sábado, 28 de febrero de 2015

LA ERMITA: HISTORIA DEL ASOCIACIONISMO EN ISLA MAYOR(3).



LA ERMITA: HISTORIA DEL ASOCIACIONISMO EN ISLA MAYOR(3). 1976-1979


Voy a contaros, muy resumida, la historia de un grupo de agricultores que se rebelaron contra los poderes “fácticos” establecidos en el sector arrocero de Isla Mayor. Eran momentos difíciles, tanto desde un punto de vista político como económico. A pesar de ello y sin la ayuda económica de Organismos Públicos llevamos a cabo la mayor transformación privada de regadío, de los últimos tiempos en Andalucía. 

<<< Estos capítulos de “La Ermita” quiero dedicarlos a la Memoria de todos aquellos cooperativistas que ya no están con nosotros y que dejaron parte de su vida en la transformación de este trozo de tierra que además de todas las dificultades propias de Las Marismas, del abandono de la Administración  al sector y de la sequía, se le sumaban las dificultades de la guerra fraticida cuya responsabilidad no adjudico a persona, ni grupo concreto, pero que provocó pérdidas irreparables entre los más débiles. Recuerdo a muchos de los que dejaron allí su vida, pero nombrarlos  sería injusto porque seguro se olvidaría alguno, así que me centraré en dos amigos muy especiales por su cercanía. Quiero resaltar que, en casi todos los casos, quedó una mujer capaz de sacar adelante aquel sueño compartido de poseer un trozo de tierra que dejar a sus hijos. Recuerdo la “rabia interna” que me invadió cuando perdí a mi querido amigo de la juventud, Jorge Rivera, que no pudo soportar las tensiones provocadas por una mala inversión, -La Ermita-, que veíamos como se llevaba por delante todo lo conseguido por años de sacrificio, nuestros y de nuestros padres y que en lugar de soportar el huracán como una caña de bambú, se rompió como el hierro forjado. Pero también la Marisma forja mujeres duras, de acero flexible, más resistentes y que no se parten tan fácilmente como nosotros. Su mujer, Anita Cancelo, sola y con tres niños pequeños, fue capaz de mantener un trozo de tierra y dar carrera a sus hijos, dejándose la vista en la aguja. La otra mención especial, a otro irremplazable amigo que entregó toda su vida laboral a diseñar, construir, controlar y repartir la poca y salada agua que disponíamos entre todos los regantes de la forma más justa posible: Rafael Ángel Grau Lahoz. Entre mis muchos y buenos amigos, todos lo igualan en calidad humana pero ninguno lo supera en integridad y bonhomía. Su viuda, mí querida amiga Chelo, es una muestra más de la talla de las mujeres que forjan estas duras tierras. Quede constancia también de mi admiración por todas aquellas mujeres, que sobrevivieron a sus maridos y a las penurias que ese trozo de terruño nos hizo pasar>>>


Vuelo Interministerial de 1977. La foto de baja calidad, está retocada con puntos para destacarnos los caminos y delimitando los ríos y sus "playas" de dominio público.

Esta foto debe estar hecha en la primavera del ´77 y las tierras varían de color en función de que tengan la hierba de invierno o que ya estén labradas. En la foto se aprecia que toda la parte central de Isla Mayor ya está transformada y sólo falta parcelar, para llegar a la situación actual, algunos lucios en medio de las zonas transformadas. Las tierras del Norte de Isla Mayor, que en este mapa fotográfico tampoco se ven en su totalidad y que llegan hasta las faldas de "colinas", donde ahora son arrozal, no estaban en riego todavía. También se aprecia que no está terminada de parcelar la parte de Isla Minima de Escobar que no riega desde el Canal de Mínima y al Sur del Palno vemos el Coto de los Patos, Carranza y Pickman, Los Peñas y Rivero que forman parte de la Ermita, ya  parcelada para sembrar ese año, pero no podemos ver las fincas de el Italiano, Cantarita y Veta la Palma. En cambio en el plano siguiente, muy moderno, podemos ver todas las tierras arroceras regables de la marisma y alguna que todavía no puede regar y ya está coloreada de azul.


Aunque este es un plano actual de las Comunidades (una de las propuestas para la Modernización del Sector Arrocero de las Marismas) nos da la visión general para que el lector sitúe "la Ermita-Cantarita" dentro del contexto general de la zona.

La Comunidad de Regantes de "La Ermita-Cantarita" corresponde a la zona coloreada de amarillo situada en el Sud-oeste de la zona arrocera, que linda; al Norte con la Comunidad de Mínima, al Este con Minima y el Brazo de la Torre que la separa de: El Italiano, de marrón, y una zona azul situada en la Veta de la Plama que desconozco qué parte está sembrada de arroz pero me da la impresión que es una Nueva propuesta de ampliación de Hisparroz. Al Sur limita con la piscifactoría de Veta la Palma y al Oeste con el encauzamineto del Guadiamar.


Situación política, económica y social del sector arrocero en 1976.


Para poder comprender la fractura social producida en Isla Mayor y el enfrentamiento “fraticida” de familiares y agricultores hasta ese momento amigos, tenemos que conocer la situación social, política y económica del momento histórico.

El sector arrocero en Isla Mayor, había nacido tras los inhumanos esfuerzos de miles de personas que aquí finalizaron su triste existencia y que gracias a las necesidades de la economía de guerra y postguerra permitieron que el arroz en Isla Mayor saliera adelante. Los distintos fracasos y sus causas, según mi criterio, los podéis ver en:


Sólo inicia su imparable despegue al cuarto intento, liderado por R. Beca: (ver en blog)


El audaz empresario sevillano, apoyado por Queipo de Llano y un importante sector de la élite económica sevillana, ya comprometida en tierras de Las Marismas y, lo más importante, sustentado por el incremento del precio del arroz propiciado por la necesidad perentoria de alimentos básicos en la Guerra Civil Española, la II Guerra Mundial y la post-guerra. Este cúmulo de circunstancias junto a la sagacidad de R. Beca  le permite triunfar, con un limitado capital, donde las grandes empresas extranjeras habían fracasado con ingentes cantidades de medios y capital. 

Pero a mediados de los ´50 vuelven nuevamente los excedentes de arroz en España y la caída de los precios de venta del cáscara a niveles de costos de producción. La FSAAE gestiona diversas actuaciones para poder eliminar los excedentes, llegando incluso a crear una aportación voluntaria de los agricultores, “el cupo”, que era retirada del mercado en campaña y entregada al SNC (Servicio Nacional de Cereales) para que éste más tarde lo exportase y evitase las caídas de precios en la recolección. Pero ni la FSAAE, ni el SNC, ni el SENPA, ni el FORPA fueron capaces de gestionar eficientemente nuestros excedentes para conseguir unos precios rentables, especialmente durante la campaña de recolección. A este grave problema estructural de excedentes se le suma la escasez de agua en los embalses, para abastecer los regadíos ya establecidos, con la amenaza del incremento constante de nuevas demandas. Desde primeros de los ´70 aumentaron las dificultades para mantener el agua del estuario en una salinidad aceptable, a pesar del “Iznájar”, el mayor pantano de la cuenca y que se inaugura en el 69, cuyo año se llena pero que no vuelve a sus niveles máximos hasta 10 años más tarde. La apertura de una canal de salida del río al mar, en 1971, dragando la barra del final del estuario para facilitar el acceso de los barcos al puerto de Sevilla, es la segunda actuación seria de alteración del cauce que agrava nuestros problemas de salinización del tapón salino, durante esta década crucial para Ermita. La primera actuación brutal sobre el cauce del río, se había finalizado en 1888 con la corta de los Jerónimos que aumentó la velocidad del río durante las subidas de mareas a tal extremo, que en Sevilla superó más de un metro  la altura media del nivel del agua en el puerto, en la pleamar. Lo cierto es que en los ´70 los problemas de riegos son serios y llegan a su máxima expresión con las bajas precipitaciones del ´76.

Ese ambiente de frustración, obliga a muchos agricultores levantinos a vender sus tierras y regresar a su origen. Mientras, las tres grandes comunidades de Isla Mayor, la Cooperativa Arrocera del Sur y la FSAAE forman grupo compacto oponiéndose a cualquier ampliación de regadíos en la toda la Cuenca, si bien es cierto que sólo consiguen paralizar, momentáneamente, las ampliaciones de regadío en Isla Mayor, ya que en el resto de la cuenca las ampliaciones de riego eran imparables. Por ejemplo los Nuevos Planes de riegos, como el Genil-Cabra con 37.000 has, que inicia sus riegos con 10.000 has en el ´83, el mismo año que nos prohibieron regar el arroz por falta de agua, sin olvidar la nueva situación política de la transición que creaba expectativas de crecimiento en todos aquellos lugares que se consideraban con derecho a tener regadío, sumando a este "desmadre" de concesiones, las espectativas creadas por el clientelismo político, en base a promesas de nuevas ampliaciones que pronto se ven confirmadas con los Planes de la Reforma Agraria de Andalucía.  Mientras, aquí, en Las Marismas de la margen derecha, “casi se llega a las manos” por las cuatro mil trescientas has de Ermita-Cantarita, en las dos décadas posteriores, la cuenca del Guadalquivir casi se duplica la superficie de regadío.

Con anterioridad a las actuaciones de La Ermita se habían llevado a cabo dos intentos“por libre” de poner nuevas tierras en riego en Las Marismas: Uno liderado por Jerónimo Borrego, que pretende regar tierras de la Marisma de Aznalcázar, tomando las aguas del desagüe de Casa Riera y atravesando los dos muros del encauzamiento del Guadiamar para llevarla al otro lado y regar unas 200 has de Aniceto Fernandez Ordaz; el otro protagonizado por Sebastián Borja, con otros tres socios, que pretendían regar  el Cerrado de Pickman, perteneciente a la familia Herba tomando las aguas del desagüe de Vuelta la Arena a la boma de La Ermita “vieja”. En ambos casos la "élite arrocera" formada por los que manejaban las  Comunidades, la Federación y la Cooperativa Arrocera del Sur moviliza a los medianos agricultores, ya bien establecidos, que debidamente enardecidos y manipulados son liderados por Miguel Bou y cierran ambos desagües con un muro de tierra festejando el acto comiéndose un jamón, mientras la sal mataba lentamente las plantaciones realizadas. Pero aquí, en Isla Mayor, se estaba batallando por algo más que una nueva puesta en riego. La mecánica anterior de las nuevas ampliaciones, controladas por R. Beca y Cía. y apoyada por la Cooperativa Arrocera del Sur, había fracasado porque no habían llegado a un acuerdo en la forma de realizarlala, ya que una parte de los propietarios de las tierras deseaba pagar los gastos de transformación y quedarse con sus tierras, rentabilizando ellos la plusvalía de las tierras tras su transformación. La Compañía R. Beca había perdido el control de las Comunidades y su influencia en los centros de decisión política.

Para continuar con la lucha por la incorporación al cultivo de las nuevas tierras, los propietarios, crean la Sociedad Agraria de Transformación  (SAT) de las Marismas de San Rafael, que abarcaba tierras de Beca, Herba, Rivero, Campos Peña, Mingochao, Cantarita y Veta Enrique, sumando un total de unas 5.000 has. Buscan un ingeniero, realizan un proyecto e inician las obras de canalizacón, pero fracasa estrepitosamente en su intento de conseguir los permisos necesarios para llevar a cabo legalmente la transformación. Viendo la  imposibilidad de conseguir el objetivo se funda la Cooperativa de la Ermita, liderada por José Cabrera, Juan Grau y Jerónimo Borrego como ariete frente a la Administración y a los agricultores reacios a nuevas ampliaciones. A partir de ese momento todas las acciones controladas por la Cooperativa La Ermita, cuyos líderes habían negociado la compra de casi todas las tierras de la SAT de forma global y las sortean entre sus más de doscientos socios, de forma que cada uno se comprometía particularmente en el pago de su tierra a la propiedad. Los propietarios de tierras que se quedaban con su parcela tenían que pagar los costos de la transformación.

Con estas mimbres, ya entrelazadas, llegamos al momento en el que deciden la "presentación en escena de la Ermita" en la reunión de Octubre del ´76 de la FSAAE. Esta era una de las reuniones ordinarias que la Federación organizaba normalmente antes de cada Campaña de comercialización y que como ya hemos contado con anterioridad, en el capitulo dedicado a sus actuaciones, en los últimos años se limitaban a decirnos que no vendiéramos el arroz durante la Campaña. Ante la propuesta de ampliación de un sector de más de 4.000 has, la reacción de la mayoría de la Asamblea fue de oposición total.  Matias en su libro Historia de la Isla Mayor, habla de una oposición del 80% de los asistentes, por mi parte no lo recuerdo, ni siquiera recuerdo la reunión, que provocó el afloramiento de unas hostilidades larvadas que se extendía más allá de los agricultores establecidos y los que deseaban ampliar o entrar como arroceros nuevos. Las discrepancias llegaron al seno de muchas familias, dividiéndolas y terminando con amistades de muchos años.

No puedo entrar a explicar los entresijos de las negociaciones con la propiedad y con las personas representativas de la oposición ya que en esas fechas yo “no existía como persona interesada en esas batallas” por el control de poderes. Yo vivía felizmente llevando las tierras de mi familia, junto con mi cuñado Antonio Ferri, aunque apoyábamos la lucha por la descentralización del poder y compramos una parcelita de 10 has cada uno, sumándonos a la causa. A pesar de la feroz oposición continuaron las obras de la casa de bombas, canalización y caminos y cuando llegó la hora de sembrar en el ´77, metimos agua y sembramos. Pero antes de entrar en la batalla del intento de parar las bombas veamos un resumen de la historia de la formación de la Sociedad Cooperativa “La Ermita"

Creación de la Sociedad Cooperativa La Ermita.


En julio de 1974 se crea el Grupo Sindical de Colonización Marismas de San Rafael que controla un total de unas 5.000 has. con la finalidad de seguir con la puesta en riego de las superficies sin transformar al Sur de Isla Mayor. Ya hemos visto que una serie de propietarios de esas tierras vírgenes, liderados por Pedro Beca que quería continuar con la puesta en riego de las has que le quedaban sin transformar y, a su vez, seguir encargándose de las gestiones de todas las demás propiedades para obtener beneficios tanto de las gestiones por la transformación como por la obtención del Coto Arrocero y de la Concesión de Aguas. A cambio de esos trabajos, que en transformaciones anteriores había participado con Agropecuaria del Guadalquivir, él se había beneficiado con algunos años de cultivo a renta sin pagar por ello. Ahora el objetivo parecía ser otro, cobrar por sus trabajos, a la vez que convertía en tierra de arroz las trescientas setenta has, de su propiedad del Coto Los Patos. No tengo ninguna duda que antes de buscar otras opciones, Pedro Beca, trató con la élite de Comunidades, CAS y Federación, -me sobran dedos de las dos manos para contar los nombres de esa élite-, con el fin de continuar con la mecánica de transformación de los últimos veinte años pero no pudieron llegar a acuerdos de realización inmediata. Para algunos la falta de acuerdos viene dada por las diferencias económicas insalvables en los valores de compra y transformación. Yo, en cambio, creo que las diferencias son de mayor calado ya que las personas que tenían el control político-económico del sector -como ya hemos visto en los dos capítulos anteriores-, estaban bien situados, pero sus tierras ya corrían un alto riesgo de inseguridad en los riegos. Esa élite tomó la postura egoísta de cerrarse en banda y no admitir nuevas puestas en riego, en toda la Cuenca, mientras no se aumentase el volumen de agua regulada por nuevos embalses. Sinceramente creía entonces y sigo creyendo ahora que estaban equivocados, ya que su fuerza estaba limitada a paralizar el sector arrocero de la Margen Derecha y no tenían absolutamente ninguna posibilidad de paralizar los Nuevos Regadíos de la Cuenca, como realmente se ha demostrado en la trayectoria de las nuevas ampliaciones. Si ese objetivo, discutible hasta la saciedad, hubiese triunfado y se hubiesen paralizado las transformaciones en Las Marismas, muchos de los pequeños agricultores arroceros que hoy existen no tendrían su parcelita. Ese fue el principal motivo que me llevó a inclinarme por apoyar  la iniciativa de “la Ermita” pero con una participación limitada a la compra de la parcela y al apoyo desde la “platea”, como la mayoría de cooperativistas.

Desde esa cómoda postura veía con claridad el oportunismo de algunos: los que chillaban en contra de la ampliación que, en cuanto pudieron, realizaron en su propio beneficio la misma operación que criticaban -defendiendo la Ley de Aguas con bastón en mano-. Sin embargo, comprobamos que, más tarde, cuando esos defensores de la Ley la violentan ellos en su propio interés, continuaba la misma crítica situación problemática para los riegos. Más exactamente, había empeorado. Cuando “el del bastón de la Ley de Aguas” realiza otra ampliación ilegal en la parte Norte de Isla Mayor, usando el permiso de la construcción de un desagüe para utilizarlo como canal de riego. Había calcado las actuaciones ilegales de La Ermita, rechazadas por él usando la violencia para, más tarde, repetirla en su propio beneficio, con la fútil escusa de que "si ellos lo pueden hacer porqué no yo". Nunca me abandonó el sentimiento de que en los dos bandos el promedio de la “generosidad” estaba igualado. 

A pesar de las evidentes dificultades, en 1975, la SAT “San Rafael” encarga a Pedro Beca la ejecución del Proyecto de Transformación, ya redactado por un Ingeniero para las 5.000 has, cuyas obras de canalización inicia inmediatamente Ignacio Rivero. El canal de desagüe central del nuevo proyecto lo utiliza Sebastián Borja y otros tres socios para iniciar,  por su cuenta, la siembra de arroz en el cerrado de Carranza y Pickman en esa campaña del ´75. Lograron sembrar una parcelita en la que mantuvieron el riego, pese al bloqueo del canal de desagüe desde donde tomaban el agua, hasta que la salinidad  incrementada por el reciclado, obligado por mantener los niveles de agua, mató las plantas y salaron la parcela hasta unos niveles de concentración de sal que impidieron, los dos primeros años, que creciese cualquier mata de arroz y no llegó al 50% de producción hasta pasados cinco años. Precisamente esa "parcelita fue la que me tocó en el reparto de la cooperativa", así que tengo cierta experiencia práctica del daño que produce en la tierra de las marismas regarlas con agua que contenga altas concentraciones de sal.

A la vista de la situación crítica de las reservas interanuales de agua de los embalses de Regulación de la Cuenca, la SAT intuye la imposibilidad de conseguir su Concesión de Aguas en ese momento o en un futuro próximo y encuentra la salida a su problema buscando una “causa social” que apoye su transformación. Como SAT, de adinerados terratenientes, no sólo no iban a conseguir la Concesión de Aguas, tampoco podrían romper la oposición decidida del sector arrocero, ya establecido, para actuar como siempre se había hecho: regando primero y arreglando los papeles después, una vez  los hechos consumados. A alguien se le ocurrió la brillante idea de vencer ambas dificultades, de una forma racional, con la creación de una cooperativa que rompiese la resistencia de la CHG para autorizar la Concesión de Agua, puesto que ya no la pedía un grupito poderoso sino un montón de pequeños agricultores, y por otra parte se reclutaba el personal necesario para utilizarnos como primera línea de choque en el indudable enfrentamiento que tendría que librarse entre el propio sector arrocero. Claro que, analizar aquellos hechos ahora pasados cuarenta años, de los cuales  trece estuve liderando ese grupo “rebelde”, me dan una perspectiva que entonces no podía comprender en toda su amplitud.

Con la creación de la Sociedad cooperativa “La Ermita” en el ´76 y sus actuaciones inmediatas, cambia radicalmente el liderato del grupo. Como primera medida la cooperativa lleva a cabo compromisos de compra con Beca, Rivero, Herba y Cantarita. La cooperativa realiza los contratos de compra de las fincas entregando unos cheques (sin tener los fondos disponibles, pues había que vender las parcelas para obtener ese capital) y efectos aplazados, donde es probable que ninguna de las dos partes tuviera ni confianza ni garantías: unos de cobrarlos y otros de poderlos pagar. Tras esta operación,  de compromiso real y documentado, El Consejo Rector de la cooperativa  toma dos decisiones contundentes: en Abril del ´76, paralizan las máquinas de Rivero, que estaban trabajando para la SAT y asumen el mando de la construcción de la casa de bombas, canales y caminos ya que no estaban de acuerdo con los presupuestos de ejecución ni tenían confianza de llegar  a tiempo para los riegos del ´77 y empezaron a parcelar y vender.


Plano general de parcelación de "La Ermita" Fincas A, B, C, D y F que inician los riegos a partir de Junio de 1977. La parte central no parcelada, perteneciente a los Peña, no riega hasta que nos fue otorgada la concesión de agua en 1980.

Recuerdo a Cabrera con dedicación casi exclusiva de convencer a los agricultores y venderles alguna parcela. Su decisión y arrojo no tenía parangón: cuando llevamos a cabo la auditoría, tras su dimisión, no hubo nadie capaz de aclarar las cuentas, cuyos asientos unas veces se apoyaban en documento contable y otras en cuartillas firmadas por Cabrera en cualquier lugar donde pudiera realizar la operación. En estos papeles que unas veces aparecieron y otras no, se había anotado el recibo de la cantidad de señal y parte de pago de la compra de la parcela -algo que él niega rotundamente, asegurando que eso es falso, aunque también asegura que ha intentado borrar de su mente toda aquella dura experiencia-. A pesar de ello, en años posteriores, cuando intentaba explicar a la Asmablea General de la Cooperativa los resultados negativos de la auditoría, siempre censuré su forma de llevarlo pero también me mantuve firme en que mi criterio personal era que no se habían llevado el dinero de la cooperativa. El problema principal era el descontrol de la contabilidad, los auditores comprobaron que con la misma tranquilidad, Cabrera, recibía cheques o efectivo en la calle, por una señal de compra, que echaba mano de su talonario personal para solucionar algún pago urgente de obras. Demasiado tiempo el bolsillo de Cabrera fue la caja de cooperativa, sin embargo jamás insinué que se hubiese quedado con una sola peseta, más bien me pase los tres primeros años de mi presidencia defendiendo todo lo contrario, tratando de solucionar nuestro problema de cuentas a nivel interno e impidiendo que la falta de claridad de las cuentas se reclamase por la vía penal, a pesar de la insistencia de un importante grupo de socios que pedían responsabilidades penales. Esa Asamblea General vociferante contra Cabrera y Grau, trece años más tarde, cuando yo presenté mi dimisión, lo vuelven a elegir como Presidente ?. En Julio del ´79 el Consejo Rector saliente nos había dejado un puzzle contable que jamás pudimos aclarar. Por su parte Grau llevaba adelante la batalla legal, declarada sin cuartel con la Comunidad de Minima, mientras Jerónimo Borrego se encargaba de controlar las máquinas y las obras de puentes, caminos y casa de bombas que, según sus declaraciones, alguna vez tuvo que defender, cabilla de hierro en mano "para evitar que la incendiasen y paralizasen la obra a la fuerza". Estos agresores me los dice con nombres y apellidos, pero no es mi intención dejar constancia de unos enfrentamientos entre personas que defendían posturas distintas y cada una con sus razones.

Me consta, que los dirigentes de la cooperativa, no tenían límites de horas ni días de fiesta, para sacar adelante aquel difícil reto. Entre otras "hazañas" aquel Consejo Rector, se jugó “su pellejo” cuando aprovechando unas vacaciones de Semana Santa (de los funcionarios y guardas del Parque claro) construyó el viaducto que atravesaba el Brazo de la Torre, sobre el túnel de desagüe que también se llevó a acabo en esos días, que comunicaba el cauce de ese importante brazo bajo el canal de riego. Por aquellas fechas ya se había creado el Parque Nacional de Doñana y el Brazo de la Torre estaba en proceso de cesión al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con cuyo director, Javier Castroviejo, tuve que negociar una serie de acuerdos que nos permitieron unas cordiales relaciones y que contaremos en su momento cronológico. Jerónimo me contaba entonces y me ratificó ahora una de las acciones más desagradables que tuvo que soportar en Ermita, prueba de las tensiones internas  en que se desarrollaba. Mientras él, con su carga de trabajo de atender las obras y acudir a los juzgados por las continuas demandas de la Comunidad de Minima, no tenía tiempo de aparecer por las oficinas de la cooperativa, Grau y Cabrera intentaban solucionar un problema económico personal serio, vendiendo una de las parcelas adjudicadas a J. Borrego, su colaborador incondicional. En una de sus visitas esporádicas a la oficina, para cambiar impresiones, sorprendió a Juan y Cabrera revendiendo una de sus parcelas. Me cuenta que le dijeron que la cooperativa tenía un grave problema económico que debían salvar inmediatamente y que un comprador había llegado con cuatro millones de pesetas en efectivo.  Conociendo a Jerónimo, creo se podéis imaginar  el lío que se formó en aquella oficina. Pero todo terminó bien y Jerónimo llevó muchos años las dos parcelas en la Finca B donde  construyó el primer almacén y secadero de Ermita. Mientras tanto, el resto agricultores andábamos preparando las tierras, buscando “a ojo” las partes más altas para construir por allí los canalillos de riego, rebajando de acuerdo con las posibilidades económicas de cada uno y sin estar muy seguros de cuál iba a ser el final de aquel experimento. Pero a  pesar de las dificultades, nuestra moral estaba alta. Nos considerábamos poseedores de la  razón. ¡No íbamos a consentir que nos pararan, lucharíamos hasta el final! No sabíamos entonces lo cerca que estuvimos de perder esa guerra.

La Batalla por la paralización de los riegos en la Ermita.

Flagrante cuerpo del delito, las bombas montadas y tapadas con lonas para protegerlas del calor.

A pesar de la oposición frontal de la mayoría del sector arrocero, de las denuncias y multas impuestas por la CHG y la pesada losa de Interdicto de Paralización de las obras, éstas habían continuado a la velocidad necesaria para sembrar en la campaña del ´77. Por esa razón llegado el momento de juzgar, a nivel personal, sus actuaciones en conjunto yo entendí perfectamente cuáles habían sido sus prioridades y en mi análisis mental entendía que las cuentas no eran su prioridad en ese momento y defendí su inaceptable e impresentable contabilidad sin saber nunca si me equivoqué, pero aún hoy seguiría actuando igual. Un buen contable, un magnífico abogado perfeccionista y un director de obras convencional, jamás hubieran sido capaces de sacar aquel proyecto adelante.

Viendo la decisión de la cooperativa de continuar a toda costa, la Comunidad de Minima había recurrido a una acción jurídica que paralizaba la obra instantáneamente: El Interdicto por Obra Nueva; alegando los muchos perjuicios que a su entender le causaban nuestras obras. Inmediatamente el juez ordena la paralización de las obras de la casa de bombas y el Juzgado toma nota de la altura sobre el suelo que ya había alcanzado la base donde se anclarían las futuras bombas. Tampoco esto paralizó las obras pues el suelo exterior iba creciendo a la par del hormigón y por tanto la obra seguía a la misma altura sobre el suelo. Echándole un par de narices, la Junta Rectora de la Ermita decide montar las bombas y empezar a regar sin temor a las consecuencias que aquel acto iba acarrear consigo. Montadas ya las bombas de elevación se presenta otro problema menor, comparado con la envergadura de los demás impedimentos. Cuando queremos empezar a regar, “Sevillana de Electricidad”, la empresa que debía suministrarnos la energía, se niega a realizar el enganche, a la vista de los problemas que había, los que se avecinaban y amparada por la legislación ante la serie de permisos que necesitábamos y que no teníamos, ni íbamos a tener a corto plazo, - si es que aquella osada aventura seguía adelante-.

En este ambiente de enfrentamiento generalizado: con la Administración de Justicia, con la CHG, con el Ministerio de Agricultura más la fragmentación social de los arroceros, llegamos al momento crucial de la batalla cuando la Comunidad de Mínima consigue del Juez la orden de paralización de las bombas, a pesar de que el arroz ya estaba sembrado y verdeando. El acto de cierre definitivo debía cumplirse el 16 de Julio del ´77.


Los primeros momentos

Aquella mañana aparecieron allí más guardias civiles que cooperativistas pero cuando llegó El abogado de la Comunidad, Celestino Fernández Ortiz, con el Secretario Judicial para levantar el Acta de Cumplimiento de la Orden Judicial de paralización de los riegos y el desmontaje de las bombas y viendo que no había agricultores de la parte opositora, y por tanto no parecía probable que se produjesen enfrentamientos, la Guardia Civil retiró  una buena parte de las Fuerzas de Orden Público y sólo quedaron los que consideraron suficientes para evitar cualquier conato de violencia y que pertenecerían al puesto de la Guardia Civil de Villafranco. Como ya he comentado, aquel día yo estaba de fotógrafo, pero como de costumbre soy un “despistado confirmado y sin solución”: Las mejores fotos que obtuve aquel día se las pasé a la prensa y a TV, que junto a las de Manolo Rodríguez Duarte fueron las que salieron en los medios. Manolo, periodista y amigo a toda prueba, se había entregado totalmente a la defensa de la causa y allí estaba ese día llevando una de los dos cámaras fotográficas presentes, -creo recordar que la suya se la quitaron casi de inmediato-, y la mía me obligaron a guardarla poco después. Como es lógico las mejores fotos las pasé a periódicos y televisión y yo me quedé con éstas que veréis y con los carretes, que no pude encontrar cuando me traje todo mi material fotográfico para escanearlo y poderlo conservar en el PC, pues las marismas no es un sitio muy adecuado para conservar fotos y negativos. Recuerdo especialmente una foto, que hice pero que no tengo, en la que, Soledad, la madre de los hermanos Primo Laborda estaba detrás de Celestino, -flanqueado por Guardia Civiles por ambos lados-, pero ella sin arredrarse, con el puño cerrado, le clavó el pulgar de la mano derecha en los riñones y le grito algo, que desde arriba de la casa de bombas, donde yo estaba en ese momento, no pude escuchar. Pero yo sabía que no era una amenaza baladí. Aquella valiente mujer, a la que conocía desde hacía muchos años, y que había podido constatar su entereza para sacar adelante su prole, tras quedar viuda tres años después de establecerse, con su familia,  en una pequeña casita  situada al final de la Marisma, sin agua, sin luz sin caminos, cuando sus seis hijos eran unos niños. Pepe, el mayor, era apenas un zagal y el más pequeño andaba a gatas. Vivían frente al campo que teníamos en Calonge, lo que me permitía ver los esfuerzos sobre humanos de ella y sus niños para sobrevivir, en mitad de la inhóspita marisma. Lo consiguió, sacando adelante a sus hijos y dejando además una mínima base económica que ellos, ya mayores, han sabido aprovechar, conservar y ampliar. Esos momentos de presión sobre Celestino fueron unos instantes especiales e inolvidables para toda mi vida, ya que podía “palpar” un ambiente cargado de electricidad, donde parecía que en cualquier instante iban a salir chispas desde ese foco cargado de elctricidad estática y un ambiente tan enrarecido sólo he vuelto a sentirlo otra sola vez en mi vida. El día que contemplé, en Asunción, un eclipse total de sol. Durante el eclipse, no se hizo de noche pero tampoco era de día, era un ambiente que erizaba los pelos, como me ocurrió durante aquellos largos segundos que Soledad Laborda acosaba a Celestino a pesar de su guardia de corps. Afortunadamente, Celestino, asumió aquello con hombría, -era una señora mayor-, y sin inmutarse mantuvo la calma, lo que contribuyó en gran parte a calmar los ánimos que podrían haber estallado en aquel momento con unas consecuencias impredecibles. Otra afortunada decisión fue que nadie más de la Junta del Sindicato de Riego de Minima apareciese en el lugar donde tenían una “hermosa” pancarta de recibimiento que podía haber sido causa de que salte el “chispazo” incontrolado e indeseado.

Pancarta de recibimiento a los cabecillas de la oposición.

Aunque aparecen en la pancarta los nombres de cinco valencianos, dos andaluces y un extremeño, aquella no era una batalla de valencianos contra andaluces, ni asalariados contra jefes, ni izquierdas contra derechas, era la lucha de “los que están arriba del carro con los que querían subir”. Por la autoría de esta frase aparece Fernando García en la pancarta. Salvador Cabello, como representante de la Cámara Agraria también se había manifestado en contra y el resto, como ya he comentado anteriormente estaban convencidos que tenían que luchar por su tierra, que veían en peligro y eran la cabeza de puente en Villafranco de “los conservadores” en la lucha por la paralización de los riegos. No podía ser una batalla entre andaluces y valencianos puesto que había muchos más valencianos en “La Ermita” que en los tres sindicatos de riegos de Mármol, Mínima y Queipo. Tampoco podía ser una lucha de clases, puesto que en ambas partes había personas de los mismos sustratos sociales, si bien es cierto que “La Ermita”, defendía una idea básica que era dar una oportunidad a pequeños agricultores y capataces para poder acceder a una parcela en propiedad, lo que les había sido imposible de conseguir hasta ese momento. Tampoco nadie debe pensar que fue una lucha social del tipo de acceso a la propiedad con la Reforma Agraria, ni otros “inventos”, para obtener tierras con beneficios especiales de carácter político. Los que entrábamos en La ermita sabíamos que teníamos que pagar nuestra parcela, más los intereses por el capital aplazado. Sin el apoyo Estatal y sin subvenciones.  Pero tengo que reconocer que allí, con nosotros, estaban dos parlamentarios de izquierda (autonómicos creo recordar) y también Miguel Manaute que en aquel momento tenía el mismo peso político que yo que estaba de fotógrafo. Pero allí estaba Miguel dando la cara por aquella puesta en riego, aunque años más tarde le critiqué repetidas veces que su Reforma Agraria, basada en la transformación de secano a riego y sin solucionar primero el problema del agua, estaba arruinando no sólo aquellos pequeños agricultores a los que había apoyado sino a todo el sector arrocero, que es el final de riego de la Cuenca, que toma el agua de un estuario, y que se sala de forma irremisible si no se manipula debidamente.  


Empiezan las negociaciones 
Ya con los ánimos calmados empiezan las negociaciones para llevar a cabo la paralización de las bombas y su desmontaje. El Juez había tomado una decisión muy dura, al obligar a desmontar las bombas en mitad de la campaña de riegos, pero había puesto a prueba la efectividad de su propio mandato al decidir en la sentencia (hablo de memoria y por tanto  puede que no se parezca el léxico, pero si el fondo): que era la Comunidad de Minima la que tenían que desmontar las bombas. Ahí es donde La Ermita ganó aquella pírrica batalla. Los operarios de Minima, que debían desmontarlas, se negaron rotundamente  a entrar en una Comunidad ajena  a desmontar unas bombas que no tenían ninguna relación con su trabajo contratado.

La comunidad de Ermita siguió regando, pero aquello era como una cataplasma puesta para curar un cáncer de pulmón. Dependíamos del agua de desagüe de las comunidades y éstas la escamoteaban de la forma más efectiva que podían. Encima tenían el apoyo de haber ganado la batalla jurídica y continuaban machacando cada iniciativa que adoptaba la Ermita para mejorar los riegos.


Cabrera, ya relajado, nos explica la situación.

Cabrera franqueado por ¿los políticos que nos apoyaron¿ y rodeado de cooperativistas, que en este caso podemos identificar a muchos de ellos, nos comenta la situación ante la que nos enfrentábamos después de ganar esta primera batalla de una larga guerra que nos esperaba, ya que estábamos cercados por nuestros oponentes, que tras esta primera derrota habían salido totalmente radicalizados y cuyas actuaciones posteriores iban a estar dirigidas especialmente a impedir cualquier posible mejora de nuestra grave situación. Estábamos más cercados que Alexia, en la Guerra de las Galias, donde Julio César construyó dos muros en todo su perímetro: uno para evitar que salieran de la ciudad Vercingetórix y su ejército encerrado en la ciudad y el otro perímetro defensivo con zanjas, trampas y torres defensivas para impedir la entrada de ayudad desde el exterior. No podíamos tomar más agua desde el Brazo de los Jerónimos que la que pasaba por el túnel de desagüe de las antiguas bombas de Ermita, ni podíamos desaguar en los cauces públicos donde debíamos hacerlo, lo que nos obligaba a tomar agua con medio grado más de salinidad, ya utilizada por la Comunidad de Minima y más tarde reciclarla aumentando nuestra salinidad, lo que nos obligaba controlar constantemente los niveles  salinos en cada punto de toma.

Es digna de destacar, en esta foto, la presencia de Miguel Bou hijo, que había tomado partido por nosotros en detrimento de la postura radical de su padre. En mis investigaciones posteriores, averiguo que a Miguel se le había vendido una parcela a cambio de la grava que se necesitaba perentoriamente. También distingo a dos personas que ya no están con nosotros,  Joaquín Verdugo y Toni Tarazona. Si alguien conoce a algunos más, que me los pase pues yo sólo veo a Salvador Vivo, Pepito Beca y la despejada frente de Diego Gerena, además de algún otro que reconozco perfectamente pero que el nombre lo tengo escondido en los entresijos de mis neuronas. Y no hallo la forma de encontrarlos.

Oscar Peláez, Elías Herrera, Modesto Ferri y Antonio Gómez
La foto, que es un desastre desde el punto de vista técnico, en cambio, tiene un gran valor histórico pues vemos a Oscar (ya fallecido) y Modesto sonriendo, lo que parece indicar que ya estábamos relajados y contentos con el desenlace de la truculenta jornada. Pido disculpas por la calidad de las fotos pero afortunadamente no las tiré, por ser tan malas, ya que las buenas las había pasado a la prensa y el carrete a lo mejor aparece algún día cuando ya no me haga falta. Así que demos gracia a los Dioses del Olimpo, pues ellas me ayudan mucho a recordar los avatares de aquel día.

Período desde Julio del ´77 a Julio de ´79.


Aquella batalla la habíamos ganado, gracias a que el Juez había dictado sentencia aclarando que el desmontaje de bombas debías de llevarlo a cabo la comunidad de Mínima y sus operarios se negaron a obedecer las órdenes de sus jefes: el Sindicato de Riegos de la Comunidad. Tampoco lo hubieran tenido fácil, si ante el temor al despido hubiesen intentado subirse a la plataforma. Gracias a Dios ni se les pasó por la imaginación. Tal vez la historia sería otra si la sentencia hubiese ordenado a “La Ermita” desmontar sus bombas. Es posible que no se hubiese llevado a cabo el mandato, a tenor de los antecedentes, pero se hubiera planteado un serio problema jurídico, de consecuencias totalmente imprevisibles. Es más que probable que su señoría tuviese en cuenta todo esto al redactar la sentencia. La creación de la cooperativa, como cabeza visible del Grupo Sindical  estaba surtiendo efecto ante los distintos estamentos del Estado, volcando a nuestro favor muchas la simpatía de las personas responsables de hacer cumplir La Ley, que sin saltársela en ningún momento, mostraron una sensibilidad hacia nuestra causa, impensable unos cuantos años atrás. Continuamos el riego tomando agua del Brazo de los Jerónimos, a través del túnel construido por la propia Comunidad de Mínima en los ´50, para desaguar parte del Toruño Central, Vuelta de la Arena y "Ermita vieja", y del propio canal de desagüe que lleva a las viejas bombas de Ermita, a pesar de que la Comunidad de Minima desvió las aguas que iban a ese desagüe para llevarlas a la bomba de reelevación del Puntal desde donde la canalizaba como agua de riego hacia el Toruño y Calonge. El nombre de "Ermita vieja" corresponde a las parcelas de tierra que riegan desde la Comunidad de Mínima y que se denominan igual, porque ambas "Ermitas" están una frente a la otra divididas por el canal de desagüe que lleva las escorrentías a la bomba de la Ermita.


Casa de Bombas de Zabala. Recibió ese nombre por estar situada en las parcelas que a él le tocaron y espero que jamás a ningún sindicato de riegos se le ocurra cambiar un nombre tan merecido por su labor en Ermita.

A pesar de que la Comunidad de Mínima había desviado las aguas, antes dirigidas al colector de la Ermita, hacia el desagüe  junto al canal principal del Toruño para canalizarlas hacia la casa de bombas de reelevación del Puntal,  éste desagüe  no tenía capacidad para el caudal de agua desviado y el excedente lo aprovechaba la Ermita que había construido un túnel bajo su canal de riego, -que vemos en la foto-, desde donde tomábamos algo de agua que era de peor calidad que la del Brazo de los Jerónimos, ya que en éste se mezclaba el agua desaguada por Mínima con la que subía por el río en marea alta, mientras que el agua que tomábamos en la bomba de Zabala sólo era de desagüe del arrozal, de unas tierras relativamente nuevas y, originalmente, con una alta concentración de sales . En la entrada de nuestro túnel que llevaba el agua a la Bomba de Zabala, la Comunidad de Minima disponía de dos compuertas regulables, similares a las que vemos en la foto, que impedían el paso del agua de su desagüe a nuestro túnel. Las compuertas eran de ellos y tenían la autoridad para abrir o cerrar, pero el camino donde estaban situadas quedaba bajo nuestro dominio, así que podéis imaginarse quien regulaba las compuertas. Pues con el agua que pasaba por ambos túneles regamos aquellas primeras campañas, que hasta el 79 sumaban alrededor de MIL has, ya que todavía no regaban Campos Peña, Mingochao ni Cantarita que se incorporan a los riegos tras la obtención de la Concesión de Aguas, estando yo como presidente de la Comunidad.

La Ermita enmarcada en rojo la parte que sembramos los años ´77-´78 y ´79, excepto la parte tachada con la cruz verde que corresponde a la finca de los Peña que se siembra a partir de 1980, una vez que se obtuvo la concesión de agua.

Aquellos años fueron durísimos pues la calidad de nuestras aguas de riego era deplorable. Entonces todavía se fangueaba antes de la siembra y se desaguaba ese agua que salía con medio grado más de sal de la que tenía al entrar por el canal de riego ya que a la Comunidad de Mínima le venía directamente del Gaudalquivir, mientras que a Ermita le llegaba tras pasar por los campos de Minima. Por tanto nuestra agua de riego solía estar en una media de 0.50 gr/l más de sal, que la tomada directamente desde el Río. A lo largo de los años esa diferencia de salinidad ha ido disminuyendo especialmente por tres razones: La primera, debido a la nueva técnica de siembra directa que no utiliza el fangueo antes de la misma. La segunda, porque las tierras han ido bajando paulatinamente en el contenido de sales, con los periódicos lavados anuales, llevados a cabo por los riegos con agua dulce y los fangueos de final de campaña.  La tercera, se debía a que una parte del agua desaguada por nosotros y que teníamos que reciclar había disminuido en salinidad, por la mejora de nuestras propias tierras.

El Coto de los Patos era la zona privilegiada, lo que se notó en los resultados agronómicos desde el primer año. Al ser una finca reservada para la cacería de aves acuáticas, Beca, la mantenía inundada desde hacía muchos años. Eso había contribuido de forma notable en su mejora del índice de salinidad de sus suelos. Por otra parte la gran cantidad de vegetación que en ella se criaba contribuyó positivamente en el aumento de materia orgánica, de la que carecían las marismas de forma generalizada. A estas razones de ventaja inicial se le sumaba cada año la suerte de regar con mejor agua que el resto de la comunidad de Ermita ya que tenía una menor cantidad de mezcla de nuestra propia agua de reelevación que el resto.

En los dos primeros años la cosecha de la mayor parte de La Ermita fue desastrosa, al sumarse la salinidad del terrenos, -excepto alguna Veta y el Coto de los Patos-, con la alta concentración de sal del agua de riego. Los agricultores no podían cumplir con sus compromisos de pago, ya que una buena parte de los cooperativistas, dependían exclusivamente de la cosecha de esas tierras para poder atender los gastos de cultivo y los plazos de la tierra. Por su parte la Cooperativa tampoco cumplió con los compromisos de pago realizados a la compra de la tierra y pasada la segunda campaña, los propietarios empezaron a ponerse nerviosos y a reclamar por al vía judicial los importes pendientes.

A primeros de 1979, ante la petición de rescisión del contrato por incumplimiento de los pagos, por parte de R. Beca y Cia., la Cooperativa "La Ermita", solicita un Laudo de obligado cumplimiento, donde, ambas partes, exponen todas las circunstancias acaecidas desde el inicio de la SAT, las irregularidades por parte de R.Beca y de la Cooperativa, las cantidades aportadas para el proyecto y delimitando la parte correspondiente a cada miembro.

Por su parte Arrocerías Herba, al verse obligado a atender todos los efectos devueltos en el Banesto, amenaza también con denunciar el contrato por incumplimiento, aunque sus exigencias nuca llegaron a los tribunales. Las pequeñas fincas vendidas por Rivero tuvieron su propia negociación que no recuerdo que llegasen a tener problemas mayores. Por su parte, Mingochao y Cantarita conocían las dificultades y supieron esperar al cambio de Consejo Rector y aceptaron renegociar las condiciones de incorporación, que llevamos a cabo en 1980.

La precipitación de todos estos graves problemas, a primeros del ´79, que podían llevar a la cooperativa directamente a su disolución, con la pérdida del dinero que habíamos aportado, la tensión interna de la cooperativa se estaba volviendo insostenible. A las dificultades del control interno de las cuentas debido a la imposibilidad de aclarar los pagos realizados por los cooperativistas, que no tenían su correspondiente justificación de la propiedad, pues ese dinero se había invertido en otras prioridades, se le sumaba la desconfianza entre dirección y cooperativistas más la falta de efectividad y claridad en las gestiones con la Administración para la obtención de los permisos  de Concesión de Agua y Coto Arrocero.

Pensar en refinanciación, o en nuevas negociaciones en esos momentos, era una utopía. El Consejo Rector decide presentar su dimisión y se convocan unas elecciones para julio de ese año.



jueves, 8 de enero de 2015

HISTORIA DE LAS ASOCIACIONES EN ISLA MAYOR (2): LAS COMUNIDADES DE REGANTES


HISTORIA DE LAS ASOCIACIONES EN ISLA MAYOR (2): 


LAS COMUNIDADES DE REGANTES 


En este capítulo os contaré los inicios de las Comunidades de Regantes y porqué son unas organizaciones esenciales en la captación y distribución de aguas. Veremos la lucha “soterrada” por el control del agua para el arrozal y las nuevas puestas en riego, por parte de los “poderes fácticos” hasta la iniciativa de la Comunidad de la Ermita, que rompe con ese control absoluto de las nuevas puestas en riego por parte de los agricultores bien situados y a los que daba miedo una expansión de los regadíos en Las Marismas sin tener asegurada el agua de los ya existentes. 


Las comunidades de regantes de las marismas son corporaciones de derecho público, adscritas a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, (CHG) que se encargan de organizar los aprovechamientos colectivos de aguas públicas, superficiales o subterráneas, que le son comunes. Se trata de organizaciones, para el control del riego desagüe y la infraestructura necesaria, genuinamente españolas y de origen milenario, siendo la más antigua, conocida, El Tribunal de Las Aguas de Valencia. En ellas los agricultores se agrupan con la finalidad de autogestionarse para distribuir el agua de riego de un modo eficaz, ordenado y equitativo entre sus miembros. Desde el     

El Legislativo, o Junta General, compuesta por todos los regantes de dicha comunidad. Es el órgano soberano de la comunidad al que le corresponde la gestión de funciones legislativas. Le corresponde la elección de Presidente y Secretario de la Comunidad, del Sindicato de Riegos, Jurado de Riegos y de los Censores encargados de supervisar las cuentas y las actas de las Asambleas. También deben aprobar los presupuestos de gastos, las cuentas anuales, los planes de gestión y cualquier cambio importante que se desee implantar en la comunidad.

El Ejecutivo o Sindicato de Riegos cuya principal función es la ejecución y control de los trabajos y presupuestos aprobados por la Asamblea. Nuestras comunidades tienen un presidente y varios vocales que se reúnen muy frecuentemente para supervisar el desarrollo de la campaña de riegos.

El Judicial o jurado de riegos, encargado de juzgar las denuncias entre regantes o las infracciones a las Ordenanzas de la Comunidad e imponer las sanciones, con unos límites de cantidad a partir de los cuales pasan al Órgano Judicial competente. Las sanciones y multas son recurribles a los tribunales ordinarios, excepto la del Tribunal de Las Aguas de Valencia que por tradición, más que por Derecho, no se recurren a los tribunales ordinarios. 


Instalaciones de riego y desagüe previas a las comunidades.

Cuando Fisher llega a Las Marismas del Guadalquivir, en la Margen Derecha, la única obra de infraestructura que encuentra realizada es el Canal de Casa Riera, el “Gran  Esfuerzo” del SEÑOR MARQUÉS para realizar su Proyecto de Desecación y Transformación por el que se le habían otorgado las Marismas a un precio irrisorio. Además de construir el canal, puso el control de paso de ganado en Casa Alta, para cobrar por cada cabeza de ganado que entrase a pastar en la Isla y se fue a vivir a Paris, donde seguramente había menos mosquitos y menos barro que en la Isla.

Construir entonces una casa de bombas en Las Marismas no era tarea fácil. Había que profundizar varios metros y, a partir del primero, la capa freática aparece con un caudal muy difícl de manejar. Aqui ya han conseguido los cimientos y se ven las tuberías que estarían contínuamente extrayendo agua.

Obras para la instalación de una casa de bombas, posiblemente, por su tamaño, sería una de las dos de desagüe, aunque eso también es irrelevante. Cualquier casa de bombas, junto al río o en el interior de las Marismas, requería de una compleja infraestructura ya que hay que profundizar varios metros bajo el nivel del suelo para que las bombas tomen agua en marea baja y tengan a demás, en estos casos, suficiente profundidad para evitar la "cavitación" de la bomba que se produce cuando las palas van quedando cerca de la superficie del agua.

Esta fue probablemente la primera casa de bombas construida en Las Marisma construida para desaguar la parte norte de Isla Mayor, hasta el canal de Casa Riera.

Con la creación de la Compañía “Islas del Río Guadalquivir S.A.” se inician los trabajos del cierre perimetral para evitar las riadas desde el Guadalquivir y Guadiamar. Simultáneamente durante el ´27 y ´28 se construyen las dos bombas de desagüe del Puntal y Ermita y la de riego en el Mármol para regar 3.000 has de diversos cultivos.

Simultáneamente a la casa de bomas se cosntruyó el puente junto al antiguo Bar Isla y donde se puede apreciar lo que había construido en el Puntal. Sólo un almacén.
De forma simultánea se realizaron los puentes del Mármol, riego y desagüe, ya que el de casa Riera y el de entrada a la Isla Mayor ya los había realizado el Marqués.

Esta es la casa de bobas de la "Ermita" pues se supone que en este lugar había una ermita antes de empezar el aprovechamientos de Las Marismas.

En ella existen y funcionan todavía dos bombas horizontales holandesas que servían para desaguar al gran lucio que se creaba con las lluvias al Sur del Canal de Casa Riera y que tenía su máxima depresión en el aledaño "coto de los patos" y el "Lucio del Zapillo" situado al sur del canal del riego del Toruno.


Aqui se ve perfectamente el lugar de separación de las aguas, que se contruye en el 52/53, quedando las compuertas de la parte derecha para desaguar y a la derecha para reelevar las aguas al canal de Minima.

Mientras tanto Emilio Plate Tiehlen, alemán, viendo los fracasos de los diversos cultivos de algodón y maíz realiza una prueba con arroz, seguramente con su propia bomba de elevación. Esta experiencia será fundamental para que la Chispalense, segunda compañía que se crea en el ´29 (para recuperar todos los activos de la anterior)  tras el fracaso de la 1ª, ya entiende la incuestionable necesidad de dedicarse al arroz por lo que orienta todo los riegos y desagües para la explotación de pequeñas fincas arroceras que entregaba arrendadas a los colonos. 


Observamos el paso del camino sobre el canal de la casa de bombas del Mármol construida en el 28 para riego de cereal, restaurada en el 38 por Beca y construida totalmente nueva en el 45, ya iniciada la colonización con garantías.

La Chispalense con parte de capital catalán, conocedores del cultivo del arroz, encamina todos sus   esfuerzos a dicho cultivo atrayendo a agricultores murcianos y aprovechando las estructuras de riego del Mármol para cultivar durante los años 30 y 31 hasta llegar a un máximo de 1.500 has en el año 32. Construyen el Molino para comercializar directamente el arroz blanco.  Pero el bajísimo precio del arroz y los desórdenes sociales de esos años de anarquía convierten la zona arrocera en un foco de huelgas y enfrentamientos generalizados que termina con el cierre de la estación de bombeo al negarse a pagar la luz los bancos que financiaban el cultivo, puesto que temían no recuperar la inversión. En el ´33 solamente se siembran unas 100 has que me imagino serían las de Plate, independientes de la Compañía.

A partir de esos problemas la Chispalense traspasa sus activos a Ismagsa que se hace cargo de activo y pasivo y que desaparece cuando se integra en R. Beca y Cia en el 42.

Para ampliar las informaciones sobre las causas de esos descalabros económicos podéis ver:


En 1937, tras la ocupación de Sevilla por tropas del General Franco, Queipo de Llano, toma la iniciativa de activar la zona arrocera de las Marismas para abastecer de arroz a las tropas sublevadas y encarga a Rafael Beca Mateos la tarea de restablecer el cultivo de las 3.000 has que ya habían preparado para riego las anteriores Compañías y activa otro lugar de cultivo, junto al rio y a la altura del puntal de Isla Minima, donde el General había comprado tierras con las donaciones que el pueblo de Sevilla había realizado a su favor.

La biografía de Rafael Beca Mateos relacionada con las Marismas la podéis ver en: 


No hay que tener mucha imaginación para adivinar los atropellos que cometería el General, entonces dueño de vidas y haciendas de todo el territorio conquistado, presionando a los propietarios y a la banca “situada en territorio enemigo” para conseguir que R. Beca arrendase las tierras de Ismagsa y tomase posesión de cuantas instalaciones y medios fueran necesarios para cultivar el arroz y simultáneamente iniciase las negociaciones con la Compañía para la compra de las acciones que, al margen de no tener casi valor real, sí tenían una deuda con las administraciones en manos de los nacionales que eran susceptiblemente maleables. Seguramente el resto del accionariado europeo impidió una incautación instantánea de unas tierras que se consideraban muy  importantes, en esos momentos, para la alimentación de las tropas.


Esta es la primera casa de bombas construida en lo que hoy son los restos del Poblado Queipo de Llano.

 En 1937 R. Beca pone “manos a la obra”: arrienda más de 3000 has a “Ismagsa” entonces la propietaria  de la mayor parte de los terrenos de la 1ª Compañía y pone en marcha la casa de bombas del Mármol, que el río  había “engullido" Con el empleo de buzos saca las dos bombas sumergidas y restablece los riegos de 750 has por el canal del Mármol en el entorno más cercano. Simultáneamente va creando el entramado societario que finalizará con la propiedad por parte de R. Beca y Cia. de casi toda la Isla. La compra de las acciones de Ismagsa a partir de 1941 le da a la empresa de Beca el control de Ismagsa y posteriormente va comprando el resto de acciones, excepto la parte de los Bemberg,  que se quedan con el sur de Isla mayor. La Veta de la Palma. (Los detalles de esta parte de la historia está documentada en el libro de Matías Rodríguez; Historia de la Isla Mayor del Guadalquivir y los de Veta la Palma, a partir de 1942 cuando los Bemberg se separan de Ismagsa, están bien documentados en el blog de Maribel Olivares: La Isla del arroz. Pasado y presente).

R. Beca, mientras tanto, había continuado con las nuevas puesta en riego: en el ´38 y ´39 se riegan otras 900/1.000 has en la zona denominada "Queipo" instalando para ello la bomba que vemos en la foto inferior y que fue suplementada con la construcción de otra posterior, más moderna y  mejor situada.

En el ´40 y ´41 sigue la misma política de arrendamientos y se va aumentando paulatinamente la superficie con el control directo de la empresa R. Beca mediante capataces que controlaban las fincas pero siempre regando con los mismos canales principales y desde las mismas instalaciones.

Es en el ´42, una vez que R. Beca y Cia se había hecho con el control de Ismagsa cuando cambia la política del cultivo directo y la empresa inicia la venta de parcelas a los colonos arroceros que se había traído desde Valencia.

En el ´45 ya había unas 3.550 has de arrozal que regaban desde Queipo y Mármol. En Queipo la tierra de la Fundación Queipo de Llano ertá escriturada y repartida en aparcería, comparte riegos con propiedades privadas y Agropècuaria. La Fundación Queipo de Llano, que todavía hoy, ostenta la propiedad de una parte de la tierra, mantiene el control de la  Comunidad. Mientras, las tierras de Casa Alta, El Rincón de los Lirios, Maquique, Bermejo, etc.  dependientes del riego del canal del Mármol se habían vendido en una buena parte a colonos que ya no permitían calladamente que la Compañía tomase las decisiones concernientes al riego, la distribución del agua en las válvulas y de los gastos y fuerzan la creación de la Comunidad de Regantes.


Segunda casa de bombas de Queipo

Seguramente, con la nueva puesta en riego de Canelli, en los ´40, hay que aumentar la capacidad de bombeo y se construye esta estación elevadora, que por lo que sé ya funcionaba en el 45 cuando el abuelo, de  mi esposa Mari-Carmen, Cayetano Martinez vino a la Isla desde un pueblecito granadino donde la guerra le había privado de sus propiedades y se viene a las Marismas en busca de un futuro mejor para sus hijos y nietos. Con su carro, su hijo Luis, sus mulas y sus enseres imprescindibles, emprenden la odisea en aquellos inhóspitos parajes, donde un año más tarde desembarca Mari-Carmen, su nieta y mi esposa, tras el viaje en barco desde Coria que era el único camino razonable para llegar al final de la tierra habitada en la Margen Derecha del Guadalquivir.


Origen de las Comunidades de la Margen Derecha de Las Marismas del Río Guadalquivir y su Justificación. 


Hasta Enero de 1946, fecha de inicio para la creación de la Comunidad del Mármol, si se desea llevar a cabo una investigación sobre el origen del cultivo del arroz en las Marismas hay que apoyarse en los trabajos de nuestro incansable investigador histórico, Matías Rodríguez Cárdenas, que no ha entrado en la historia de las Comunidades y, sin preguntarle, me atrevería a decir que tampoco habría encontrado muchas facilidades, pues exceptuando “la Ermita” donde no habría tenido problemas, sé de la renuencia de los dirigentes de  nuestros organismos de gestión, FSAAE, Comunidades o Cooperativa Arrocera del Sur de dejar entrar a ningún investigador a nuestros archivos. (Lo de “nuestros” es un decir porque tampoco los agricultores, de base, encontrarían facilidades para acceder a ellos)  Sinceramente creo que ha sido una medida preventiva razonable ya que los datos mal interpretados pueden causar distorsiones de la realidad aunque, personalmente, yo he tenido todos mis datos y apuntes propios totalmente abiertos a los diversos investigadores que han utilizado mis archivos particulares, para sus trabajos o tesis doctorales.

Sin embargo, quien sí realiza una investigación relevante de los inicios de nuestras comunidades, es José González Arteaga en su libro “El Arroz en las Marismas del Guadalquivir”, libro imprescindible para conocer fechas y personajes de la creación de las tres primeras Comunidades de Isla Mayor y donde podemos encontrar nombres de fundadores y desarrollo de esas Comunidades.

Al analizar sus datos deducimos que proceden de datos públicos, lo que puede llevar a errores importantes: como incluir a la Comunidad de Regantes del Guadalquivir como Comunidad arrocera, cuando en realidad sólo riega unas 50 has de arrozal frente a las 12.000 que baraja, el autor, como dato real, aunque en otro párrafo reconoce que la mayoría de esa comunidad no se dedica al cultivo del arroz. Sin embargo, este desfase, a primera vista, no se nota en el cuadro ya que la suma  de la superficie de las comunidades en el cuadro V-1.”Comunidades de Regantes en Las Marismas del Guadalquivir” da una cifra (36.000 has) que se ajusta perfectamente al total de nuestro cultivo de arroz en las Marismas. Estas 12.000 has que pertenecen casi todas a colonos que situó el Instituto Nacional de Colonización en la Maegen Izquierda del Río y están destinadas en su mayoría al cultivo de algodón, aunque en estos últimos años se ha diversificado el cultivo debido a la errática política Comunitaria. Como contrapartida, faltan añadir a este cuadro las pequeñas comunidades de regantes particulares y algunas no tan pequeñas como la de Arrocerías Herba, la de Escobar, la vuelta del Cojo o las que están en la provincia de Sevilla, pero fuera del sector arrocero de las Islas Mayor, Menor y Mínima.

Entrada a la finca particular de la familia Escobar que como podéis comprobar en la foto de J:M. Suarez-Japón se llama Isla Minima del Guadalquivir. La siguiente foto es del mismo autor.

La casa de bombas de Isla Minima (particular) que se confunde con la Comunidad del mismo nombre y que se llama así precisamente porque en sus inicios empieza regando tierras de Isla Minima propiedad de R.Beca y Cia.

En su conjunto éste libro es un encomiable trabajo de investigación sobre la constitución de nuestras Comunidades, especialmente las primeras en la Margen Derecha, y es un documento de obligada referencia cuando se tenga que escribir o disertar sobre nuestros orígenes “comuneros”, que hay que distinguirlos de los cooperativos ya que sus motivaciones son radicalmente distintas como más adelante aclaramos. 

Hace pocos meses leía en un informe de un investigador chino, referido a los agricultores de ese país donde opinaba que los agricultores arroceros eran más solidarios y fáciles de aglutinar que los cerealistas de trigo. 

Yo defiendo que los agricultores somos igualmente difíciles de unir en un objetivo común sean arroceros, trigueros o patateros. El agricultor es independiente por la naturaleza de su propio trabajo. La mayoría son su propio jefe y su empleado: como Juan Palomo el hortelano, yo me lo planto, yo me lo crío, yo me lo guiso y yo me lo como. Pero los arroceros, normalmente, comparten una circunstancia especial y muchas veces ineludible que es el uso, aprovechamiento y distribución del agua, que nos obliga a unirnos y a coordinar nuestros esfuerzos. A nos ser que tengamos la posibilidad de poder montar nuestra bomba individual al río y desaguar también directamente. En estos casos concretos, los agricultores arroceros, somos tan independientes como otros cerealistas cualquiera.

Tomemos como ejemplo de obligatoriedad, que no el deseo de unión para ahorrar costos, la Ribera del Júcar: en ella el agua corre varios km pasando desde el campo de un agricultor al de otro, en un riego por gravedad ineludible, por lo que no tienen más remedio que ponerse de acuerdo, como mínimo, en la fecha que se inician los riegos y cuándo finalizan. Tampoco puede un agricultor cortar el agua de entrada y salida de su parcela para realizar un tratamiento sin ponerse de acuerdo con los regantes de la parte superior, a los que su cierre anegaría, ni tampoco a los de abajo ya que los dejaría en seco, por lo que la única solución viable es que se deben de realizar al unísono los tratamientos dentro de las fechas que se estipulen para esa acción, a no ser que se puedan realizar con el campo anegado y el agua fluyendo. En cambio en las Marismas del Guadalquivir, con un sistema de riego mucho avanzado y racional, cada agricultor manda en la apertura y cierre de su válvula de riego o desagüe. En cambio todos los trabajos relacionados con el agua tendrá que realizarlos dentro de los límites máximos del día de inicio de riego para cada campaña y el de finalización, fijados por la comunidad en su Asamblea General.

Por tanto no podemos comparar la libre voluntad de unirse a una  cooperativa de comercialización, con la libertad de unirnos a una comunidad de regantes o a unas cooperativas cuyo objetivo era facilitar el acceso a la propiedad (como la Ermita o Arrocera del Sur cuyos “objetivos” aclararemos llegado el momento), ya que para poder regar las grandes extensiones separadas decenas de kms del río nos vemos “obligados” a entrar en la Comunidad que controla el agua de esas tierras. De igual forma la Cooperativa Arrocera del Sur (CAS) no tiene nada que ver con las uniones de agricultores en las “nuevas cooperativas” para la obtención de un fin común, como es: mejorar la compra de productos o la defensa del precio del arroz cáscara. La adhesión a Cooperativa Arrocera del Sur (CAS) o Ermita era el medio que teníamos para  acceder a las nuevas tierras puestas en riego. Sino era pasando por la CAS, controlada por la élite arrocera, no había forma que un pequeño o mediano agricultor pudiese acceder a la propiedad, pues la cooperativa no sólo había organizado el sector de forma que las compras pasaran por su control sino que además funcionaba como una Sociedad de Garantía Recíproca. La negociación de la compra con la propiedad, de cada nuevo bloque de tierras puesto en regadío y en venta, la hacía el órgano rector de la cooperativa, es decir con: R. Beca y Cia o Agropecuaria del Guadalquivir u otros grandes ganaderos de la zona. También llevaba a cabo las gestiones para la obtención de las Concesiones de Riego y las de Coto Arrocero. Los agricultores que querían ampliar o los nuevos que seguían llegando, sólo tenía la opción de aceptar las condiciones que se nos imponían desde la Cooperativa Arrocera del Sur o buscarse sus tierras por otro sitio, lo que era bastante improbable pues esa élite económica y política dominaba las nuevas puestas en riego y los ganaderos propietarios, independientes de la Compañía, estaban todavía muy lejos de desear la transformación de sus tierras.

Tampoco la Unión de todos los arroceros en una organización de defensa general de sus intereses, frente a las arbitrariedades de la Administración, o de la élite acaparadora del poder de ampliar nuevos regadíos y del precio de las tierras. En estas fechas de los ´40/´50/´60/´70  ya contábamos con los Sindicatos arroceros locales, controlados por la Federación (FSAAE), que eran organizaciones que aglutinaban a los arroceros, creados por la voluntad y necesidad de R. Beca y Cia y de los grandes agricultores. A los colonos nos venía impuesto desde arriba y eran de obligada participación, en lo refrente a la aportación económica. 

No encuentro un espíritu asociativo, nacido entre los arroceros de las Marismas, hasta la creación de la Cooperativa Arrocera Sevillana, (destinada a la defensa del precio del arroz cáscara y a la comercialización del arroz elaborado) que terminó en un clamoroso desastre que destruyó totalmente el germen del espíritu cooperativo en la zona. Este fatídico desastre, del que ya hablamos en el capítulo referido a la FSAAE, fue impulsado, por los grandes agricultores que arrastraron a pequeños y medianos a un “invento” cooperativo al más puro estilo latino. Primó en el sector la filosofía egoísta de “yo me uno a la cooperativa para ver qué ventajas le saco a nivel particular y no pensando en qué puedo hacer en beneficio de todos” y esta filosofía terminó costándonos el dinero a todos y me incluyo porque mi padre formó parte de aquella cooperativa.

Estas reflexiones me llevan a la conclusión de que los agricultores arroceros son tan independientes como cualquier otro agricultor pero vienen acostumbrados a pertenecer a un grupo, obligados por una finalidad específica, la de regar y desaguar. Al margen de esto, el arrocero, será igual de renuente como otro agricultor cualquiera, a la pérdida de parte de su libertad a cambio de la creación de agrupaciones para la defensa de los intereses generales. 

La ruptura de esa filosofía individualista no cambia hasta la entrada de Jóvenes Agricultores en el sector. Cómo conseguimos vencerla lo iremos explicando en los próximos capítulos sobre el asociacionismo, contando lo logros más importantes hasta conseguir la creación de nuestro entramado asociativo que puede servir de ejemplo a países que están en los inicios de la creación de grandes grupos arroceros, como lo es Paraguay, donde la Unión de los arroceros brilla por su ausencia. Pero este movimiento asociativo; formado con la creación de Asociaciones Agrarias representativas ante el Estado y la Unión Europea, el cooperativismo para la defensa de los intereses económicos, las Comunidades de Regantes abiertas y una nueva Federación democrática y autónoma, (cada día menos) no vino demandado por los agricultores de base (cuya mayoría estaba desilusionada y recelosa por el fracaso cooperativo) sino por el esfuerzo de unas pocas docenas de agricultores que dedicaron su tiempo y esfuerzo a crear todo ese entramado asociativo que hoy nos defiende y protege. 

Los primeros colonos, en su mayoría migrantes de las zonas arroceras levantinas, compran o arriendan sus parcelas pero comprueban que no tienen ningún tipo de control sobre las decisiones que toma la Compañía en el uso del agua, ni las ampliaciones en los caudales de sus bombas y sus canales para nuevas tierras, ni pueden comparar las cantidades de agua distribuida por ha ya que los vigilantes dependen directamente de la Compañía, ni tampoco pueden tener un control sobre los gastos que más tarde sí serán distribuidos proporcionalmente por ha. Habiendo conocido personalmente a esos primeros colonos puedo aseverar que todos esos atropellos serían duramente contestados. R. Beca y Cia no tuvo otro remedio que constituir las Comunidades aunque se resistió a ceder su control echando mano a triquiñuelas legales, creando el Cuerpo de Regantes, dándole voz a los “comuneros” pero negándoles el voto a los no propietarios y haciendo un reparto directamente proporcional de los votos por el número de has de cada propietario, con lo que seguía con el control absoluto de la Comunidad aún despues de dar voz y voto a los regantes. Por esa razón, contando con la memoria de nuestros mayores y leyendo entre líneas, en los datos aportados por González Arteaga, podemos llegar a las siguientes conclusiones en la creación y funcionamiento  real de las Comunidades en aquellos primeros años.


Comunidad de Regantes del Mármol.


Da la casualdad que en el ´46 cuando se inician las reuniones a fin de constituir la 1ª Comunidad de Regantes de las Marismas coinden con la primera fotografía aérea de al Isla Mayor, lo que nos permitira apreciar desde el aire las tierras ya prepardas para cultivar arroz. Esta ortofotografia realizada por Vuelo Americano es de muy baja calidad y está montada a baser de unir varias fotografía para evitr las desviación óptica de las cámara de la época.


Ortofoto del Vuelo Americano Serie A 1946 donde se puede apreciar las tierras ya transformadas.

 La figura formada por Isla Minima, que pertenecía a la Isla Menor hasta la Corta de los Jerónimos, es la figura que parece una seta y aunque está dividida en parcelas todavía estaba destinada a la ganadería aunque tenía concesión de aguas para una parte desde 1910, solicitada por el Marqués de Olaso, pero no creo que estuviera pensando en el arroz.
En la parte más estrecha entre eel Brazo de los Jerónimos, hasta 1898 Guadalquivir, y el Brazo de la Torre, se aprecia perfectamente el Canal de Casa Riera. Justo en el punto de encuentro entre el canal de Casa Riera y el Brazo de los Jerónimos se había construido ya El molino arrocero, la papelera, algunas casas, almacenes y secaderos, iniciándose con ello lo que más tarde será el centro neurálgico, Isla Mayor, antes denominado el Puntal y desde 1956 Villafranco. En un ángulo de 90º sale el camino que va a colinas y a Puebla del Río. A unos cinco km vemos el poblado de Afonso XIII, que también se denominó inicialmente "Las Marimillas" y que en ese momento era el centro administrativo y policial de la zona arrocera. Todavía se pueden apreciar, dentro de la comunidad, grandes superficies de terreno no canalizadas y es que aunque el cultivo se inició timidamente en el 29, realmente hasta que R.Beca toma las riedas de la colonización en el ´42, con el apoyo de Queipo de Llano no se aprovechan las estructuras de las anteriores compañías, tanto de riego como de desagüe . Ampliar en: http://pepehermano.blogspot.com.es/2013/04/del-arroz-amargo-3-al-avion-laser-y-gps.html

Esta es la configuración actual, que debe de ser muy parecida a la que tenía en 1945, ya que entonces se tuvieron que instalar las bomas necesarias para poder regar la Zona Tercera y que tenía igual capacidad de elevación que la actual.

La Comunidad del Mármol inicia los trámites para su constitución en Enero de 1946. 
Se presenta a los miembros de la futura Comunidad el proyecto de las Ordenanzas de la Comunidad y los Reglamentos del Sindicato y Jurado de Riegos, preparados para su aprobación por la CHG y el Ministerio de Obras Públicas. Una vez revisado por los partícipes: 4 propietarios con un total de 190 has y R. Beca y Cia con 2413 has, se eleva al Organismo de Cuenca y Administración Central para su aprobación. Podemos observar que al Compañía controlaba más del 90% de los votos y que los colonos, que llevaban ya dos o tres años cultivando arroz en régimen de propietarios no aparecen por ningún sitio. El mismo año se constituye un Comité de Gestión, donde seguía mandando exclusivamente la Compañía, encargado de gestionar la Comunidad hasta su constitución.

En 1947 la Comisaría de aguas de la CHG, aprueba las Ordenanzas y Reglamentos con dos correcciones obligatorias: La prohibición de colocar artes de pesca en las aguas de la Comunidad (es decir desde que se toma el agua del río o cauce público hasta que es devuelta, obligatoriamente a un cauce público) sin la autorización expresa de la Comunidad. Y el segundo, más importante, es la obligatoriedad de crear un Cuerpo de Regantes, formados por todos los partícipes de la comunidad sean propietarios o no, para darles voz en las Asambleas. Esto me lleva al convencimiento que R. Beca y Cia vendía las parcelas a los colonos pero no les otorgaba escritura hasta que pagaran totalmente su importe total, ya que en el ´47 había muchos colonos propietarios que no aparecen en los Organos de Gobierno hasta el año próximo cuando se realiza el Censo Provisional de propietarios

A finales del ´48 vemos aparecer en las listas de vocales a los dos primeros colonos valencianos junto a otros propietarios sevillanos que ya eran independientes del poder Central Isleño ejercido por  R. Beca y Cia. Estos arroceros, que son admitidos en las primeras Juntas de gobierno, eran poco más que oyentes por mucho que protestaran. Juan Grau Viel (el primer colono valenciano que se incorporó a la colonización) entró a formar parte de la Junta General y Fernando García Meseguer al que nombraron como uno de los Jurados de Riego. De todas formas el sistema electoral, directamente proporcional a las has, y la división de las tierras de la Compañía, que seguían estando bajo el control de la misma, a nombre de hermanos, hijos y sobrinos de R. Beca, les seguía proporcionando el control total de todos los órganos de decisión y control de la Comunidad y de las nuevas tierras que eran puestas en regadío en la Isla Mayor.


La Comunidad de Regantes del Canal de Isla Minima.


Isla Mínima.- “1888: La corta de Los Jerónimos, que con una longitud de seis kilómetros seiscientos metros ahorraba trece kilómetros respecto al cauce primitivo. Las tierras comprendidas entre este cauce y la corta realizada, arrebatadas también a la Isla Menor, pasaron a formar parte de lo que se conoce como la Isla Mínima. (sic.wik) 

En los ´40 R. Beca y José Escobar compran esos terrenos, el primero para transformarlos y plantar arroz y el segundo con vocación ganadera. Allí se crían los famosos toros bravos de las ganaderías de La Viuda de Concha y Sierra y los de Escobar. Más tarde los Escobar construyen un poblado de colonización “el Poblado de San Leandro” y transforman en arrozal la mayor parte de sus tierras. Poco tiempo después también los herederos de la viuda cultivarían de arroz esas tierras ganaderas. Esta Historia la saco a colación porque en adelante a la Comunidad de regantes del Canal de Isla Minima la denominaré Comunidad de Regantes de Minima dejando el nombre de Isla Minima al resto de comunidades de regantes que queden en el interior de la misma.

Este es el Canal de la Comunidad de Minima visto desde el puente de Calonge. a la izquierda vemos las instalaciones de la depuradora y a la derecha los almacenes de Sarrió.
Hasta finales de los ´40 el canal llegaría al brazo de los Jerónimos para regar las tierras de R.Beca y Cia, de Isla Minima. a partir del 51 ya se construiría el viaducto que atraviesa el viejo río y en el 53, para la visita de Franco ya estarían las instalaciones de reelevación del Toruño y el inicio de las obras para Calonge.

Aquí podemos ver, al fondo, las compuertas de regulación del canal del Toruño,  a la izquierda el brazo que sale para los riegos de la mayor parte de las tierras de Agropecuaria y a la derecha la salida de la bomba de reelevación.

Esta estación de reelevación de las aguas del Toruño Central, Vuelta de la  Arena, también era y es utilizada para reforzar los caudales de agua en momentos de mayor necesidad.

La Comunidad de Regantes de la Minima inicia su actividad jurídica en 1951, coincidiendo con la construcción de la nueva casa de bombas, ya que anteriormente ya se regaban parte de los terrenos, de Isla Minima de Beca, con una Boma instalada en los Jerónimos, para abastecer las tierras que R. Beca había vendido o arrendado a colonos valencianos y que deben pertenecer a las oleadas anteriores al ´50, que se instalan en sus parcelas cuando se establecen y a los que más tarde ya les vende solares en el Puntal para ir creando un pueblo, seguramente con intención de independizar la Isla de la administración local de Puebla del Río. Algunos de ellos, aprovechan las casas construidas por los presos junto con los empleados de la Compañía, del molino, de las bombas, el cartero, mecánicos etc. y otra parte compra su solar y construye unas casas de acuerdo a sus necesidades.

Pero ninguno de estos colonos, que llevaban años sembrando, lo encontramos incluido en la Junta Constituyente que se crea en el ´52, formada por R. Beca, Brugarolas, Antonio Pascual, Losada y Pérez de Guzmán, José Villalonga y Cotoner, nombres de peso en la aristocracia Sevillana, y Llorente Gordillo, representado por Rodrigo García Muñoz ,  que es nombrado  secretario de la Junta Administrativa Provisional, cargo que seguirá manteniendo cuando se nombren los cargos definitivos, ya que continuará como secretario de la Comunidad. Años más tarde también ocupará ese cargo en la comunidad de Queipo, en representación de Agropecuaria y creará la Cooperativa Arrocera del Sur para buscar la financiación de las compra-ventas. Esta concentración de poderes controla las ampliaciones hasta 1975.

R. Beca y Cia, controla la comunidad del Mármol y la de Mínima, además de la mayoría de las tierras al occidente de la carretera de Calonge-Reina Victoria. La parte izquierda pertenecía a Agropecuaria y (según nos cuenta Maribel Olivares, en su blog) llega a un acuerdo con R.Beca, mediante el cual la Compañía se encargaba de gestión para la Autorización del Coto Arrocero y la Concesión de Riego de la CHG. Como compensación Agropecuaria le ofrecía el cultivo y la producción de los tres primeros años de las nuevas tierras. La CAS, escrituraba las tierras a su nombre, se encargaba de la gestión del Crédito Agricola para cada una de las fases A, B, C, D, etc y los vendedores cobraban sus tierras a la obtención del crédito. Nosotros, los agricultores, nos convertíamos en adjudicatarios de las parcelas que comprábamos, siendo avalados nuestros créditos por las propias tierras hipotecadas más el aval de la propia cooperativa propietaria de miles de has. La multiplicación de avales por compra, créditos de campaña, avales a terceros y ¿qué se yo cuántas cosas más¿ seguramente han sido la causa, por la que sacar nuestra tierra de cooperativa y escriturarla a nuestro nombre, era una ardua tarea que tardaba varios años.

Retornando al ´52, se aprueban los Reglamentos de la Comunidad por la Asamblea y se elevan a la Administración para su aprobación. La CHG los devuelve con tres anotaciones para su rectificación;
- Primera: debe quedar claro que las aguas son públicas y se tienen que devolver a un cauce público tras su uso. (Se repite, nuevamente, "el error" de los Estatutos del mármol. Me lo expliquen)
- Segundo: se le pone límite máximo a las multas que puede aplicar el Jurado de Riegos, ­igual que había ocurrido en los Reglamentos del Jurado de riegos en Mármol. ("Otro error" que sabían retrasaría la apobación de los Estatutos de la Comunidad)
- Se modula el número de votos por propietario, para evitar un exceso de control por parte de R. Beca o de grandes propietarios. Aunque el libro de Arteaga explica la modulación,  no me queda claro cómo se realizaba este reparto de votos con más de 15 has. Pues la redacción,  me deja en duda (sic) “podrá tener un voto por las 5 primeras, otro por las 10 segundas y otro tercer voto por las 30 siguientes,…” De todas formas es evidente que se pide a la Comunidad que se realice una modulación del voto pata que no sea directamente proporcional la superficie.

Posiblemente las quejas que habrían elevado a la CHG los regantes del Mármol que, a pesar de haberles otorgado, sus Estatutos, voz y voto en la Asamblea General, el resultado final era que no tenían ningún tipo de control sobre la Comunidad. Tal vez éste, fuera el motivo por el cual la CHG no aprueba estos Reglamentos de Minima, presentados igual que los de Mármol donde el voto era directamente proporcional a la superficie regada. Era tarde para solucionar su problema de Mármol pero en la CHG tomaron buena nota para corregir la indefensión del pequeño y mediano agricultor frente a los terratenientes.
Es curioso que yo, que desconocía esta ponderación de los votos, me enteré de ella leyendo a Arteaga. Después de ésto, me di cuenta que la había reinventado en el 1980, cuando preparé los Reglamentos de la Comunidad de la Ermita. La distribución proporcional (que no directamente proporcional, como actualmente, se utiliza en las tres Comunidades de Mármol, Queipo y Mínima) ya se había realizado en la Isla treinta años antes, "aunque de forma obligatoria". Pero cuando yo estudié los Estatutos de Minima y Mármol, éstos, ya se habían vuelto a cambiar, dejándolos como estaban en Mármol, siendo un voto por cada 5 has. y si a un agricultor le sobraba una fracción o no llegaba a las 5 has tendría que unirse a otro que tuviese menos de 5 has para tener un voto, sumando ambas fracciones.

Por esa razón preparando los Estatutos de la Comunidad de Ermita, a los que dediqué muchas horas, intenté aplicar un sistema de votación, equilibrado desde el punto de vista democrático pero viable desde el punto de vista económico. En los estatutos de Ermita, si no recuerdo mal, tienen un voto por cada agricultor, la mayoría de los regantes:
1º voto.- Desde 2.5 has hasta las 12.5 has (las parcelas oscilaban todas entre las 9 y las 12.5 has, aunque había agricultores con más de una parcela)
2º voto.- Se tenían 2 votos entre las 12.5 y las 25 has.
3º voto.- Se tenían 3 votos entre las 25 y las 50 has
4º voto.- Se tenían cuatro a más a partir de las 50 has. Uno más por cada 50 has

De esta forma se evita que el control quede en manos de dos o tres grandes agricultores (y era el caso de  Cantarita), pero también había que evitar que una Comunidad, que es una empresa dedicada a una actividad puramente económica quedase en las manos exclusivamente del pequeño agricultor con intereses claramente distintos. Para tomar las grandes decisiones o cambiar los Estatutos había que contar con 2/3 de los votos, por lo que era imprescindible un acuerdo de consenso.

A finales de 1954 la CHG aprueba el expediente de la Constitución de la Comunidad de Mínima, quedando pendiente del cambio pedido en el Reglamento del Jurado de Riegos, que se acepta por la Comunidad el modelo Oficial. La Comunidad se aprueba con una concesión de 5.000 l/seg para regar, la zona Tres (que hasta entonces regaba desde Mármol y desde el Canal de Casa Riera), Veta la Mora, Príncipe de Gales, Punta del Este, Mª Cristina y Caneli, con un total de 1.652 has. En la foto que vemos a continuación del ´56 ya podemos apreciar que se está regando casi tidi el Toruó, El Metalico y la Vuelta de la Arena, aunque quedan grandes superficies en el interior de la zona regada que no se sembraron hasta años más tarde por ser lucios con un alto grado de salinidad.

La comunidad de Minima regaba en 1956 aproximadmente todo lo que está en el interior de las cuadrículas en color rosa. Sigue faltando la parte de Calonge y Reina Victoria que no aparece por debajo de la linea amarilla de la comunidad de Queipo.



Sin embargo, mi padre ya había comprado en el ´53 y realizó su primera siembra en el 54 en la finca del Toruño que se regó también el año anterior, 1953, una parte de arroz y otra de algodón. Es más se había puesto en marcha el mayor proyecto de transformación, en un solo año, el del Toruño con 1.000 has nuevas, sin la concesión de aguas. Sé que no teníamos concesión porque mi padre denunció el contrato por falsedad documental, ya que él había comprado tierras con coto arrocero y concesión de agua, lo que era falso. Resultó que el ´54 ya fue un año problemático de salinidad, por lo que me temo que mi padre dudaría mucho de haber relizado una buena inversión con sus magros ahorros y estaría viendo la posibilidad de recuperar su dinero y regresar a Sueca.  El vendedor tuvo la suerte de que unos días antes de la sentencia se habían concedido ambas cosas y “la broma” le costó a mi padre una hipoteca que hemos estado pagando muchos años. Seguro que el vendedor, un tal Cuesta, vecino de Valencia capital, también habría comprado en esas condiciones y así las revendió con buenas ganancias. Pero esto ùltimo, es pura especulación por parte mía.

Además de utilizar para riego las aguas provenientes del río habia bombas de apoyo, Ermita y la del Toruño y otras de reelevación para regar los finales de riego, ésta intalada antes de los Tres Puentes y otra en la Vuelta de la Arena.  

La Comunidad de Mínima sigue aumentando la superficie regada, hasta llegar a una superficie total de algo más de 6.000 has manteniendo una perfecta sintonía, de R.Beca --Agropecuaria --Cooperativa Arrocera del Sur, para la incorporación de nuevas tierras. Asi continúa hasta 1975, cuando, Juan Grau, Cabrera y Jerónimo Borrego, apoyados por gran cantidad de pequeños agricultores y capataces que quería acceder a un trozo de tierra, los líderes de la Cooperativa la Ermita, provocan la ruptura del sistema hegemónico utilizado por los anteriores "capitostes". Esta es una larga, intrincada y desagradable historia a la que dedicaré capítulo aparte con el nombre de Comunidad de Regantes de la Ermita, que contaremos a continuación

Comunidad de Regantes de Queipo de Llano.


La primera casa de bombas para regar la actual zona de “Queipo”  se instala en el Brazo de Los Jerónimos en 1938 para regar 900 has en el entorno de lo que más tarde sería el nominado, por Rafael Beca, el Poblado de Queipo de Llano. La primera y segunda bomba la hemos visto en el apartado de los riegos anteriores alas comunidades de Regantes. Pero la historia de la actual comunidad se inicia tras la compra por parte de la Fundación Queipo de Llano de una gran superficie de tierra que, según mis cálculos, debe rondar las 500 has.

Durante la guerra civil española  “el pueblo” de Sevilla, capitaneado por el Ayuntamiento, realiza una suscripción popular para regalarle al General Queipo una isleta que existe en el Guadalquivir tras la Corta de Los Jerónimos. El general rechaza la donación a título personal pero crea una Fundación que (según algunos) vende esa isleta y compra tierras en lo que más tarde será la Comunidad homónima. Otra versión es que directamente el dinero se invierte en la compra de las actuales tierras de La Fundación y decide darlas en arrendamiento vitalicio, incluso transmisible en herencia, a los colonos que considera pertinentes  y en este caso son colonos de los más diversos rincones de Andalucía, a tenor de los que personalmente conozco y en cuya elección el ser valenciano y arrocero no le daba ventajas sobre otros que estuvieron castigados por la República por el hecho de no compartir su filosofía. 

Por otra parte, el empuje de la nueva Fundación, la entrada de Agropecuaria del Guadalquivir que había aumentando sus inversiones en las tierras arroceras de las Marismas debido a los problemas que la familia Bemberg estaba teniendo con el Gobierno Argentino y las tierras que R. Beca o Agropecuaria había vendido a nuevos colonos, preferentemente valencianos, imprimen a partir de 1945 un fuerte empuje para cultivar las tierras y colonizar las lindantes. Caneli se regará primero desde ésta Comunidad y más tarde se traspasará su abastecimiento al canal de la Comunidad de Minima.

A pesar de la gran cantidad de colonos, propietarios o arrendatarios, no es hasta 1953 cuando la Compañía decide poner en marcha la constitución de la Comunidad. Como R. Beca ya estaría en discordancia con el Ayuntamiento de Puebla, en lugar de convocar el alcalde de Puebla, utiliza a la Hermandad de Labradores y Ganaderos con el fin de reunir a los regantes propietarios y formar una “constituyente” que preparase el Proyecto de Estatutos. Esta Comisión quedó formada por:
           - R. Beca, cuyo representante sería Pedro Beca, hijo de R. Beca, que hacía ya muchos años que              se encargaba de todas las operaciones y negociaciones.
- Agropecuaria del Guadalquivir, representada por Rodrigo García Muñoz que como podemos comprobar estaba afianzando su poder en el control de las comunidades, para dar el gran salto cualitativo para el control de la venta de tierras a través de la Sociedad Cooperativa Arrocera del Sur. 
             - Enrique Font, valenciano y propietario.

Tras un año de debates se aprueban en la Asamblea General los Reglamentos de la Comunidad que son enviados a la CHG. Un año más tarde son aprobados con la salvedad (sic, G.Arteaga) de que debe eliminarse el Art. 75 donde se "reseña la incorporación de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de la Puebla del Río" ?Alguien se puede tragar que con tanto abogado no sabían que la Hermandad no era un regante¿ y sin embargo a los regantes, que podían, se los quitaban de la asamblea para que no diesen la lata, ni con su voto ni con su voz, que sólo se elevaba en la calle para protestar. Con esta maniobra se alargaba otro año más "el control de la Comunidad por los grandes sin poder ser controlados por los pequeños regantes "


Aquí repetimos la foto donde queda enmarcada en amarillo lo que es la comunidad de Queipo de Llano como era aproximadamente en el ´55 cuando queda legalmente constituida.
Poco después se le añade el riego de Caneli, el pago que limita por su parte Sur, pero al llegar suficiente agua por el canal de Poniente se cambia el riego de Caneli a la Comunidad de Mínima, ya que la calidad del agua era mejor de forma signidicativa, en cuanto a menor salinidad.

El pasado 12-12-14, Maribel Olivares subió en facebook la foto de un mapa, elaborado por su sobrino Fran Olivares,  donde se ven las Islas Mayor, Menor y Minima. En ella se ve sombreado en verde oscutro la parte ganadera de La Veta de la Palma, de los Bemberg (Agropecuaria del gGadalquivir) y en verde claro la parte destinada a riego de arrozal, también propiedad de la misma familia. Los cuatro post del blog La Isla del Arroz Presente y Pasado, junto con el plano son imprescindibles para entrender los movimientos de la puestas en riego de los años ´50-´60 donde se incorporaban a los nuevos regadíos las tierras de R. Beca y Cía y las de Agropecuaria del Guadalquivir.

La parte sombreada en verde pertenece al territorio propiedad de los Bemberg tras la partición de Ismagsa en 1942

Las personas claves en toda estas negociaciones para las nuevas puestas en riego y facilitar el acceso a los agricultores fueron Pedro Beca y más tarde los dos secretarios de la Cooperativa Arrocera del Sur y las Comunidades.

Rodrigo García Muñoz, artífice de todo este entramado societario para la ampliación de la zona regable y venta de las tierras,  dando a los agricultores la posibilidad de comprar tierras con sus propios avales a través de la Cooperativa Arrocera del Sur,  fallece en un accidente de tráfico (en la Nacional de Sevilla a Córdoba. Recuerdo este dato porque mi padre me señaló el sitio exacto cuando pasábamos camino de Valencia en una doble curva realizada para cruzar la vía del tren), cuando iba a realizar una gestión al Banco de Crédito Agrícola para una nueva Operación. 

Tras su muerte,  Celestino Fernández Ortiz,  lo sustituye en sus cargos cerrando el círculo del "control absoluto” de todo el sector arrocero sevillano, asumiendo los cargos más importantes del mismo: Secretario de las Tres Grandes Comunidades de la margen derecha, Secretario de la Cooperativa Arrocera del Sur, Secretario de la Caja Rural de Sevilla, representante de las tres comunidades en la CHG, Secretario de FASSE de la Zona Sur, abogado, periodista y persona de un reconocido prestigio y poder político.