-bolsa.


Amparo, Fidelina y Maricarmen
¿Cómo salimos del problema?  Pues echándole valor; los cazadores confirmaron que estábamos cerca del quilómetro once. Es decir cerca de Puerto Casado. Así poco a poco, con más miedo que vergüenza  llegamos al pueblo de los burros. Así, como suena, no es que sus habitantes fueran duros de mollera, no, es que había muchos burros.  Lo cierto es que había una burrada de pollinos campando a sus anchas.
Por fin encontramos nuestro alojamiento. Nuestra habitación tenía el techo de paja, la ducha de agua del rio, color té. Enchufada directamente a la corriente eléctrica! Ozú, Ozú! Como medida precautoria, rocié el techo de un insecticida que traía conmigo. Al regresar había una verdadera “sollada “ de insectos encima de la colcha, destacando unas enormes arañas peludas .¿Serían tarántulas?.  No lo quise averiguar. Me dijeron que la muerte por picadura de tarántula era casi inexistente….casi. Bueno, aliviados por esta imprecisa estadística procedimos a cenar en el restaurante del lugar, donde nos esperaba un asado de “chancho “ de los cazadores ; más duro que el zancajo de un moro; casi como la suela que intentaba comerse Charlot. Angel Boix
Cuando llegamos a Casado buscamos a Fidelina, la cocinera de la Casa Directorio, que la vemos sentada, entre Maricarmen y Amparo, en la habitación que nos habían dado, junto a la de Ángel, que no tenía el techo de paja y tenía un tremendo olor a zotal y aire acondicionado (que aquella noche no sirvió de mucho, pues se fue la luz), claro que mi compadre recordaba otras noches que le he contado y que ya las pasaremos al blog cuando llegue el momento. Pero lo que si estaba duro, de verdad, era el Pecarí. Marcial, el antiguo mayordomo de la casa directorio, ha abierto un restaurante y nos preparó el medio chancho, pecarí,  que nos pasaron los cazadores (que no raptores) y el pacú que había pescado Ángel que estaba delicioso.
A aquella cena invité a 8 ó 10 amigos del pueblo y todos, sin excepción, me prometieron su asistencia. Sin embargo sólo acudió la mitad y cuando pregunté extrañado por la causa de estas faltas, me dijeron que los que trabajaban para los Moon no habían venido porque no se llevaban bien con los que sí habían venido. Esta es una historia que venía de años atrás. La venta de algunas de las fincas de Carlos Casado S.A. (unas 600.000 has) a la secta Moon y la rebelión de parte de la población contra los nuevos dueños, apoyada y auspiciada por la Iglesia Católica, había traído como consecuencia que el medio pueblo que trabajaba con los Moon, o tenía perspectivas de hacerlo, estuviese enfrentado al otro medio pueblo que estaba en contra, y cuyo objetivo "era y es" que le confisquen la tierra a la secta y se la adjudiquen a ellos. Este es otro largo relato que no se puede resumir en unos párrafos y que también tendrá su capítulo, pero en aquel momento me di cuenta que no era aconsejable volver al pueblo hasta que las aguas no retornen a su cauce para no verme inmiscuido en una batalla que me pondría a la mitad de mis amigos en contra, por una burda manipulación política y religiosa. Y desde entonces, a pesar de haber viajado varias veces a Paraguay, no he vuelto al Puerto Casado a pesar de tener allí mucha gente a la que aprecio.

Gilda y Maricarmen de paseo por el pueblo
Mientras Angel hacía la excursión por el río al asentamiento Maskoy y yo arreglaba el coche, -le colocaron un taco motor de un viejo volvo-, en los talleres de la fábrica, que ya pertenecían a la Secta Moon, (pero yo conservaba allí algunos buenos amigos) las mujeres se entretenían dando vueltas por el pueblo. En la foto, Gilda, la compañera paraguaya de Antonio Meseguer y madre de sus dos hijos paraguayos, pasea a Maricarmen por el pueblo enseñándole los pequeños cambios realizados desde su última estancia en Agosto del 95.

Ángel con Cristóbal, su guía chaqueño.
Y vino el indio de la canoa que contrató mi compadre para que me llevara a pescar y visitar un asentamiento de indios Maskoy en la ribera del riacho Mosquito, afluente del Paraguay. El afluente era un mar con islas de nenúfares, con habitantes inquietantes, el indio que se llama Cristóbal, me dijo que podían haber anacondas y o yacarés.  Así que desembarcar por allí era peligroso. Sería para asustarme, pero un caimán sí que vi. Uno vivo y otro muerto que olfateó Cristóbal al pasar. Cristóbal tiene cuatro “creaturas”.
Llegamos al asentamiento por fin; llevábamos pan, azúcar, caramelos y yerba mate. Nos recibieron niños y sus madres. Hombres y muchachas no. Estaban en clase que les daba una enfermera misionera española. Eran unas ochenta familias. Yo esperaba  que los niños vinieran en tromba hacia los caramelos, pero no se movían del lado de sus madres. Ya no se fían del hombre blanco y sus baratijas. De pronto apareció una mujer mayor, sin dientes. Cristóbal me tradujo que era la chamán. Le dijo que yo era médico de partos, me ofreció que me quedara, ella me enseñaría sus hierbas para medicina “yuyú” y yo le enseñaría lo que pudiera…
De  repente sonó una campana y salieron de clase. Vinieron a saludarme, los muchachos bajitos 
pero fuertes, las muchachas con faldas vaqueras. Todos con corte de pelo a la taza.
Un maskoy alto, fuerte, con andar seguro, con una camisa del Boca (equipo de futbol de Maradona), vino a saludarme. Era el “Cacique”. Me dijo que ellos eran cazadores y recolectores de la selva; pero en dos días de viaje ya no había nada y el rifle que tenían estaba maltrecho y apenas tenían municiones. Los jóvenes habían perdido la destreza con el arco y las flechas.
Tendrían que trasladarse de asentamiento, aunque sabían que la selva ya no era sólo suya  y tendrían que competir con el león (puma) el yaguareté y con los ganaderos armados.
¡Nunca los olvidaré! Confío en el movimiento pro indígena  muy sensibilizado en Paraguay. Salí de allí con lagrimas en los ojos.
De regreso pesqué un pescado llamado pacú de unos cuatro kilos. ¡Guapo pacú!,  decía mi guía Cristóbal, que tenía cuatro “creaturas”. Por cada hijo recibió lo que ganaba al mes.Angel Boix

Angel y su pacú.
Cuando llegamos al pueblo y logramos contactar con el guía, medio paraguayo-medio maskoy, este salió, ya de noche, al monte (así llaman al bosque semitropical seco, propio de la zona) y cazó algunos cangrejos de mar, exactamente iguales a los que podemos ver en cualquier playa española, que se han aclimatado a vivir en agua dulce y a mil kilómetros del mar más cercano. Recuerdo con claridad la sorpresa que me llevé el día que me tropecé con uno de ellos en medio de la selva y le dije. ¡¡Me parece que te has perdido, la playa más cercana está a mil kms. de aquí!! No me hizo ningún caso y continuó corriendo de lado. Con esa carnada engarzada a un anzuelo, que a su vez esta atado a una lata vacía y sin tapa, de 5 litros de capacidad que colocada, boca abajo, en el agua sirve de caña de pescar. Cuando el pacú muerde el anzuelo  y tira hacia abajo, el vacío creado en el interior de la lata tira hacía arriba y termina por agotar y matar  al pez. Así que  cuando regresaron de la visita al asentamiento maskoy se limitaron a recogerlo y después de casi cuatro horas continuas de brasa de quebracho lo comimos. Estaba delicioso. Pero este pescado, muy grasiento, sólo preparado así, mucho tiempo a buen fuego consumiendo lentamente su grasa, es como está realmente bueno. 

Brindando por nuestro reencuentro.

Antonio Meseguer, a la derecha de Ángel, es el único que quedó allí de los cuatro españoles que fuimos a Puerto Casado para llevar a cabo el proyecto de arroz. Él acomodó su vida en Paraguay, junto a Gilda con la que ha tenido dos hijos a los que por razones que sólo él entiende, les puso el mismo nombre que a los dos hijos que tiene con su esposa española. También la historia del proyecto arrocero es merecedora de una atención muy especial que no viene al caso en este relato de viaje. Sólo decir que Antonio es feliz allá en aquel pueblito perdido en la inmensidad de la selva, con su trocito de tierra comprada a la Municipalidad y su pequeño hato vacuno, con el que tiene que estar muy atento ya que las enormes necesidades alimentarias del pueblo hacen que se agudice el ingenio de algunos a la hora de faenar terneros que "andan perdidos" dentro de su finca cercada.
Puerto Casado (o también) La Victoria


Carlos Casado pueblo, foto de 1995. 
En esta foto aérea, que creo es de 1995, se puede ver la mayor parte del pueblo. Falta la Casa Directorio que estaría justo en la parte inferior. A la derecha vemos el puerto y las instalaciones de la fábrica. A la izquierda de la misma está la manzana de casas de ladrillo que pertenecían a los directores de los distintas áreas y al personal especializado. Más a la izquierda vemos el claro, de césped, que es el campo de fútbol. Frente a él, el edificio rojo en forma de U que pertenecía al hotel, que estaba y está abandonado como tal y ocupado por varias familias. Continuando hacia la izquierda vemos la calle principal, la raya blanca por el polvo, que es la más ancha y la continuación de la carretera de entrada. Más hacia la izquierda vemos un gran almacén de techo azul  que es el polideportivo, salón de actos, celebraciones y misas multitudinarias, pues está justo al lado de la preciosa iglesia, que es una copia idéntica de la iglesia del Pueblo de Palencia de donde era originario Carlos Casado. Más a la izquierda y fuera del recuadro están las piletas de cría de langosta, (única en toda sur-américa), que también abandonaron los compradores al igual que todas las actividades que se llevaban a cabo por Casado S.A., por iniciativa propia y porque las guerras internas del pueblo tampoco les permitió mantener cualquier actividad ni realizar ningún nuevo proyecto.

Fábrica de tanino de Puerto Casado desde río Paraguay.
El pueblo que se fundó a finales del XIX , cuando Carlos Casado, tras comprar, -en la Bolsa de Londres-, 5.500.000 has. del Chaco llevó a un grupo de ingenieros Ingleses, los dejó y les dijo que cuando supieran lo que se podía hacer con aquellas tierras que avisaran y les enviaría el barco desde Asunción para recogerlos. Y los técnicos se percataron que la gran riqueza de la zona era el quebracho, árbol de cual se extrae el tanino, y propusieron montar una fábrica de tanino, que por mor de la Primera Guerra Mundial y otras contiendas y la enorme necesidad de cueros curtidos (para eso se usa) llegó a convertirse en la primera empresa del mundo y a controlar los precios mundiales de tanino.


Patio delantero de la casa Directorio
Antes de salir hacia Puerto Casado yo había conseguido una entrevista con el director general de la empresa coreana propietaria, de todas las tierras y una gran parte del pueblo, para conseguir que nos dejasen pernoctar en la Casa Directorio donde yo había residido siempre que estuve en el pueblo. El Director, un catalán cuyo nombre no recuerdo, me dijo que no había absolutamente nadie autorizado a residir en la casa excepto Monseñor Moon y su esposa. Pues el Monseñor, que es un Obispo ordenado por la Iglesia católica, -otra historia que no tiene desperdicio-, está felizmente casado y tal vez recordéis que cuando el Papa Juan Pablo II, lo llamó a capítulo, su esposa lo denunció por rapto. No andaba muy descaminada pues lo soltaron inmediatamente. Y que yo sepa todavía sigue vivo, acumulando riquezas increíbles, por cuyo reparto, sus hijos, se tiran a la yugular fraterna.
Detrás de esta preciosa buganvilla o Santa Rita, creo recordar un curioso árbol, importado desde México , que se llama "cipote". La fruta del tamaño de un aguacate, al arrancarla , por el tallo suelta una gota blanca y lechosa que seguramente es la responsable de su sonoro nombre. Delante de la casa teníamos un césped de lago más de una hectárea que a pesar de estar muy cuidado a veces daba alguna sorpresa. Recuerdo el día que Maricarmen me llamó la atención y me dijo ¡¡mira que palo tan bonito hay en el suelo!! El palo, a pocos metros de la escalera, era una anaconda de unos cuatro metros que se paseaba tranquilamente por el jardín seguida por los pavos que montaban guardia a su lado. Y entonces Marcial dijo ¡¡ve señora, por eso los llaman pavos!! Anécdotas como ésta pero mucho más "fuertes" tengo que guardarlas para otro momento, en que éste sea el tema.


Maricarmen dando instrucciones.
Esta era el comedor de la Casa Directorio, donde falta la omnipresente presencia de Marcial que se situaba a la derecha, un paso atrás, y sólo se retiraba para servir más comida o bebida. Maricarmen se hizo tanto de querer por el personal de la casa que el día que se despidió de ellos, cuando regresamos a España, las lágrimas se asomaron  a los ojos  de todos los que alli trabajaban.


Hotel Internacional. Maricarmen, esperando nuestro regreso del Chaco.
Y aquí voy a insertar el cuarto relato corto de Ángel, sobre aquella aventura, que como los anteriores, "no tiene desperdicio": EL REGRESO 
Toda ida tiene una vuelta.  Habíamos llegado a Puerto Casado después de algún sustillo felizmente resueltos los problemas. El coche nos lo habían reparado. A fin de evitar la aventura del regreso en camioneta a las mujeres, las embarcamos, nunca mejor dicho, en otras dos. Primero en un barquito para cruzar el rio-mar, y luego en una avioneta que conocía de memoria la ruta aérea hacia Asunción, puesto que en la travesía el piloto estuvo leyendo el periódico a la vista de los seis o siete pasajeros, a los que no logró disipar el miedo con su sangre fría. ¡Llegaron bien y pronto! Contemplando la selva desde las alturas e incluso vieron un pavoroso incendio del palmeral que provocaban los ganaderos para renovar los pastos. En Doñana también se hacía en tiempos pasados con el mismo fin.
Emprendimos el camino de retorno por el descrito borde del Infierno; muy temprano pues era conveniente llegar a destino con luz solar. Al llegar al cruce de Los Pioneros, en la Transchaco ya; “pinchamos por enésima vez”. Al intentar cambiar la rueda, mi compadre tuvo una lipotimia al esfuerzo y por hipoglucemia al  no haber desayunado. Se recuperó pronto y la cambiamos.
Reanudamos la marcha hasta dar con la primera “gomería”. Se llaman gomerias porque arreglan y venden gomas. Por aquí hay muchas porque apuran mucho los neumáticos y hay muchos pinchazos y reventones. En la “gomería” había cuatro o cinco individuos muy mal encarados. Les dimos unas latas de cerveza, pagamos sin rechistar el arreglo y salimos pitando como alma que lleva el diablo. Aún tuvimos que hacer un último alarde de valor al atravesar la humareda del incendio del palmeral, después de habernos cruzado con un camión cisterna seguramente más locos que nosotros.
Por fin llegamos al Hotel donde nos esperaban nuestras señoras muy arregladitas: PRECIOSAS.
Nosotros parecíamos dos Indiana Jones polvorientos. Los botones cogieron los bultos alejándolos de si lo más posible. Pero ellos, Paraguayos, no conocían el Chaco y nos miraban con  admiración.
Y con esta imagen de las "dos pescadillas enharinadas" que parecíamos Ángel y yo, tras el agotador viaje por las circunstancias que lo rodearon, terminamos este capítulo. Llegamos cansados, sucios, pero contentos y muy especialmente Ángel que no lo olvidará mientras viva y al que todavía le traiciona la emoción cuando recuerda el asentamiento Maskoy.






1 comentario:

  1. Interesantes relatos de viaje Pepe, como lo haces tan detalladamente, nos permites entrar y ser parte de ellos, leyéndote en mas de una ocasión, me sentí caminando por esas tierras y conociendo de cerca su cultura, su gente.
    Cualquiera que vea el restaurante Los Pioneros y no lea lo que dices, pensaría que se encuentra en Rep. Dominicana, es característico allí esos grandes letreros de Coca Cola y otros productos.
    Felicidades Pepe, das verdaderos "palos" con estos reportajes.
    Te sigo leyendo y conociendo esa parte desconocida de mi América, a través de vosotros.
    Un abrazo

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