lunes, 16 de julio de 2012

PROYECTO ARROCERO EN PARAGUAY. 1. Primer viaje


PROYECTO ARROCERO EN PARAGUAY. 1. Primer viaje

Jardín Casa Directorio.
Finales de octubre de 1992. 500 años del descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Yo tenía la impresión que también iba a descubrir “mi américa” en aquella tierra prometida para los europeos desde hace 500 años y que desde entonces, unas veces más y otras menos, siempre han contado con una migración continua auspiciada por múltiples factores. Desde las primeras migraciones, por motivos generalmente admitidos, como la Conquista, la salvación de las almas de los indios y sobre todo la captura de las inmensas riquezas  que poseían las civilizaciones indígenas descubiertas, les siguieron 80.000.000 de europeos con la esperanza de mejorar su estado de vida, que en Europa era muy difícil en esa Alta Edad Media, con sus hambrunas y guerras religiosas,- trasladándose allí, tomando a veces opciones heroicas, pues las travesías en aquellas naos de madera no eran una cuestión menor y doblar el Cabo de Hornos con aquellas cáscaras de nuez era una proeza que no todos los que lo intentaron lo pudieron contar,- y finalmente las huidas forzadas por las consecuencias de las guerras o las presiones de las deudas.  
Este primer viaje mío no lo podría encasillar en ninguna de esas opciones porque era un simple viaje de inspección para ver el lugar, sus gentes y el resto de condiciones necesarias para desarrollar en el Chaco un proyecto de arroz enviando allí a unos agricultores, amigos o conocidos de Isla Mayor, que se involucraran de lleno en el mismo. La idea del proyecto había nacido de la charla amistosa y casual entre D. Pedro Beca y D. Hernando Campos. Se habían conocido en el Ritz de Madrid y en su conversación salió, en algún momento, la enorme finca que tenía la empresa Carlos Casado en el Chaco paraguayo, lugar con tierra, clima y agua para llevar a cabo un proyecto de arroz. Pedro le contó a Hernando que él había finalizado la gran obra iniciada por su padre, -R. Beca-,  en la colonización de las Marismas del Guadalquivir y esa ha sido la razón por la que, -previo a este capítulo-,  hemos realizado el trabajo sobre la biografía de Carlos Casado del Alisal y Rafael Beca Mateos, a fin de situar los próximos acontecimientos que vamos a describir y quiénes fueron sus personajes claves.

Hernando Campos, padre  de María y suegro de Ángel Cavanagh

D. Hernando tiene una participación vital al inicio del proyecto, pues su charla con Beca es la que pone en marcha todo el proceso, pero posteriormente se difumina ya que su implicación está basada en ser el suegro de Ángel Cavanagh Casado del Alisal, uno de los tres directores de la empresa dueña de la tierras y el responsable de llevar a cabo el proyecto dentro de Carlos Casado S.A. Con D. Hernando tuve la suerte de compartir mi viaje a Puerto Casado que podéis ver en el  enlace; LA AVENTURA DEL CHACO 3. A través de la selva. donde nos quedamos tirados en mitad del camino a Puerto Casado y que hemos narrado anteriormente. Era una persona afable, inteligente, que disfrutaba de las pequeñas cosas de la vida y con el que era muy fácil relacionarse. Después de aquello lo perdí de vista y aunque le preguntaba a María, su hija, por su salud no recuerdo haberlo vuelto a ver. Guardo de él una magnífica impresión.

Pedro Beca Gutierrez

P. Beca había dedicado su vida al proyecto iniciado por su padre de la transformación de las Marismas  del Guadalquivir, tierras inhóspitas y malsanas, en la primera zona arrocera de España. Fue su mano derecha desde el inicio y él llevó hasta el final ese magno proyecto en el que tuvieron una importante misión las cooperativas de acceso a la propiedad: Cooperativa Arrocera del Sur y La Ermita-Cantarita. Por cierto que al final de las transformaciones de la Marisma me tocó liderar la mayor S.A.T (Sociedad Agraria de Transformación) de iniciativa privada de esa época. Transformamos, de secano a regadío, Cantarita con un superficie total de 2.700 has y ahí,- junto con mi querido amigo e ingeniero de la sociedad, Rafael Grau, -que me enseñó todo cuanto sé sobre caudales, velocidades máximas en canales de riego y desagüe y cantidades de agua necesaria en cada caso-, diseñamos su trazado y corregimos todos los fallos que habíamos tenido que sufrir en las infraestructuras de la puesta en riego de los proyectos anteriores. Por ejemplo, carreteras, caminos y canales tienen unas medidas que no habrá que rehacer nunca , -si no se cambia su utilidad- , además los servicios comunes están excluidos de las tierras que compramos los agricultores, al contrario de lo que hacía Beca que nos vendía parte de los canales y caminos con lo que nuestra tierra hoy es inferior en superficie útil a la que compramos y tenemos en escritura.  P. Beca, por su parte, con  ese continuo contacto con las marismas se convirtió en un erudito en historia de la Isla y de las civilizaciones que por aquí pasaron o se asentaron. Tenía un profundo conocimiento de los pueblos, sus costumbres, carácter, religión, interacción con otras culturas y todo lo relacionado con su modo de vida e idiosincrasia. Era fascinante escucharlo hablar de los Tartesios relacionados con los Fenicios, los árabes con los vikingos, los moros con los cristianos, con una fluidez y continuidad entre culturas, religiones y costumbres que, por  lo menos a mí, no me cansaba. Pero también era un hombre controvertido, difícil y muy dado a solucionar sus problemas por la vía jurídica. Al final de su vida, que ya nuestra relación era amistosa, -tras unos enormes encontronazos que nunca se desbordaron-, yo solía decirle: ¿Y hoy con quién vamos a empezar a pleitear?  Mi relación profesional con Pedro se inicia en 1979 con motivo de mi nombramiento como presidente de la cooperativa de la Ermita, que le había comprado una parcela -“El coto los Patos”, sitio que R. Beca y Cía, tenía reservado para agasajar a sus ilustres visitantes aficionados a la cacería,- para transformarla en arrozal y que la compradora, La Cooperativa de la Ermita, no le había pagado los plazos acordados por las dificultades iniciales en el riego y las malas cosechas obtenidas. Por supuesto Beca inició un procedimiento judicial para recuperar las tierras. Con el relevo de los rectores de la cooperativa , donde fui nombrado Presidente de la Cooperativa y de la Comunidad de Regantes de la Ermita, iniciamos una  renegociación de la deuda que se llegó a buen término, con los roces normales en estas situaciones extremas. En una de ellas se equivocó respecto a mi ética personal y aquel buen hombre recibió por teléfono la bronca más grande que yo haya "regalado" a nadie en mi vida y seguro, también, la mayor que él nunca había escuchado. Pero tanto él como yo sabíamos que era merecida por lo que la asumió de un tirón, callado y sin protestar ni añadir nada. A partir de aquel momento y con las posturas definidas con claridad meridiana empezó una amistad de la que no me arrepentí jamás. Tanto confiaba en mí que cuando él realiza una visita Puerto Casado en el 91, para ver la finca y   comprobar las posibilidades del proyecto arrocero, deciden que allí se podía intentar y, antes de iniciarlo,  me busca para pedirme que sea yo la persona que se encargue de buscarle  los agricultores que se podían enviar allí.  Mi respuesta fue inmediata: antes de enviar allí a nadie quería ver el lugar donde iban a vivir, las tierras donde se iba a sembrar el arroz y la empresa con la que se tendrían que relacionar. 
Y aquí empezó mi aventura paraguaya, la experiencia más enriquecedora que tuve jamás. Y eso que he tenido muchas vivencias enormemente valiosas de las que me siento muy satisfecho. 
Para terminar de situaros es necesario hacer una pequeña presentación de la Empresa con la que nos íbamos a relacionar. Carlos Casado S.A. es la empresa creada por aquel gran hombre del que hablamos hace un par de capítulos, Carlos Casado del Alisal, de la que tengo, en este momento,  un folleto en mis manos de presentación en español e inglés de primeros de los ´80 donde nos cuenta sus actividades y  situación patrimonial. El folleto nos muestra una empresa argentina que cotiza en bolsa y que tiene un patrimonio inmobiliario muy superior al millón de hectáreas, el puerto sobre el río, el ferrocarril, con 14 locomotoras, 285 km de railes y una producción de tanino muy inferior a las 2400 tm mensuales de potencialidad productiva. Todavía mantiene, en ese tiempo, 1800 operarios en fábrica, oficinas, repuestos, estancias y 500 hacheros en los obrajes para la obtención del quebracho. Cuentan con 8 Estancias y una hacienda de 60.000 cabezas de ganado y toda la estructura viaria para su explotación, como también el personal técnico administrativo y directivo necesario. En 1992, cuando visitamos por primera vez Puerto Casado la situación era significativamente distinta. No tengo datos, peo sí vista analítica y sentido común. Estos datos que estarían generosamente trasladados a papel con intención de promocionar la empresa, contrastaban con lo que yo puede apreciar. De la superficie, muy superior al millón de has quedaban cerca del millón, aunque en realidad 100.000 has más o menos, en este momento, no eran el quid de la cuestión. Nunca pregunté nada referente a los activos de la empresa por lo que los datos se basan en mi simple observación y no están contrastados. Yo sólo conocí cuatro estancias y no puede ver grandes rebaños de hacienda.
Lo que sí vi fue mucho personal trabajando, más bien vagando, por la empresa. Era bochornoso ver grupos grandes, muy grandes,  de peones que estaban tomando tereré y que cuando nos veían venir doblaban una esquina para no mostrarse descaradamente ociosos, aunque todos sabíamos ya que allí se estaba pagando una paz social. En la primera visita al interior de la fábrica de tanino Ángel Cavanagh me preguntó qué me parecía toda aquellas grandes instalaciones. Sin pararme a reflexionar le dije que aquella fábrica era un dinosaurio y que éstos hacía 60 millones de años que habían desaparecido de la faz de la tierra. Entonces no sabía, todavía, que los japoneses habían inventado un producto sintético que sustituía muy ventajosamente al tanino. Aquella actividad estaba muerta y sin ninguna posibilidad de reactivarse ya que, además, esta extracción de tanino, cortando quebracho y destrozando selva para ello, era perjudicial al medio ambiente, porque la empresa no había tomado la medida de replantar cada uno de los árboles que habían ido talando durante sus cien años de actividad. Tras mi dura aseveración añadí un par de críticas, de buena fe:  Su estructura era como un Estado pequeño, con una enorme burocracia ya viciada por la decadencia, con total ineficacia productiva. Mi segunda crítica constructiva era contra el “paternalismo” de la empresa con sus empleados, lo que me recordaba las relaciones del señorito andaluz con sus peones y su desenlace traumático. Esta situación sólo se arregla pagando un sueldo justo y cada uno que se apañe como le convenga.

Preciosa máquina de vapor con más de cien años. Una pieza de museo que bien podía continuar trabajando algunos siglos más.

En el 92 todavía funcionaba esta enorme máquina de vapor con más de cien años de funcionamiento continuado. Esta enorme polea que aquí se ve trasmitía su fuerza a un enorme eje central que la repartía la energía  al resto de la fábrica a través de un ingenioso sistema de poleas. La electricidad la generaba un enorme motor Caterpillar que atendía las necesidades de la fábrica, las de las casas de los directivos y de forma limitada al resto del pueblo. Este fue el primer pueblo paraguayo, incluida la capital, que tuvo luz eléctrica y agua en las casas. En realidad la luz eléctrica tiene su instalación definitiva con la potencia necesaria en el año 1994, cuando instalan una línea, de Alta Tensión, directa desde Itaipú, la misma que llevaría la electricidad a los menonitas y que costaría la extradición y con ello la cárcel, a nuestro “anfitrión” en la aventura del Chaco,  Wólfram  Weber. 

El piloto, Eugenio Hermosa,Chacho, Federico Fernandez Santos, Eugenio Bertolí, Oscar Ferreiro, Ángel Cavanagh y Pepe Hermano

Una vez situado el lugar sólo falta que lleguemos nosotros, que lo hicimos el 3 de Noviembre pues el día anterior con la lluvia no se podía aterrizar y lo dedicamos a intentar  visitar una zona arrocera cercana a la capital a la que tampoco pudimos llegar. Estas fallidos intentos de desplazamientos en Paraguay son algo habitual a lo que empezamos a acostumbrarnos nada más llegar. En cambio sí pudimos ver un par de “ingenios”, mal llamados molinos arroceros, de pequeñas explotaciones que intentaban aprovechar el valor añadido de  la explotación y que vendían su arroz blanco gracias a la poca exigencia en la calidad obligada allí en aquel momento. Oscar Ferreiro, mi adoptivo padre paraguayo, nos había atendido desde el primer momento y nos había instruido en las cuestiones que más nos interesaban en aquel momento de pre-estudio del proyecto. La poca facilidad de crédito a corto y largo plazo, los altísimos intereses, maquinaria, fertilizantes, pesticidas, el precio del arroz cáscara, del blanco, la inflación, la estabilidad política, relaciones con la administración, facilidad de acceso a los miembros del Gobierno y sus Gabinetes, etc. etc.
El grupo lo formábamos por parte española: D. Federico Fernández Santos, Presidente de la Caja rural de Sevilla que sería el responsable de encontrar la financiación necesaria para todo el proyecto, D. Eugenio Bertolí, Ingeniero Agrícola y director de una gran explotación arrocera en la Margen Izquierda del Guadalquivir, que sería el responsable de infraestructuras y búsqueda de mercado y yo que entonces figuraba como persona responsable de buscar a los agricultores que tendrían que asumir esa transformación y realizar los cultivos. Por parte de la empresa estaba: D. Ángel Cavanagh, uno de los tres directores de CCSA  (Carlos Casado S.A.), D. Eugenio Hermosa, capataz general de todas las estancias, D. Oscar Ferreiro, agrimensor que tenía en su currículo el haber medido la mayor parte de las tierras del Chaco ya que llevaba más de cincuenta años en esos menesteres, como persona clave en todas las mediciones de la empresa desde tiempo inmemorial.

Vista parcial de Casilda. Al fondo las instalaciones de la fábrica de cemento en Vallemí

Por la mañana hicimos una visita a la fábrica de tanino que ya hemos mencionado al inicio y tras la comida salimos en canoa, por el río Paraguay, aguas arriba hasta llegar a la Estancia Casilda de la que ya os he hablado en otro capítulo de Las Aventuras del Chaco  y que era el lugar donde Ángel estimaba que se podía realizar el proyecto. Es un lugar bastante bien situado, junto al rio, frente a un pueblo y con un enorme palmar donde las labores de desmontar y nivelar serían menores que en las partes donde la vegetación es más espesa y los desniveles mucho mayores. Se puede apreciar al fondo la fábrica estatal de cemento, montada por una empresa española y que en aquellos momentos era una de las poquísimas industrias que tenía Paraguay. El pueblecito se llama Vallemí y a pesar de estar peor comunicado, por tierra, que Puerto Casado, tenía la pista de aterrizaje de hormigón por lo que allí se podía contar con cierta seguridad en los programas de viaje.

El encargado de la estancia, indígena Maskoy que cuida el potrero de caballos y que vive allí con la familia. Detrás podéis observar la cabaña, construida de troncos de palmeras, someramente enterrados y amarrados unos junto a otros, sin argamasa ni cierre superior,  por lo que no necesita ventanas para la ventilación. El techo de "tejas de palmera", un tronco cortado por la mitad y vaciado. Si no llueve no se moja.

Allí en la Estancia Casilda estaba viviendo el Maskoy, con su familia,  encargado del cuidado de los caballos de aquel gran potrero donde los tábanos me pagaron la gran paliza. Esta silla de montar que vemos en la foto sería la de Ángel, pero si se fijáis en las demás, -en la próxima fotografía-, no llevan el armazón superior.  Aquí incluyo el pequeño relato de Las Aventuras del Chaco, en coche y a caballo donde cuento las peripecias de este paso a caballo. Las sillas de montar chaqueñas sólo se parecen a las nuestras en que tienen estribos y cincha. Cuentan con una manta para proteger el lomo de la caballería, un saco relleno de paja, lana u otro material muelle, una piel de borrega  y el cubre-todo donde van amarradas las espuelas y la cincha que amarra todo el conjunto donde se apoya el jinete. Como podéis comprobar no tiene pomo donde agarrarte,  -que en el Chaco lo evitan para que en una caída fortuita no reviente al jinete si el caballo rueda sobre él-, ni tiene silla donde colocarte y mantener las piernas cerradas alrededor del cuerpo del animal. Allí vas sentado con las piernas abiertas, como si te sentaras sobre una mesa de comedor, con un cojín debajo y así cuando me bajé del caballo, tras más de dos horas de paseo, tenía agujetas hasta en el cielo de la boca.
Pero aquella no fue la única experiencia dolorosa de la mañana. Aquel enorme palmar, lugar húmedo, con charcos y habilitado como potrero para caballos, era un edén para los tábanos, esas enormes moscas negras, que en la bética romana las llamarían “muscus testicularis” por lo pesadas, reincidentes y por el lugar preferido donde situarse. Pero en realidad los pesados no son los tábanos -a los que les gusta ir de flor en flor “libando el néctar y el polen”-, si no las “tábanas” que son hematófagas, como nuestro queridos mosquitos marismeños o los vampiros chaqueños, pero con una notable diferencia. Mientras mosquitos y vampiros cuando te clavan el aguijón o te lijan la piel para extraer sangre, simultáneamente, inyectan un sedante vasodilatador, mientras que estas “tábanas canallas” en lugar de picar parece que muerden, como los vampiros humanos de la Selva Nagra, que clavan sus colmillos en el cuello. Yo que iba vestido de verano, aunque llevaba manga larga, pensando en los mosquitos, no llevaba botas si no que tenía puestos los zapatos de calle normales con unos calcetines ejecutivos negros, que es como enseñarle el capote rojo a un miura. ¡Qué paliza me dieron!, tenía que llevar los pies delante, en la parte superior de la silla para intentar ahuyentarlas lo más rápido posible.

Preparados para la excursión.

Tanto Federico como Eugenio habían declinado la invitación del paseo a caballo, para ver de cerca el lugar elegido. Ya se consideraban mayores y pesados para ese paseo por lo que al final me quedaba solo en la responsabilidad de dar el visto bueno a esta tierra para la experiencia arrocera. De entrada yo tenía ya una gran reserva sobre la idoneidad del lugar. Estaba en medio de la nada y un proyecto allí tenía que tener la suficiente sinergia para poder generar y mantener los servicios necesarios para que se auto-mantuvieran. Es decir tenía que construirse todo; casas, talleres, repuestos, servicios médicos mínimos y lo más difícil de llevar, las máquinas necesarias, respaldadas por  sus respectivas casas matrices que nos atendieran y el personal  especializado para mantenimiento de las mismas. Aquel proyecto, en aquel lugar, era algo tan difícil de llevar a cabo como la transformación de las Marismas, eso si, con maquinarías y modelos de producción que entonces ni se soñaba con ellos.

Puerto Casado o La Victoria, con la fábrica a la derecha, con su muelle, junto al río

A las 6 de la mañana fui a recoger a Eugenio Hermosa, capataz general de todas la estancias de la empresa, y hombre muy querido en Puerto Casado, que ahora se llamada oficialmente “La Victoria” por la importancia que tuvo durante la Guerra del Chaco y cuya historia  hemos esbozado en la biografía de Carlos Casado del Alisal. Encontré una memoria del este primer viaje y paso mis anotaciones de entonces en letra cursiva.
La visita por el pueblo tenía varios objetivos que cubrir; visitar la parroquia y la Misión de las monjas salesianas ya que una de ellas era sevillana y nos apetecía conocerla y saludarla y de camino estudiar con Hermosa la forma de hacer más agradable la vida en aquel lugar, que era manifiestamente mejorable con muy poca inversión.
La iglesia-escuela, junto con la Casa directorio y la Residencia de las monjas son de los pocos lugares medianamente aceptables de aquel lugar. Las calles son de tierra con grandes charcos que se eternizan y con los canalillos laterales llenos de aguas fecales, pues aunque las casas tiene fosas sépticas, entre lo que se escapa y la gran cantidad de animales que por allí pululan, de día y de noche, las aguas sólo se  mantienen aceptablemente limpias después de una gran lluvia y durante los dos o tres primeros días.  El resto del tiempo el olor es tan fuerte que sólo a los que llevan mucho tiempo allí viviendo, les pasa desapercibido. Era normal encontrar un redil de ganado en mitad de la calle, ocupándola casi en su totalidad, donde el ganado vacuno pernoctaba, aprovechando que en ese lugar una secreción natural del ganado ahuyenta los mosquitos. Le comentaba a Hermosa la posibilidad de bombear esas aguas, ya que no había alcantarillado, pero el pueblo no estaba para ningún tipo de inversiones. La decadencia de la fábrica se trasladaba al resto del entorno multiplicado por diez. Hermosa estaba ilusionado con la reciente llegada de la Democracia y confiaba que los nuevos políticos atenderían mejor las necesidades del pueblo más importante del Chaco. Las casitas, de una sola planta con el jardincito delantero, eran poca más que chozas de ladrillo. Tenían luz eléctrica servida por un generador municipal que se arrancaba al oscurecer y apagaba al amanecer que como es lógico no permitía unos electrodomésticos a nuestro uso y agua corriente (del río) que no era potable sino que para beberla se le hacía previamente un tratamiento químico y se dejaba reposar. Sus gentes son muy amables, en algún caso, casi serviles y no se les nota una sana ambición de prosperar. No hay coches ni bicicletas, sólo burros que se utilizan especialmente para el transporte de madera de quemar para la cocina y una centralita de teléfonos con unos 30 teléfonos, todos relacionados con la fábrica y que para hablar con el exterior había que tener mucha paciencia o desplazarte a la centralita para que te comunicaran con el teléfono solicitado. Al oscurecer encendían una vela para iluminarse en el interior de la oficina de teléfonos, hasta que les parecía poner el generador en marcha y entonces se encendía una triste bombilla de 15 ó 20 vatios, que no te permitía leer un número de teléfono escrito en un papel con letra normal y además también se iluminaba algún trozo de alguna calle. Había tantos animales sueltos por las calles que los pequeños patios delanteros tenían que protegerlos con unas sencillas vallas de madera y alambres cruzados. También me llamó la atención que para llamar a la casa no se entra al jardín y se llama a la puerta sino que se tocan las palmas desde el exterior de la valla. En contrapartida a la gran cantidad de animales domésticos no hay nadie que haga ni una lechuga y toda la fruta y verdura se trae en barco desde la próxima ciudad de Encarnación, varias horas río abajo. Cuando llueve, todo queda "en suspenso". Nadie sale por la calle, los pequeños bares, -que también abundan en casas normales, donde te sirven una litrona  y te la cobran sin compromiso-, tienen que cerrar.  Todo el pueblo pivota alrededor de la fábrica por lo que al visitar la Misión de las Salesianas, la Madre Superiora nos hizo una llamada de socorro para ayudar a ese pueblo que moría de forma inexorable y que sólo podría salvarlo la puesta en marcha de nuevos proyectos como el de langosta, arroz y turismo.
Después del desayuno subimos nuevamente a la barca y bajamos unos kilómetros hasta Puerto Rizo. Es una explotación arrocera que hacía cinco años estaba abandonada y no había nadie allí que pudiera explicarnos  cómo había resultado la experiencia.  Lo que sí era evidente que realizar un proyecto de arroz dejaba las tierras magníficamente preparadas para futuros pastos y ganadería. Para hacer arroz hay que desmontar, canalizar y drenar la superficie, además de realizar un mínimo de caminos para poder retirarlo, lo que deja una estancia ganadera en inmejorables condiciones. Incluso pueden sembrarse pastos de apoyo para las épocas de seca.


Monumento a la Victoria. Casa Directorio y almacenes. Izquierda, al centro, las piletas para las Langostas. Abajo en el río una de las chata que se utilizaban para el transporte fluvial de madera y tanino.
Esta foto sería la continuación, en la parte inferior, de la foto donde vemos Puerto Casado.
Tras la vuelta a la casa Directorio, la comida y la siesta visitamos un lugar cerca de la casa donde se podría realizar una experiencia de 10/20 has para ver cómo se comportaba el arroz en aquellas latitudes y de camino probar algunas variedades para buscar la mejor adaptada. En la parte trasera de la casa puede verse el lugar indicado y junto al claro se notan las enormes diferencias de nivel, pues en el momento de la foto el río está muy alto y ha inundado las partes bajas. De todas formas esa decisión de la experiencia debía de tomarla Casado y por lo tanto ya la comentaríamos el lunes antes de la partida a España de Bertolí y Federico.

La Langosta del Chaco. Única en Sudamérica. Es el cangrejo "cuadricarinatus" procedente de Australia

En la foto anterior a esta podemos ver detrás de la casa en la parte superior  central, las pequeñas piletas donde se había empezado la reproducción de las Langostas, como allí se les llamaba a estos cangrejos de cola larga que procedían de Australia y cuyo nombre es “cuadricarinatus”. Son prácticamente iguales que nuestro cangrejo de las Marismas del Guadalquivir, importado de La Luisiana en 1973 por Rafael Grau (padre) y su socio, pero tienen un mayor porte y unas costumbres algo distintas a los nuestros, ya que no son tan nocivos para las obras de fábrica , en cambio son algo más sabrosos, tiene mayor tamaño y mejor textura, pero su reproducción deja mucho que desear, comparativamente hablando. O tal vez el medio en el que se intenta la experiencia no tiene suficiente superficie para permitir su normal desarrollo. En la primera visita, esta que estamos narrando, vimos cangrejos de cerca de 250 gramos, que nadie  de nosotros se comió, ni tampoco los paraguayos a los que les daba un asco enorme aquellos bichos o cualquier otro crustáceo. Posteriormente, ni aún con las piletas grandes, pudimos ver ninguno de más de 100 gramos. Los encargados buscaban desesperada-mente dónde se habían escondido aquellos ejemplares grandes y no lo entendieron hasta que les expliqué que estos cangrejos son caníbales y que cuando los grandes cambian el caparazón son devorados por los más pequeños. Para solucionar este problemas, ya mucho después, les propuse que pusieran unos "ladrillos de gafa" semi-enterrados en los, muros de tierra, laterales de las piletas para que los cangrejos en fase cambio de caparazón pudiesen esconder su cola. No pude comprobar la validez de mi propuesta ya que me vine antes de saber su resultado.

Las nuevas instalaciones para la cría de la Langosta.

En los próximos años CCSA haría una gran inversión en este capítulo, con nuevas piletas e instalaciones de oxigenado, con la gran balsa de decantación de sedimentos del agua y multiplicación de las“morenitas”, una especie de anguila, que se desarrolla muy poco, 12/15 ctms. y que era un alimento muy apreciado por los cangrejos. El enorme esfuerzo económico realizado por la empresa, con una inversión superior al millón de dólares no fructificó, creo que le faltó el personal cualificado que entendiera de este cangrejo. Por lo menos el italiano que llevaba la dirección mientras yo estuve allí, sabía de cangrejos menos que yo, y yo por mi parte lo único que entiendo de cangrejos es; cómo comerlos, cómo guisarlos y  que para cocerlos hay que tenerlos sumergidos en agua hirviendo 1 minuto por cada 100 gramos. Pero la experiencia, que ya ampliaremos en otra ocasión, no obtuvo el resultado esperado y cuando se vendió toda esta enorme finca que linda con el río,- unas 500.000 has-, a los Moon, éstos terminaron con todas las experiencias que se habían puesto en marcha, tanto el arroz como la langosta y en cuanto al posible proyecto de turismo, que hubiesen podido promover mucho mejor que Casado, los habitantes del pueblo les impidieron cualquier actividad que hubiesen pretendido iniciar.

Tomando un té, tras la reparadora y santa siesta.

Tras la siesta y hasta la hora de partir hacia Asunción, estuvimos estudiando y comentando todas las posibilidades para la realización del proyecto al que yo le encontraba enormes dificultades y no le veía posibilidades de éxito. Pero estaba dispuesto a volver, a partir de lunes, para intentar encontrar un lugar idóneo para la primera experiencia. Tendría que ser un sitio cercano al pueblo para tenerlo controlado con poco esfuerzo económico y además que no tuviese mucho trabajo de preparación para poder realizarlo en la mayor brevedad posible y llegar a tiempo para sembrar en este año, lo que era bastante complicado.

Este es un quebracho centenario, situado junto a la casa, conservado y respetado como árbol simbólico de la empresa. 
Aquí traslado otro pequeño pero ilustrativo retazo de las notas que tomé en aquel primer viaje y que gracias a ellas he podido recordar muchos detalles que de otra manera se hubieran perdido para siempre.
 A las 6.30 fuimos a la pista para ayudar al piloto a arrancar la avioneta. El primer motor lo arrancamos dándole un biberón desde la camioneta Toyota y el otro lo arrancamos ayudándole con una cuerda. Como podéis observar en mitad del Chaco estaba todo automatizado. 
Aquí empezaba mi historia de amor y  odio con los aviones del chaco, especialmente  los públicos,  que eran unos vuelos tan preocupantes que no solías ver en ellos a personas con una situación económica suficiente para permitirse vuelos privados.

Catedral de Asunción, tomada de wik.
Ya en Asunción, el domingo acompañe a Eugenio Hermosa a llevar una carta a un sacerdote de la Catedral y él se quedó a oír misa. Yo, mientras tanto, me daba una vuelta por los alrededores y pude comprobar como cientos de personas del Barrio de la Chacarita, situado junto a la Catedral, pero en la parte baja, lo que sería la playa de la Bahía de Asunción que se inunda regularmente cada año. Desde allí suben a  las calles adyacentes a la Catedral para edificarse tiendas de cartón y latas en todos los alrededores  de la misma y sus necesidades son atendidas gratuitamente por el gobierno, por lo que, evidentemente se ha convertido en un modo de vida para cierta gente durante cierto tiempo.
Al día siguiente estábamos temprano en la oficina de Casado en la capital para hacer un resumen de los acuerdos y poner en marcha los medios necesarios para realizar la experiencia: 
 1º.- Se va a realizar una experiencia de 10/12 has, en una parcela cercana al pueblo que esté cerca de la toma de agua y que no tenga mucho trabajo de nivelación.
2º.- La experiencia se realizará con el sistema de siembra español, con un testigo del sistema paraguayo de cultivo del arroz.
3º,- Sembraremos diez variedades utilizando españolas, paraguayas y brasileñas.
4º.- Dejaré un memorando con todas las instrucciones a Hermosa para que inicie los trabajos y empezaremos la búsqueda de un agricultor español con el que llegar a un acuerdo económico para que realice la experiencia.
5º.- Ángel pide la colaboración de R. Beca y Cía. en las gastos de la experiencia.
6º.- Como no había podido estudiar los datos relativos a la subidas anuales del río acordamos no realizar muro perimetral pero en cambio si sembrar en las fechas en las que normalmente no se inunda.
7º,- Una vez establecidas las tablas de temperatura e inundaciones existe un plazo de tres meses para llevar a cabo las siembras, llegando a la conclusión que en el futuro se establecería  un ciclo rotativo que aproveche mejor  la maquinaria y personal, realizando una sola siembra anual, pero escalonada, en lugar de intentar siembras masivas y repetidas en el mismo año, que allí es posible, como además demostramos en 1995.


Entramos por Villa Florida y llegamos, atravesando fincas particulares, hasta un lugar de la margen derecha situado encima de la letra "y" del nombre de Río Tebicuary mostrado en el mapa. Allí está Sanbaquí, creo que hoy sembrado ya de arroz.

El martes ya no estaban mis compañeros de viaje. Yo había organizado mi viaje con unos días más para aprovechar y visitar algo más de Paraguay y al día siguiente Oscar me llevó a visitar la zona arrocera del Tebicuary. Visitamos la finca de  Carvajal, unas 500 has de el arrozal sembrado junto al río, pero protegido por un muro de algo más de un metro de altura. Aquel año el  agua había subido más de lo ordinario y había rebasado el muro, destrozándolo por dos o tres sitios, con lo que la cosecha se había perdido, pero por un defecto del proyecto y no porque aquellas tierras no fueran aptas para el cultivo. Desde aquel día hasta hoy no he olvidado la enorme pradera plana, el color negro de sus tierras, de su enorme fertilidad, su impermeabilidad, dureza del suelo, carencia total de salinidad y su relativa facilidad de acceso. Tanto trasmití a Oscar mi convencimiento de la bondad de aquellas tierras para arroz, que él que ya tenía allí una Estancia, -Sanbaquí-, terminó, en pocos años, comprando miles de has en aquella zona  cuya rentabilidad inmobiliaria han aprovechado sus hijos. 
La diferencia de estas tierras con lo que habíamos visto del Chaco no tenía comparación:
-Está situada cerca de la civilización, a escasos kms de la capital
-la tierra tiene un color negro que denota la acumulación de materia orgánica a lo largo de muchos siglos de inundaciones regulares.
- Los gastos de nivelación no son comparables con las que vimos en el Chaco. Sólo con lo que vale desmontar allí, aquí quedaría  nivelada. Y con el costo de nivelación de aquellas tierras se realizan sobradamente todas las infraestructuras de cultivo.
-Este era un posible lugar para iniciar un proyecto de arroz en Paraguay.

Me quedaban un par de días libres antes de mi vuelo de vuelta a España, por lo que habíamos decidido utilizarlos para volver a Puerto Casado y fijar, con Hermosa, el lugar donde realizar la experiencia. Pero después de aquella visita a la cuenca del Tebicuary ya era imposible, para mí, continuar pensando en  un proyecto en aquel pueblo tan lejos de la capital, que si bien Asunción no es nada en arroz, Puerto Casado queda 600 km más allá de ninguna parte, por una carretera intransitable la mayor parte del año, o un río aguas arriba, con varios días de viaje. El avión queda muy bien para ir un par de veces al año a visitar la ganadería pero un proyecto agrícola de aquella envergadura requiere de otros medios de comunicación.
Así que en lugar de volver al pueblo decidí quedarme en la oficina y escribir un informe manuscrito sobre las bondades del proyecto. Pedí una libreta de colegial y si no recuerdo mal llené más de media con las ventajas, -muy pocas-, y los muchos inconvenientes que tenía un cultivo de arroz tradicional en aquellas latitudes. Las conclusiones eran irrefutables. Aquel lugar no era competitivo con los costos de realización del proyecto respecto a otros lugares del Paraguay, ni tampoco era competitivo en el coste de cultivo y transporte, tanto de inputs como outpus.



martes, 10 de julio de 2012

BIOGRAFÍA DE RAFAEL BECA MATEOS (1.889-1.953): Su vital aportación al arrozal andaluz 1937/53




D. Rafael Beca Mateos.

Don Rafael Beca Mateos fue un industrial sevillano, nacido en la localidad de Alcalá de Guadaira en el año 1889. En 1920, ya se dedicaba a la exportación de aceitunas de aderezo y conservas vegetales a los EEUU. Creó, en 1933 la empresa “R. Beca y Cía. Industrias Agrícolas S.L.” que, más tarde, transformada en sociedad anónima, fue utilizada como instrumento legal para llevar a cabo la absorción de Ismagsa y la compra de toda la marisma de la margen derecha del Guadalquivir.

No es fácil localizar datos bibliográficos relativos a la vida de este gran hombre –porque no están recopilados y publicados en Internet-, pero como la parte que aquí nos atañe es solamente la relativa a su “aventura arrocera en La Isla Mayor”, para localizar la información necesaria, he tenido la suerte de contar con el excelente y bien documentado libro de mi buen amigo Matías Rodríguez: “Historia de La Isla Mayor del Río Guadalquivir”, que es mi particular “Libro de consulta”, cuando se trata de buscar datos relativos a la historia de mi pueblo adoptivo. Además, he contado en este trabajo, con su supervisión “ejecutiva” que lo ha elevado aun nivel al que yo difícilmente puedo llegar, por mucho que me esfuerce.

Este trabajo no pretende, por tanto, alcanzar la biografía completa de Rafael Beca Mateos, sino situarlo en el momento y en la época del inicio de la transformación definitiva de las Marismas del Guadalquivir para el cultivo arrocero. Así que no vamos a entrar en más detalles biográficos, que por otra parte no parecen estar a disposición pública. 


Paso de ganado en la barca antes de la construcción del puente de la Isla por el Marqués de Casa Riera

Las Marismas habían sido desde tiempos inmemoriales un lugar dedicado al pastoreo de ganado, aprovechado por todos los pueblos del entorno de forma gratuita o bajo cuota por cada cabeza introducida que allí se alimentaba, con algunas pequeñas huertas de pastores y agricultores avecindados en pueblos colindantes. Pero una visita de un ingeniero inglés,  que viene de cacería de patos, descubre la similitud de estas tierras con las de Delta del Nilo, donde estaba realizando una profunda transformación, para su puesta en regadío.

Lo que se encontró Fisher en la Isla no le asustaría demasiado ya que venía de unas marismas, -mejores agronómicamente que las nuestras-, pero con un nivel de vida paupérrimo, presumiblemente, peor que en la nuestra. Estas tierras, que se inundaban, cuanto menos, una vez al año, dejaba a sus pocos habitantes en pequeñas islas, las vetas donde habían construidos sus “chozos”, totalmente incomunicados de un mundo, -el pueblo más cercano, La Puebla del Río-, que tampoco es que tuviera mucho que ofrecer. Pasaban meses y meses  incomunicados, sin verduras, frutas, hortalizas o cualquier alimento con aportación vitamínica  Si yo sufrí en los ´50 esa carencia, con resultados de pequeñas pupas en las rodillas, piernas y brazos especialmente y que mi madre me curaba con “emplastos de arroz blanco hervido”, cómo sería la consecuencia de aquella mala alimentación continuada. Eso sí, disponían de abundante pescado y carne fresca, para los que podían y sabían cazar y pescar. Pero el paludismo, era endémico y generalizado y la tuberculosis muy extendida. No existía ningún punto de socorro, ni para sacarse una muela, al estilo de los médicos-barberos del Oeste Americano. La Isla, era efectivamente una isla y sólo cuando pillaban a los barqueros podían intentar la aproximación al pueblo más cercano, pero todo ello a pie o a caballo y a veces con el agua cubriendo media cabalgadura. No, no fue nada fácil la vida para aquellos pastores, que por no tener no tenían ni mujeres, pero eso sí, tenían cabras que les daban leche fresca.

Así quedaba la Isla cuando se inundaba, bien desde le Guadalquivir o desde el Guadiamar.

Mter. Fisher, que así se llamaba el ingeniero, primer soñador conocido que quiso transformar estas marismas, convenció a una serie de inversores extranjeros para crear una empresa: “Islas del Guadalquivir S.A.”, con el fin de transformar estas marismas y convertirlas en un emporio de riqueza agrícola. En aquellos momento de grandes desequilibrios económicos –recordemos el posterior crak del 29- y sociales, este emprendimiento caló tanto en nuestra sociedad necesitada de grandes proyectos, que tuvo el apoyo del régimen dictatorial de Primo de Rivera y, por supuesto, de la corona real española desde sus inicios. 


Colocación de la primera piedra en la Iglesia de Alfonso XIII, durante la visita del Rey
Alfonso XIII dejaba clara y pública constancia del apoyo del Estado para conseguir la confianza de los inversores extranjeros –ingleses y alemanes, principalmente-. En su primera visita al Rincón de los Lirios -1927- el monarca inauguraba los trabajos de la compañía, con la simbólica siembra de una palmera para demostrar la feracidad de aquella tierra. Este estímulo al impulso inicial se repitió en el 28 con la inauguración del primer poblado de colonización, que recibió su nombre –conservado actualmente. Desde entonces, la compañía emprendió una ardua labor propagandística que se convirtió finalmente en una encubierta especulación bursátil, más intensa cuanto más infructuosos y estériles resultaron los aprovechamientos agrícolas. Aunque Mter. Fisher, su gran promotor, siempre creyó en este proyecto inicial, se vio obligado a abandonarlo ante los continuos fracasos de la compañía –agrícolas y económicos- y acabar trágicamente sus días mientras se le perdía la pista por el canal de Panamá.

A la izquierda vemos la choza de Venancia, la única vivienda que existía en El Puntal - Villafranco - Isla Mayor, (pues los tres nombres la han identificado) cuando se realiza el canal de desagüe de Casa Riera, cuya barandilla podemos apreciar en la foto. Ese canal es la primera obra importante de drenaje en las marismas. Este canal y el "puente de la Isla" son las únicas obras que esta primera empresa, comprometida con la colonización de las marismas, llevó a cabo. 

La agudización de las graves convulsiones sociales, tras el advenimiento de La Segunda República y las manifestaciones y huelgas de colonos y peones, además del boicot generalizado iniciado por la Compañía, llamada popularmente, de “los ingleses”, desembocó en el relevo de “la Chispalense”, -Compañía Hispalense de la Valoración de Las Marismas S.A.-, la misma empresa con una nueva imagen bursátil e identidad fiscal, donde recibe un nuevo impulso económico con capital argentino.


Una tras otra, las empresas que transformaban la marisma intentaban distintos tipos de cultivo en  este lugar, inmisericorde con plantas y personas, cuya salinidad sólo sería soportada por el arrozal. Aquí podemos ver una maquina a vapor moviendo una trilladora de trigo que es uno de esos cultivos que se dan bien en la marisma uno de cada cinco años. (más o menos), pues tiene que llover lo justo para que no se encharque y el suficiente para que no le falte la humedad. 

 La Chispalense consigue la siembra de arroz en 1929 –por primera vez en estas tierras, si no nos remontamos a los primeros e infructuosos intentos árabes- y a fuerza de una  férrea voluntad de lucha de algunos de sus directivos, extiende el cultivo, con unos rendimientos impresionantes –superando los de Egipto-, hasta 1932, cuando, ya totalmente arruinada y abandonada de sus inversores, interrumpe el riego a sus colonos y vuelve a dedicar la tierra para pasturaje, su función primigenia. El año siguiente es tremendamente caótico y no sólo se desmontan tramos del ferrocarril de vía estrecha, que proveía de agua y materiales de construcción y avituallamiento a toda la Marisma de la margen derecha, desde Colinas a la Veta de la Palma, sino que también es incendiado el molino arrocero del Puntal, que  embarcaba el arroz a la capital a través del Brazo de los Jerónimos, evitando la tortuosa senda terrestre.

Construcción de la casa de bombas de Mármol. La primera instalación de bombeo importante en las marismas. Cuando Beca reinicia   el cultivo del arroz, las bombas se las había "tragado" el río por lo que tiene que buscar buzos, sacarlas y volver a reconstruir todas las obras e  instalaciones,

A pesar de todas las dificultades y el abandono de la mayoría de los inversores extranjeros, algunos de sus miembros se resisten a perder su capital y dan vida a un nuevo relevo societario, entonces se crea ISMAGSA -Isla Mayor del Guadalquivir, S.A.-, que tampoco puede evitar las divisiones internas, con el consiguiente deterioro de las relaciones obrero-colono-directivo, mantenida hasta los inicios de la guerra civil española y que sólo desaparece con la inmediata toma de estas tierras por el ejército del general Franco, con el drástico cambio de relaciones entre obrero y empresario, impuesto desde el nuevo régimen que, en plena contienda, no se anduvo “con chiquitas”.

Y es, en este preciso momento, cuando entra en escena Rafael Beca Mateos (en adelante, se le relacionará popularmente en esta tierra, con su empresa: Errebeca) a solicitud del poder militar y político, acaparado por el omnipresente general Queipo de Llano. Don Rafael –digno merecedor por sus méritos de esa cortesía y, por otra parte, deseoso del encargo- era una persona reconocida por su valía y su honradez, además, su industria siempre fue solvente y valorada por los poderes económicos, de ahí que, Queipo de llano, junto con el alcalde de Sevilla, Ramón de Carranza, ambos con importantes intereses privados en esta zona de marismas, solicitan su implicación total en la reactivación del cultivo del arroz en Las Marismas del Guadalquivir de la margen derecha del Guadalquivir.

R.Beca y el molino arrocero ya existente cuando él inicia sus actividades arroceras.

De este modo se refirió Queipo, en noviembre del 36, en una de sus cotidianas soflamas a través de la radio sevillana, mostrando su incondicional apoyo al emprendimiento insólito de don Rafael Beca: “La magnitud de esta empresa, que no parece propia de españoles, siempre tan pusilánimes en acometer empresas de importancia. Parece más bien una empresa de americanos o de hombres de negocios de otros países más arriesgados que los capitalistas nuestros. Es una obra meritísima que debería haber estado protegida por el Gobierno de tal manera que fuese hoy un asunto verdaderamente floreciente que hubiese proporcionado a España grandísimos beneficios”.
Por lo tanto la implicación de don Rafael Beca en esta empresa de transformación y colonización de marismas es auspiciada desde la cúspide de los poderes políticos y militares del nuevo régimen. Desde el Gobierno Civil de Sevilla se había requerido a la sociedad ISMAGSA, empresa propietaria de todas Las Marismas de la margen derecha del Guadalquivir y de la Marisma Gallega, la obligatoriedad de cultivar arroz en estas tierras como elemento indispensable para la alimentación del ejército sublevado. La empresa, arruinada y desorientada, era incapaz de poner en marcha actividad alguna. A pesar de ello, desde Tortosa, donde radicaban los últimos directores de la misma,  consiguen contactar con don Rafael Beca –un directivo logró traspasar el frente-  para arrendarles su propiedad en aprovechamiento arrocero y ganadero.

Un grupo de portugueses preparando a pala y palín un canal de riego que por las dimensiones debía ser secundario.

Aquí empieza el último y definitivo capítulo del cultivo del arroz en La Isla Mayor del Guadalquivir –tantas veces abandonado-, y con ello, los grandes dolores de cabeza para don Rafael Beca. Habían fracasado en el intento cuatro grandes compañías que, a pesar de ser meramente especulativas, al inicio de sus proyectos siempre contaron con un considerable capital, invertido paulatina y continuamente en la construcción de caminos, carreteras, vías, muros de contención, canales de riego y desagüe; viviendas, molino arrocero, almacenes y limpieza y nivelación de miles de hectáreas. 

Pero, esas gigantescas inversiones no pudieron vencer las dificultades sociales y económicas agravadas con la entrada de la República y la crisis del 29: promesas incumplidas de Reforma Agraria, implacables ataques del Anarquismo, boicot de la empresa a toda reforma laboral… Todo ello añadido al ya de por sí difícil manejo de estos suelos salinos. Sin embargo las inversiones hechas en infraestructuras fueron decisivas para la realización del nuevo proyecto de R. Beca. 

Las inversiones en maquinaria, desde el inicio, siempre fueron grandes en las tierras de cultivo de las distintas compañías, al contrario de lo ocurrido al  inicio de la colonización cuando la maquinaria es sustituida por mano de obra, de los propios colonos apoyados por población flotante, temporera, de todos los pueblos del entorno provincial. Estos Cartepillar serían de los ´40 ya que se parecen bastante a los bulldozer empleados en la Segunda Guerra Mundial.

Difícilmente hubiera podido cumplirse la transformación llevada a cabo por esta última empresa que apenas contó con ayuda estatal de no haber contado ya con todas las instalaciones e infraestructuras abandonadas en cada fracaso. Sin embargo, el espaldarazo político y propagandístico fue pleno, la construcción de algunas viviendas para colonos y gañanías para obreros,–con mano de obra esclava (presos políticos) y sueldos de miseria- a través del INV (Instituto Nacional de la Vivienda) y de infraestructura urbana y rural por parte del INC (Instituto Nacional de Colonización). A pesar de esa ayuda inicial, las enormes dificultades para sacar a flote aquel barco escorado que hacía agua por todas partes, fueron solventadas por R. Beca, que creía en su proyecto y por ello fue comprando, paulatinamente, acciones de la compañía Ismagsa, cuya cotización  estaba absolutamente hundida.


La segunda visita de Franco en apoyo a la empresa de colonización con capital privado.

Nadie esperaba, en aquel momento, que el proyecto de don Rafael llegaría a buen puerto, dada la reiterada persistencia de los acentuados fracasos extranjeros, incluso a pesar del decidido apoyo del poder político de la época. Franco visitó la zona por dos veces, para demostrar su deseo de que aquella empresa era vital –para “el país y el campo andaluz”-, en aquellos momentos de desastre social y de hambruna generalizada. Su primera aparición fue en 1939 –recién terminada la guerra-, promoviendo un impulso al cultivo del arroz y su apoyo a la colonización. La segunda en el 53, para dar su espaldarazo final a este proyecto de iniciativa y capital privado, además de inaugurar la bomba de elevación de aguas sobre el Guadalquivir en el sitio denominado La Mínima –la más moderna del país-. Anteriormente, 1942, don Rafael Beca había construido en pleno centro del poblado que estaría llamado a ser el municipio de este término –Villafranco del Guadalquivir, en honor al general; hoy, Isla Mayor- una fábrica de papel que, años más tarde, yo me encargaría de demoler, dejando tan solo la nave principal del edificio como memoria futura de aquella empresa precursora de nuestra actual Isla Mayor. Siempre sostuve que era la única "Catedral" de la que podíamos presumir, de nuestras grandes obras del pasado.


Aquí podemos ver dos interesante fotografías del desarrollo del Puntal.  La primera corresponde a los inicios y la segunda corresponde a los años ´60 (por el R-8 que veo en la foto) y al fondo se ve la papelera que construida por R. Beca y Cía. en el 42 es el otro aglutinador, junto al molino, del desarrollo del pueblo, alrededor de las dos únicas empresas industriales del mismo. A la izquierda de la foto, de la calle R. Beca, están las casas de los colonos, que se construyen ellos mismos, entre el 47 y el 50, de las que sólo se ven los jardines.

  Pero hacía falta algo más que apoyos morales y convencionales. La empresa era titánica y compleja, porque las Marisma del Guadalquivir siempre fueron duras para los fuertes e implacables con los débiles. Después de la primera visita de Franco, B. Beca se plantea comprar la empresa matriz y obtiene permiso del “Caudillo” para poder adquirir acciones de Ismagsa, aunque para ello necesitaría sacar divisas del país -una buena parte del capital seguía siendo extranjero-, sin embargo logra negociar la compra de casi el 50% de las acciones de la antigua compañía con lo que se hizo con el control absoluto de Isla Mayor y de la Marisma Gallega (Aznalcázar), mediante una operación financiera de fusión-absorción de Ismagsa en “R. Beca y Cía. Industria Agrícolas, S.A.”. Así queda definitivamente controlada la sociedad fusionada, aunque el sur de Isla Mayor (Veta de la Palma, propiedad actual de Herba, convertida en  piscifactoría) quedaría fuera de su influencia y en propiedad de la familia Bemberg, que utilizaría su propiedad para fines cinegéticos, así como parte de Isla Mínima (Cortijo de Escobar, empresario malagueño unido a una descendiente de la familia Bemberg)

Isla Mínima, compartida con Escobar, era vital para el proyecto de don Rafael Beca, puesto que desde allí partiría el riego del arrozal a través de bombas elevadoras de aguas encauzadas por el canal principal que cruza el trazado del antiguo brazo de los Jerónimos. Una nueva zona arrocera con más de 6.000 hectáreas. Entonces Don Rafael Beca inicia, nuevamente, la parcelación y colonización a agricultores emigrantes de zonas tradicionalmente arroceras
.


Mi padre, mi madre y mi hermana cuando llegamos a la Isla. Detrás la casa donde vivimos cuatro años, que tenía adosada la cuadra y el pequeño almacén. Seguramente, cuando se hizo esta foto, yo estaría en el colegio de Alcalá donde pasé cinco años interno, pero en verano a trabajar.

Primero vinieron braceros y dominadores del cultivo sin propiedades en su tierra originaria, para arrendar zonas reducidas a un precio muy asequible, como señuelo para forzar una inmigración encadenada que fue sorprendentemente en aumento a lo largo de todos los años cuarenta. Estos arrendatarios y nuevos colonos fueron adquiriendo pequeñas parcelas en unas condiciones de autofinanciación y rentabilidad muy provechosas, siempre que el año resultara climatológicamente propicio y no “subiera la sal”. Una y otra vez don Rafael Beca se vio obligado a conceder moratorias de pago a todos aquellos agricultores que no podían pagar y además facilitaba semillas y abonos a los colonos que lo solicitaban. 

Yo soy el pequeñajo con la espuerta de abono colgada y si la
 llevaba puesta no era para la foto.

Llenando y pesando sacos de 75 kilos para entrega en el SENPA

El esfuerzo para esta sobrehumana transformación ha sido brutal. La mayor parte de los colonos, entre los que afortunadamente me encuentro, cuando fuimos allí a vivir, nos quedábamos en el campo, -a mí me llevaron con diez años-, al lado del tajo, para empezar los trabajos con la salida del sol y abandonarlos cuando, éste, nos desamparaba. Los canales de riego se hacían a pala y palín, cargando la tierra en burros para poder subirla hasta la parte alta de los muros laterales, llegando a trabajar simultáneamente cientos y cientos de burros. Los trabajos de nivelación eran a base de cargar terrones secos en “carros planos”, durante el invierno, cuando el terreno estaba seco, para trasladar esa tierra hasta las partes bajas o a los “sacatierras” realizados para la construcción de carreteras y muros. Cuando la tierra estaba mojada entrábamos descalzos en el agua helada y cargábamos los trineos a pala para, deslizándose sobre el barro, acarrear la tierra a los bajos. Todo el trabajo del arrozal, en aquella época fue infrahumano, pero se hacía posible porque los colonos estaban hombro con hombro con los peones. No teníamos maquinaría; arar, fanguear y sacar las garbas de arroz del campo eran trabajos realizados con los caballos. Siembra, escarda, abonado, planta, siega y manejo de las garbas y del arroz una vez trillado, eran trabajos realizados a mano, donde, como se ve en la foto, colaboraba toda la familia.Ya lo describiremos con detalle si llegamos a contar nuestra historia en la Isla.



Aquel, nevado, día 2 de Febrero de 1954 llegaron mis padres al Puntal y yo les seguiría un par de meses después. Esta es la viajera de Carvajal que realizaba un trayecto diario hasta Coria, donde podíamos coger el tranvía. para llegar a Sevilla.

Mis padres llegaron a la marisma el día de la nevada aquí en 1.954, entonces ya existían 6.500 hectáreas de arrozal en la margen derecha del Guadalquivir y aunque no pude conocer a este excepcional personaje, don Rafael Beca, siempre escuché a mis mayores hablar bien de él. Yo pertenecí a la segunda o tercera hornada de emigrantes que vinieron de los términos de la Ribera Baja del Júcar, sumando un total  de 500 familias aproximadamente, de las cuales casi la mitad serían de Sueca, mi pueblo natal.

A don Rafael se le reconoció su trabajo con La Gran Cruz del Orden al Mérito Agrícola y en la Marisma con varios homenajes: un busto en el Parque que lleva su nombre, junto a la avenida principal que también es homónima.  Pero sobre todo, un buen recuerdo perdura, en la mente de muchos hombres y mujeres mayores que lo conocieron, queda el cariño a la persona que les ayudó y logró la conquista de “un trozo de pan” para  sus descendientes en los que poco a poco irá diluyéndose en  su memoria. Es Ley de vida.



miércoles, 4 de julio de 2012

BIOGRAFÍA DE CARLOS CASADO DEL ALISAL




BIOGRAFÍA DE CARLOS CASADO DEL ALISAL

Cuando Carlos Casado compra las tierras del Paraguay a finales del siglo XIX se convierte en el primer terrateniente "privado" del mundo, sólo le superaban en extensión las propiedades del Zar Nicolás II de Rusia que era dueño “por decreto o por derecho divino” de toda Siberia.


Cuando busqué en Google la biografía de Carlos Casado del Alisal y la encontré en la primera entrada, me dio alegría comprobar que había mucha gente que, como yo, estaba interesada en la vida de esta persona excepcional. Sin embargo, al leerla me dio la impresión de que estaba manipulada con medias verdades, situadas de forma que desvirtúan la realidad y que vamos a aclarar. Tomando como base estas  afirmaciones gratuitas, las iremos comparando con nuestra visión particular, reforzada por los contactos directos con descendientes de Carlos Casado del Alisal (en adelante C.C.) y con los conocimientos adquiridos durante casi dos años de estancia en Puerto Casado, conviviendo con partidarios y detractores del patriarca y de su descendencia; con los indígenas que por allí pululan y con la iglesia que también arrima el ascua a su sardina, sin importarle nada  que las demás se queden crudas o que se quemen.
En esa biografía hay un párrafo donde acusan a la Compañía CC de esclavistas, basándose en las declaraciones de un chamacoco "amargado" y con ese testimonio tratar de "ningunear" a la empresa en la historia paraguaya y minimizar su papel fundamental en la Guerra del Chaco. Esto fue lo que me motivó a iniciar esta biografía donde dejase claro esos puntos y creo que lo he conseguido. Queda claro que C.C. fue un hombre honrado, cabal, visionario, trabajador incansable, amigo de sus amigos y sus colonos, filántropo y nada más lejos de ser un esclavista. Y también dejo claro que sin ese personaje tan extraordinario la historia de Paraguay hubiese sido otra, pues la gestión, incalculable,  de José Casado en la Guerra fue posible gracias a las estructuras que tenía la cía. desde primeros de siglo.
Sin embargo, en la segunda entrada vemos un trabajo de Carmen Arroyo, sobre el mismo tema,  perfectamente documentado y donde se nota la voluntad de la autora por transmitir  el auténtico  y genuino C.C.  a través de sus obras y buenas acciones.
La parte que nos incomoda de su biografía la exponemos resumida a continuación: “Carlos Casado del Alisal (n. Villada, España, 16 de marzo de 1833 - † Buenos Aires, Argentina, 29 de junio de 1899) fue un empresario, latifundista, banquero y filántropo español que se radicó en Argentina, donde fundó el Banco de Santa Fe, el Ferrocarril Oeste Santafesino y la ciudad de Casilda, entre otros. Fue el más rico del país durante el siglo XIX y principios del XX, dueño del mayor latifundio de la historia de la Argentina, el cual se calculó como la extensión de las islas del Reino Unido y los Países Bajos. Viajó a la Argentina en 1857, con 24 años. En 1865 creó el Banco Casado, posteriormente adquirido por el Banco de Londres y fundó la ciudad de Casilda, que lleva ese nombre en homenaje a la madre del colonizador.
En noviembre de 1883 fundó el Ferrocarril Oeste Santafesino, para facilitar el acceso de los cereales al puerto de Rosario, desde donde con anterioridad -el 12 de abril de 1878-, había realizado la primera exportación de cereales que hacía la República: seis veleros de ultramar que condujeron 4500 toneladas de trigo procedentes de Colonia Candelaria. En 1874 se convirtió en fundador y primer presidente del Banco Provincial de Santa Fe, cargo al que renuncia a los pocos días. Años después, en 1878, lo reasumió como director general, por disposición del gobierno de la provincia de Santa Fe.
Al concluir la Guerra de la Triple Alianza con su razón social fue testaferro para la apropiación de enormes latifundios en el Chaco Boreal (actual Paraguay Occidental) que entonces fueron llamados Campos de Don Carlos Casado. En el remoto campamento de San Carlos, dentro de estos grandes latifundios madereros de explotación de tanino fueron reducidos a la esclavitud los indígenas tamárahos, que apenas sobrevivían, muriendo de enfermedad, abandono y hambre. -«Ahora nuestro territorio es el de la empresa, vivimos allí, pero no es nuestra tierra, ya no pertenece a nosotros y se ha convertido en un lugar enemigo que nos está matando. Antes éramos valientes y fuertes, pero la convivencia con los paraguayos nos ha domesticado»- testificó un hombre tamáraho que apenas sobrevivía, enfermo y desnutrido, trabajando en los Campos de Carlos Casado.”
Dejo constancia que a continuación mis opiniones aquí vertidas son personales y subjetivas, pero “auténticas”, sin manipulaciones ni presiones exteriores de tipo económico, político o social,  ni condicionamientos interiores de orden moral o partidario. Es la visión de un agricultor-empresario al que, de entre todos los grandes hombres y mujeres que ha  admirado en su vida, destaca a dos personajes estelares:  Julio César, -el César que fascinó a Colleen McCullough y que ella ha logrado transmitirme, aunque lógicamente no es tema de este trabajo-  y al increíble Carlos Casado del Alisal, que poco a poco me fue descubriendo Angel Cavanagh Casado del Alisal, y cuyas cualidades humanas, empresariales y positivistas; unidas a su enorme capacidad de lucha, fueron dejando su impronta en mi mente durante las múltiples charlas que tuve la suerte de compartir en los días que convivía con él y con su familia, en Buenos Aires, Asunción o Puerto Casado. Y comparto totalmente la opinión que vierte el profesor De Marco, en su libro sobre el personaje: “Tenía las cualidades que deben adornar a un auténtico empresario, equilibrio, coraje, clara visión del presente y del porvenir, fe en el país y empuje para concretar y consolidar sus obras”.
Sin embargo, en este artículo de wikipedia se nota la animadversión del cronista sobre C.C., que no me extrañaría se extendiera a cualquier emprendedor cuyas necesidades y conceptos morales fueran por derroteros distintos a los suyos. Y aquí entro ya en la primera y principal contradicción de la biografía de wikipedia. En su inicio, se indica que C.C. era un filántropo, -así se reconoce en todas sus biografías que he leído-  y que lo era se demuestra por sus innumerables donaciones, en Argentina, Paraguay y España.  Estas acciones benefactoras se le reconoce en múltiples lugares con estatuas, bustos y placas conmemorativas y así se le recuerda, todavía, por miles de descendientes de todas aquellas personas a las que ayudó. Pero, en cambio, en el artículo que comentamos, se destacan las declaraciones de un chamacoco -tamáraho-, cuya opinión, con ser tan respetable como la de un Catedrático de Humanidades, no deja de ser “una” opinión, aunque en el lugar y forma donde la sitúa,-detrás de la afirmación de esclavitud en sus tierras- difumina todo lo bueno que ha hecho este hombre y se pretende que quede como un esclavista.


Se ha utilizado la declaración, de un indígena cuya etnia no fue nada significativa,-ni siquiera aparece en el Mapa de parcialidades actuales, pero era de la familia lingüística Mataco-, para la ayuda al desarrollo de los proyectos de Casado en Paraguay, pues los chamacocos eran ya una tribu cercana a su extinción, consecuencia directa de las luchas con otras tribus vecinas. Las tribus que se emplearon profusamente y que aún andan “perdidas” por aquellas tierras, son Maskoy de las parcialidades de Toba, Lengua, Angaité, Sanapaná y Guaná. En realidad, el lamento del indígena chamacoco, no va contra C.C., pues quien le arrebató sus tierras no fue él, sino el Gobierno Paraguayo que las vendió en pública subasta y sin la advertencia de que esas tierras no eran suyas, ¿o sí las consideraron suyas? Tengo dos hipótesis: vendieron las tierras que no eran suyas por necesidades económicas del momento o para “tomar posesión” de un territorio que estaba en litigio y que se temía, con razones justificadas, que les podría ocurrir lo mismo que a las grandes áreas del Norte, Sur y Este, “robadas” por Brasil y Argentina, después de la Guerra de la Triple Alianza. Las fronteras de Paraguay no estaban fijadas y admitidas por su vecinos bolivianos. Seguramente fue la suma de ambas razones, colonizar y consolidar el territorio abandonado del Chaco, lo que obligó al Gobierno Paraguayo a subastar aquellas tierras inhóspitas en las que a los indios se les consideró comparables a  pumas y yaguaretés, habitantes molestos en un entorno que había que colonizar y que no tendrían otro remedio que asimilarse a la colonización o desaparecer. Salió mal el “invento”, pues los indios más fáciles de convencer, los de lengua Maskoy, se adhirieron a la sociedad paraguaya, aunque jamás se han integrado. En Cambio las parcialidades Ayoreo y Chamacoco no lograron adaptarse a su nueva situación y se rebelaron contra los ocupantes y su integración.
Antes de continuar aclarando la mal intencionada y gratuita aseveración de la esclavitud en las Tierras de Carlos Casado es bueno también especificar que él no era testaferro de su razón social -como afirma el artículo-. Los testaferros fueron las personas cuyos nombres él utilizó para sortear las leyes paraguayas, que al parecer limitaban el número de has por persona con idea de aumentar la población, a la vez que la ocupación, del territorio chaqueño. Él no era el testaferro de su empresa, ésos eran otros que confiaban en él y seguro obtuvieron su premio, pues así actuaba. Carlos Casado era “el ferro y la testa” de su razón social y así de bien le salió al Paraguay, pues de no haber ocurrido esto, yo no tengo ninguna duda que el Chaco Paraguayo estaría actualmente cortado por la mitad -con suerte-, y la parte Oeste pertenecería a Bolivia. Toda la bravura de los entregados soldados paraguayos y la magnífica estrategia que utilizó el brillante General Estigarribia,  que iba aislando fortín a fortín boliviano hasta rendirlos por hambre y sed, no hubiese resultado posible de no contar, en el sitio preciso y el momento oportuno, con las reservas alimenticias necesarias producidas por los menonitas y la posibilidad de abastecer de pertrechos y soldados de refresco al ejército paraguayo, cosa que no podían hacer los bolivianos.


Esta imagen es clarificadora del rol de la empresa C.C. en la guerra del Chaco
  Durante los años 1932 a 1935, en defensa de la patria, recorrieron sus trenes 276,480 kms., transportando 243.621 oficiales, tropas y prisioneros, como así también 2.408 camiones. Para ello se dio movimiento a 25.794 vagones. La colaboración prestada en todo momento por Don José Casado Sastre (propietario de la empresa) dio lugar al más honroso reconocimiento del entonces Coronel Don José Félix Estigarribia, que en carta del 5 de julio de 1933 le obsequia el primer fusil boliviano tomado en Boquerón el día 9 de setiembre de 1932 (Tomado del Blog Historias del ferrocarril Paraguayo). 
De los recuerdos de Ángel, puedo añadir: José Casado fue realmente el que desarrollo la empresa Carlos Casado en Paraguay ya que al separarse de su esposa, la familia lo repudió y se fue a vivir a Puerto Casado donde convivió con su nueva compañera, una Sra. alemana que conoció en Paraguay y a la que construyó la mejor casa que se hizo nunca en ese pueblo y que mucho antes de llegar yo al Chaco ya se le había donado a las Monjas Salesianas, que allí tienen una Misión desde donde atienden un enorme territorio. Aquella “rancia” familia nunca lo perdonó por lo que al jubilarse compartía su tiempo entre Europa y Montevideo, donde instaló su residencia. Otro aspecto importante en la Guerra del Chaco viene condicionado por la relación familiar de José Casado con el Presidente de Argentina durante la Guerra. Eran cuñados. Por eso Puerto Casado, puerto vital y decisivo en esa guerra sólo fue bombardeado una sola vez. A pesar de la enorme superioridad aérea de Bolivia, no se atrevieron a repetir el bombardeo ante la amenaza del Presidente Argentino de declararle la guerra a Bolivia. 
 Claro que, para entender la vital importancia de estas tres ventajas estratégicas, de poder disponer en el momento necesario de  soldados, comida y bastimentos, no basta con ser un genio en antropología  o en cualquier otra especialidad que autorice a escribir un artículo académico. Para entender esto hay que vivir el Chaco, en verano y en invierno, de día y de noche, a pie y a caballo, pues los coches no valen para nada en el duro verano de 9 meses, cuando los caminos están destrozados por las rodadas de los camiones durante los días lluviosos, ni en invierno, cuando no llueve, si no tienes un buen equipo de maquinaria que arregle esos caminos que están destrozados y que constantemente deben repararse. Mientras Estigarribia podía contar con regularidad y seguridad su suministro de armas, munición, soldados y camiones y contar siempre con las 5000 yuntas de bueyes, -de la empresa C.C.-, y sus carros que circulaban durante todo el año, los bolivianos tenían que enviar sus soldados a pie desde las grandes ciudades de Bolivia a muchos cientos de km, pues los vehículos eran utilizados para transporte de material, pero sólo llegaban hasta el borde de la selva. A partir de ahí llegaban donde podían y cuando era posible, no importando la gravedad de la situación de sus tropas cercadas y al borde de morir de sed, ni la premura de los refuerzos de soldados y munición. Los soldados bolivianos llegaron al extremo se rendirse  y pedir a sus captores que orinasen en sus bocas, para poder beber, aunque fuese orina.
Toda esta estructura paraguaya defensiva primero y ofensiva después fue posible gracias a que C.C. había comprado 3000 leguas de tierras chaqueñas con la idea de trasladar allí la fórmula de colonización utilizada en Santa Fe, con la Colonia Candelaria  y que había  puesto en marcha la producción granelera argentina que ha sido la  principal riqueza del país desde aquella época. En Paraguay inmediatamente después de adquirir aquellas tierras, que los paraguayos despreciaban colonizar, pues le temían, entró en contacto con los menonitas en 1923 cuando ya estaban instalados en Canadá y logró convencerlos para que  enviaran otros al Chaco, lo que fue una realidad a primeros de siglo XX después de llevar a cabo negociaciones con los enhlet, tribu que ocupaba entonces esa parte central del Chaco y con el gobierno paraguayo del que obtienen un “estatus” especial, donde no sólo quedan exentos de realizar el servicio militar, lo que era vital para ellos puesto que son pacifistas, sino que también quedan exentos de los impuestos estatales a cambio de crear y mantener ellos mismos sus propios servicios. Fue una colonización especialmente dura y puedo dar fe de ello por la gran cantidad de tumbas fechadas entre finales de los 20 y primeros de los 30, - antes de la guerra-, que pude ver en una visita a sus cementerios.
Por la misma razón que a C.C., a los menonitas se les podría a acusar de esclavistas, puesto que sus ministros protestantes han intentado entrar en contacto con los Ayoreos para evangelizarlos e introducirlos en los “beneficios de la civilización”. Algunos Ayoreos ó Moros se han integrado, otros que se trajeron a sus pueblos más o menos forzados por las necesidades, se suicidaron por inanición voluntaria y otros, los menos, apenas tres a cuatro familias, han preferido quedarse libres en la selva y matar a toda la misión que se acerque a rescatarlos. Asi les ocurrió en los años 1970 a una Misión protestante que iba acompañada de un ayoreo, ya integrado con los menos y que iba como intérprete, y a pesar de ello mataron a todos los partícipes, quedando grabada la matanza en el vídeo, pues éste continuó grabando después del asesinato del cámara. Pues esta etnia irreductible, los Ayoreos Totobiegosode, es de la misma raíz que los considerados esclavos, -éstos comparten lenguaje con los chamacocos de San Carlos-,  de donde proviene el denunciante del artículo mencionado que además se queja de su alienación producida por los paraguayos. Es fácil de entender que aquel jefe indígena se considerara desplazado ya que habría perdido su familia, amigos, religión, costumbres y autoestima, pero para estar esclavizado hay que estar privado de la libertad y allí no obligaban a nadie a quedarse en el obraje, aunque yo admito que aquel machacado y posiblemente despreciado indígena, se encontrase privado de su capacidad para escapar de aquella situación y se considerase desgraciado.
Me niego en redondo a aceptar que una persona que dona para obras benéficas: su sueldo como Director General de Banco Hipotecario Santafecino, los solares para iglesias, hospitales y cualquier servicio público y, además, en muchos casos  construye a su costa iglesias, asilos de ancianos y muchas otras donaciones que desconozco y que son innecesarias para afianzar mi aseveración de que, este hombre que, además, fue  capaz de poner en peligro su patrimonio para garantizar los créditos necesarios para que sus colonos sobreviviesen a grandes crisis, es imposible considerarlo un esclavista. Carlos Casado del Alisal era un humanista convencido y activo.
Una vez establecida la, para mí, impecable moralidad del personaje, sin perder de vista que es un negociante nato,  podemos contar algunos relatos para complementar  la biografía de Carmen Arroyo y que considero fidedigna, sobre la que ampliaré con lo aprendido fortuitamente  en mis contactos con la familia y mis vivencias en Puerto Casado, Filadelfia, Loma Plata, Olimpo, San Carlos etc., etc. No voy a repetir, por innecesario, toda su vida y obras, sólo ampliar algunos puntos  especialmente la parte paraguaya, que está poco desarrollada, de toda la vida y milagros de C.C., suficientemente explícita en la biografía mencionada.

Este es el Monumento a la Victoria que cambió el nombre al pueblo de Puerto Casado, sin embargo 80 años después, todavía sus habitantes vivan allí o repartidos por el mundo se llaman a si mismo "Casadeños"

Carlos Casado del Alisal nacido y vecino de Villada, después de estudiar bachillerato hizo la carrera de piloto náutico y aprendió inglés, lo que le dio una ventaja significativa sobre el resto de emigrantes de la época. Poco tiempo después se embarcó en un mercante durante dos o tres años y sufrió dos naufragios. -Simultáneamente a este trabajo estoy leyendo un libro de Carla Federico titulado “En La Tierra Del Fuego” para ambientarme en los entresijos de la emigración europea de la segunda mitad del XIX a Sudamérica- y aunque en este caso la expedición va a Chile es absolutamente asimilable a las migraciones tanto hacia La Colonia Candelaria en Argentina como la de los menonitas al Chaco. También pensé al comprarlo y leer el título "En la Tierra del Fuego" que podría tener algo que ver con la migración de los tatarabuelos de María Campos, esposa de Ángel Cavanagh Casado del Alisal, a la Patagonia y que montaron un almacén de aprovisionamiento para  barcos frente al  Estrecho de Magallanes, donde era parada obligatoria antes o después de doblar el cabo de Hornos. La vida épica de aquella indomable mujer, tatarabuela de María, que perdió una pierna luchando contra los indios “malones” y que, a pesar de ello,  se negó a abandonar a su marido e irse a la capital, cuando ya era inmensamente rica, debe ser “tremendamente interesante”. Esta es otra apasionante historia sobre la que no estoy ni siquiera inicialmente documentado ni ahora viene al caso.
Con veinte y cuatro años, su madre lo obliga a cambiar de trabajo y recala en Montevideo para pasar muy pronto a Rosario.  Ahí empieza una carrera, imposible de comprender con nuestros parámetros, teniendo en cuenta los medios con los que contaba en aquella época. Sólo ir y volver a Europa significaba estar desconectado de sus negocios durante varios meses. ¿Como podía vivir sin teléfono móvil? Empezó a trabajar como dependiente en Martin Echevarría, empresa de la familia de su buen amigo José Chavarri, donde al poco tiempo le dan responsabilidades muy importantes. La situación política era tan complicada en Argentina que la Armada Española se vio obligada a enviar una goleta para apoyo de las familias españolas allí establecidas. La crisis económica es devastadora, pero él aprovecha esta mala coyuntura para comparar algunas tierras. Con treinta años impulsa la creación del Ferrocarril Central de Argentina, es el alma, el primer accionista y el tesorero de la empresa cuya grandiosa idea era unir el Atlántico y el Pacífico en Rosario, donde su mente ya tendría esbozada la gran transformación agrícola que impulsó en Santa Fe.
Todo se precipita, con 32 años se casa con Ramona Sastre, criolla de una importante familia argentina y crea el Banco de Carlos Casado, que emitía billetes al estilo de los Bancos Centrales actuales. Es decir, él los firmaba y su enunciado decía: Carlos Casado pagará al portador la cantidad de …..
Durante estos años se estaba desarrollando la cruenta guerra de la Triple Alianza: Argentina, Uruguay y Brasil, contra Paraguay. ¡Qué duda cabe que el gobierno argentino pondría toda la carne en el asador para que ese ferrocarril hacia el Norte se desarrollase rápidamente!, y así el primer tramo se inauguraba en 1870. Por esas fechas el Banco de Londres decide desembarcar en Argentina y para evitar una dura competencia propone a Carlos Casado la compra de su Banco. El trato fue genial. Sentado con el enviado de Londres para la operación, C.C. escribe una cifra en un papel que guarda en su puño cerrado y le dice al comprador: "si la cantidad que Vd. me ofrece está por encima de la que yo he puesto en el papel el banco es vuestro, si por el contrario es menos, no lo venderé, sin más negociación". Lo vendió y le salió muy bien pues con ese dinero empezó su gran apuesta inmobiliaria.
Compra tierras para iniciar su proyecto “La Colonia Candelaria”, donde funda Villa Casilda, -en honor y recuerdo de su madre y que se repite en otros sitios como en Paraguay, donde también lleva el mismo nombre el potrero que visitamos y el lugar que pensaban se podía iniciar el proyecto arrocero- y con su estilo de implicar a todos en sus proyectos involucra al estado argentino consiguiendo exención de impuestos. Además de los argentinos, trajeron colonos, con el billete pagado, de siete países europeos, y no sólo les dio tierras a pagar con las cosechas obtenidas  sino que además les facilitaba, a crédito, semillas, herramientas y ganado para llevar a cabo la explotación. Durante dos grandes crisis económicas próximas al inicio del proyecto, algunos colonos no podían pagar sus cuotas, ni siquiera llevar una vida digna. C.C. empeñó sus tierras, -que según sus afirmaciones eran mayores que las Isla Británicas y Los Países Bajos juntos-, para sacar crédito para sus colonos, en lugar de quedarse con ellas y revenderlas de nuevo, como haría cualquier esclavista que se precie.
Después de estas crisis la producción de la colonia y de los agricultores que, en lugares cercanos, copian sus formas y modelos, aumentan las reservas de cereal por encima de las necesidades del país y C.C. presiona nuevamente hasta conseguir la construcción de grandes almacenes donde guardar el grano hasta el momento de consumo o de exportación, que él hacía tiempo tenía en mente. Aprovecha el arribo de seis barcos mercantes con azúcar de caña para iniciar la exportación de grano a Europa. Cuando los barcos de trigo llegan a Londres los especuladores de grano ingleses deciden apretar en los precios a C.C. ya que de no vender el cereal se estropearía o tendría que descargar con costo adicional. La respuesta de C.C. es fulminante. Pregunta a los capitanes cuánto costaría tirar el grano al mar para mandarles el dinero y se cumpliese su orden. Él tenía que pagar un precio a sus colonos que no se cubría con los precios que le daban, la apuesta fue brutal, con la descarga del primer barco en las aguas del Atlántico los compradores ingleses comprendieron que no era un hombre fácilmente manipulable y pagaron el precio solicitado.
Los siguientes años sigue con su tremendo empuje convirtiendo  Argentina en el granero de Europa y fomentando la construcción del ferrocarril que facilitaba su transporte. Mientras, le llega una extraña petición. Isaac Peral, inventor del submarino, necesitaba dinero para realizar una serie de mejoras en su navío y la Marina española que no tenía mucha fe en su invento se lo negaba una y otra vez. Y le escribió una carta a C.C., que recibió una más extraña respuesta. Le envió 20.000 libras oro y le puso una sola condición: que cuando el submarino estuviese terminado ellos dos serían  sus primeros tripulantes. Según me contaron C.C. no pudo cumplir su petición e ignoro cuál fue la causa que impidió el deseo de nuestro prócer.
Mientras, había comprado 3.000 leguas en el Chaco paraguayo en una subasta en Londres. No tenía ni idea de para qué podía servir aquella enorme extensión de tierras, de selva hostil que nadie quería, ocupada por indígenas de los que desconocía su capacidad de integración en un proyecto de colonización. El siempre que iba a Europa vivía en París, allí fue a la facultad de ingenieros Agrónomos y contrato 20 recién recibidos embarcándolos a Paraguay con la consigna que deberían generar un proyecto en esas tierras así fue que con el quebracho descubrieron que ese árbol tenia la mayor concentración de tanino del mundo, de allí nace la primer fabrica de Sud América ya que había en Europa pero se hacía Tanino con el Castaño. (Recuerdos de la abuela de Ángel, a su vez nieta de C.C.). Una vez que llegó  el grupo de ingenieros  a Asunción los volvió a embarcar en otra pequeña lancha estilo “la Reina de África” y los desembarcó en lo que hoy es Puerto Casado. La orden fue muy clara y concreta: cuando sepáis qué se puede hacer con estas tierras avisadme y enviaré el barco a por vosotros. Con esa perspectiva los ingenieros cumplieron pronto con su misión de investigación. El quebracho era la clave. Por una parte servía como traviesas para la enorme iniciativa de los ferrocarriles argentinos y por otra la obtención de tanino de la savia del mismo árbol. Tampoco el carbón que sacaban con la limpieza del monte también era un rubro  interesante para alimentar las calderas de los trenes.

Fábrica de tanino de Puerto Casado en 1995. Ya estaba en sus estertores finales.

Antes de finalizar el siglo, Puerto Casado estaba produciendo 2.000 tm. de tanino mensuales y pronto su producción llegó a tener tal importancia que su empresa dominaba el precio del tanino a nivel mundial. La cía. CC durante los años 20 al 45 representaba el 6% del producto bruto del Paraguay. Las guerras mundiales del 14 y del 39 necesitaron tal cantidad de tanino, para botas y correajes de los soldados como para los aparejos de las caballerías militares, que la demanda de tanino era algo impresionante. Perecía que la visión de futuro de este hombre no estaba limitada a corto y medio plazo. Su visión de futuro era muy superior a cualquier competidor de su presente y de su próximo futuro.
El resto de su impresionante biografía os aconsejo leerla en el trabajo de Carmen Arroyo.